jueves, 7 de junio de 2012

Acerca de la imposibilidad material de existencia de 'periodismo independiente'

¿Por qué sostenemos que el periodismo ni es ni puede (ni tampoco tendría obligación de) ser independiente (ni objetivo, ni neutral, ni imparcial, etc.)? Muy sencillo: porque la lógica empresarial que sustenta sus posibilidades de despliegue así lo determina. No está mal ni está bien que así sea: es como es. Y no vale la pena perder el tiempo en santificar o demonizar. Hay mucha riqueza para explorar en torno al debate acerca de las condiciones en que se ejerce el periodismo en estas épocas.

Dejando de lado que, de por sí, todo el mundo tiene su modo de ver la realidad, los hechos; lo que, desde el vamos, influye en cómo se encara el análisis de cualquier tema, por mucho que se quiera dejar de lado la opinión a la hora del relato. Es, ese costado, el filosófico, muy rico. Pero, mejor, vayamos a lo material, más concreto.

No existen, desde hace rato ya, empresarios que sólo se dediquen al negocio periodístico. En la actualidad, el periodístico es uno más de los tantos rubros en que incursiona un empresario dueño de medios de comunicación. Es decir, estamos en una fase superior a la multimediática, que de por sí distorsiona --el esquema multimediático-- el normal desenvolvimiento de la pluralidad: asistimos, ahora, al ingreso de los multimedios en las megacorporaciones comerciales. En la trama de intereses económicos que ello significa. Y que dibuja el contorno al interior del cual se puede mover el periodismo hoy.

Por ejemplo, y para estar a la moda de los tiempos, el Grupo Clarín. Que encabeza AEA, Asociación de Empresarios Argentinos, en la que confluyen, además de Clarín, La Nación (periodismo), pero también Arcor y Los Grobo (alimentación), Sociedad Rural Argentina ("el campo"), Techint (metalurgia), laboratorios como Bagó y Bayer, las automotrices Fiat, Mercedes y Wolkswagen, prepagas médicas (Medicus, OSDE), entidades bancarias varias (Citibank, Santander). Entre muchísimos otros más.

Ese entramado fue, en su mayoría, impulsor y principal beneficiario del diseño económico que Martínez de Hoz impuso a sangre y fuego a partir de 1976, el de la valorización financiera que los articula --a los integrantes de AEA-- casi como un todo único e imposible de ser disociado, y que se mantuvo inalterado hasta 2003.

Volviendo, y para entrar de lleno en la respuesta a la pregunta de inicio: ¿cómo podría, entonces, un trabajador de prensa contradecir el dictat de semejante madeja de intereses, que lo excede y supera? ¿Cómo no sería implacable con un gobierno, el actual o cualquier otro, si tal decisión radica fuera de sus alcances y se determina --la decisión-- antes que él pueda decir 'esta boca es mía'? ¿Cómo, si su salario depende del aporte publicitario que hagan las mencionadas empresas, u otras, siempre en tanto y en cuanto se sea 'amable' con ellas?

Claudio Díaz, fallecido el año pasado víctima de un cáncer fulminante, lo intentó, en Clarín, en 2008, durante el levantamiento que, por aquellos días, sostenía el sector agrario contra las retenciones móviles. Díaz escribió, sobre dicho conflicto, a favor del kirchnerismo en Clarín: fue despedido inmediatamente del diario. Clarín y La Nación son socios del negocio sojero en Expoagro, la feria comercial en la que tranzan sus productos empresarios agrarios y afines, y donde cada año se mueven más de 500 de millones de dólares. Más claro, echarle agua.

No está mal que así haya sido: Magnetto y Ernestina Herrera de Noble no tienen por qué pagarle el salario a alguien que atenta contra sus intereses. Son así las cosas. Lo interesante sería que existiera diversidad, sobre todo en cuanto a las lógicas que sostienen --en el más amplio sentido de la palabra-- a los medios.

Daniel Vila --por dar otro ejemplo, más chabacano--, junto a su socio, José Luis Manzano, son dueños del Grupo América; en el que, aunque en menor medida, también tiene participación accionaria el diputado colombiano Francisco De Narváez. Comparten, además, Vila y Manzano, negocios petroleros. Vila fue presidente del club Independiente Rivadavia de Mendoza y candidato a presidente de AFA. Así las cosas: ¿alguien cree que había posibilidad para alguno de los periodistas de América de hablar otra cosa que pestes de Julio Grondona, actual titular de AFA --al margen de que lo merezca, Grondona, o no; que, de hecho, lo merece--? Véase qué le ocurrió a Mariano Closs por no haber aceptado sumarse a la campaña proselitista de Vila, pues.

Ante todo, conviene no ser ingenuo. Y desdramatizar. Nunca, en 200 años de historia nacional, hubo en Argentina mayor libertad de prensa que en la actualidad. Así que eso de que 'es un momento complejo, el actual, para el ejercicio de la profesión', pueden ir a contárselo a Rodolfo Walsh. O a Mariano Moreno. Hasta a Manuel Dorrego, que también era periodista, y cuyo asesinato se debió a sus investigaciones sobre Rivadavia; es decir, sobre el poder económico, que le disputa atribuciones a las instituciones de la República.

Tomar nota de cómo ejercieron y cómo (y por qué) terminaron Moreno, Dorrego y Walsh, debería mover al pudor a los que baten el parche con las supuestas dificultades que, dicen, los acosarían por estos días. Feliz día.

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