martes, 1 de mayo de 2012

Lo principal, lo accesorio y la coherencia


"Le propongo el siguiente test: usted gana $ 10 mil pesos y gasta nueve mil. Lo que gana le alcanza para vivir y hasta puede ahorrar mil pesos. Suponga que alguien le ofrece 15 mil para hacer el mismo trabajo en otra empresa. Usted se dirige a su empleador y le plantea que, o le aumenta el sueldo a $ 15 mil, o se va, y su empleador le responde: ‘¿Por qué te voy a aumentar el sueldo, si con lo que ganás te alcanza, y encima te sobra el 10%?’. Todo lo demás igual. ¿Usted qué haría; cambiaría de trabajo, o no? Apuesto a que respondió que sí. Bueno, el Gobierno argentino intenta hacer lo mismo que ese empleador ficticio: para los hacedores de política económica, las empresas no tienen que maximizar sus ganancias, deberían conformarse con ganar ‘lo suficiente’ y entregar el resto al Gobierno, a los consumidores, o a otros empresarios que usan su producto o servicio como ‘insumo crítico’. (...) En el caso de la energía sucedió algo similar. El Gobierno pretendió  aislar a la Argentina de la suba de los precios internacionales del petróleo y derivados. Para ello, les congeló los precios a los productores y pagó, con fondos públicos, a los generadores y distribuidores de electricidad y gas, la diferencia entre el precio congelado a los consumidores y los aumentos de costos --salarios y otros rubros diferentes al del combustible--, lo mínimo necesario para mantener el servicio funcionando. Al igual que los productores de carne o trigo, aquellos productores de petróleo y gas que pudieron, decidieron invertir en otro lado. Hubo otros productores locales que, como no pudieron irse a otro lado, ni tenían capital o tecnología, no hicieron nada, a la espera de revender las concesiones cuando los precios mejoraran, o hicieron lo que pudieron. Todo esto con la connivencia y aceptación de las provincias que dieron las concesiones. Y con la presión del Gobierno central, que favoreció a sus amigos en este negocio.".

Extractos de la columna que escribió, el pasado domingo 22 de abril, en Perfil, Enrique Szewach, exponente típico de la ortodoxia económica. Y hay que agradecer que este tipo de cosas, tan explícitas, se escriban en Argentina. Aquí sigue radicando el espacio en el que centrar la discusión. Lo que Szewach describe tiene que ver con un proceso económico que puede o no aceptarse como natural. Todo depende de que defendamos o no la posibilidad de que el Estado sea gestionado en pro de la consolidación de ese devenir ‘lógico’, ‘natural; o, en su defecto, que se operen acciones de gobierno tendientes a torcer o, por lo menos, morigerar las consecuencias que pudieran suponerse o aceptarse como previsibles.

Los escollos que puede presentar lo que llamamos realidad, mutan, varían. Y las capacidades del Estado no son, tampoco, hoy, las mismas que eran hace nueve años. De ahí que no pueda acusarse al kirchnerismo de contradicciones en materia energética. El objetivo estratégico --esto es, el fondo, lo general, lo más abstracto si se quiere-- siempre fue y sigue siendo el mismo. Está en función de sostener la capacidad de crear trabajo del esquema económico. Las herramientas tácticas --más particularistas, concretas--, en cambio, pueden variar. Y lo que ayer fue bueno (o lo que se pudo, en este caso: la administración tarifaria), hoy ya no serlo o estar agotado. Simple y sencillo. Pero la discusión política es otra: si debe o no hacerse algo. Pero no tiene que extrañar que hoy haga falta readecuar instrumentos de intervención. La contradicción sería dejar de considerar que deben imaginarse nuevas formas de intervención en los procesos socioeconómicos. En tanto sobre esto último siga habiendo acuerdo, podemos estar tranquilos con nuestras conciencias.

Decía Jauretche: "Si el país no hubiera crecido extraordinariamente en los últimos diez años, no existiría hoy problema alguno de energía. Como en todo proceso de crecimiento acelerado la necesidad se ha anticipado al recurso destinado a satisfacerla. (...) Los recursos no se movilizan sino en función de necesidades ya existentes y en la medida en que lo permite el propio ritmo de desarrollo. (...) La situación actual no es sino el transitorio desajuste que se produce entre la demanda y su satisfacción, en razón de que mientras la primera crece en forma continuada, los recursos destinados a satisfacerla lo hacen a los 'saltos' (...) estos desajustes no son exponentes de una crisis económica, sino por el contrario son la negación de aquella. La crisis económica, al reducir la producción y el consumo, elimina todo problema de déficit energético.".

Más claro, echarle agua.

2 comentarios:

  1. Muy bueno, Pablo. Sobre todo eso de que lo que ayer fue bueno hoy puede ya no serlo o pueden requerirse otros instrumentos. La realidad cambia, aunque los vendedores de espejitos de colores quieren vender una receta única para diferentes realidades y momentos.

    Abrazo.

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    1. Mientras la estrategia sea clara. Al respecto escribió algo muy aprovechable Feinmann, el malo, o sea José Pablo. Raro en él que escriba algo aprovechable, pero así es. En su primer libro sobre peronismo.

      Abrazo, cumpa.

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