miércoles, 16 de mayo de 2012

Derrotados


Se pretendió establecer un paralelo con lo que fuera el episodio badubu dubudía, de Tato Bores. Ni punto de comparación. Aquella vez sí se trataba de una censura previa de veras. Distinto de hoy, en que cada uno dice cuantas barbaridades se le ocurre. Uno es un ejemplo. Los Kirchner son los gobernantes argentinos más insultados, a nivel personal, de nuestra historia democrática reciente.

¿A qué respondió, entonces, el “¡Queremos preguntar!” desaforado con que se despacharon algunos cuantos periodistas autotitulados independientes en el programa de Lanata del último domingo, en aparente combate contra una dictadura totalitaria y censuradora; hecho, encima, desde el canal --dicen ellos mismos-- de mayor rating de la TV abierta; y un programa --agregan también los mismos reclamantes-- que bate récords de audiencia históricos?

Se trata de guita y de poder, de valores culturales simbólicos. La construcción de la agenda, aunque más no fuere.

El comentarista, éste, cree que el éxito de los nuevos soportes comunicacionales que han ido apareciendo es, en tiempos del kirchnerismo, casi necesario. Lógico, inmanente, natural, indetenible. En el que ha jugado, y juega, obvio, una decisión gubernamental. De repartir distinto la baraja. ¿Y qué con ello?  

Son las consecuencias de la Ley de Medios. Construir un nuevo paradigma comunicacional va más allá, por mucho, que sólo la reconfiguración de la propiedad de las empresas del rubro. Se trata, además, de forjar una nueva lógica. Horizontal, descentralizada, informal. Dispersa y desparramada, fue el sincericidio en que incurrió Francisco De Narváez el día en que se presentó el proyecto allá por 2009: cuya vigencia, recordemos, aún tras haber sido sancionado por márgenes históricos, está, todavía, en veremos. De esa irregularidad se trata, también.

Un gobierno que ha conmovido las estructuras más profundas del orden material anterior, regresivo, no podía no favorecer, en paralelo, un nuevo correlato cultural que estuviera en consonancia. Lo hasta aquí conocido en materia periodística ya no será más.

El poder está, siempre. Lo que se altera, en todo caso, puede ocurrir o no, es su ubicación. Y la postura que, frente a dicha opción, tome el Estado. Y así como hoy el Estado pone en la sobre la mesa valores o criterios de los que el mercado, porque es de su esencia hacerlo, puede prescindir, y de hecho prescinde; del mismo modo, a través de la Ley de Medios y otras acciones en similar rumbo, viene a extirpar de las lógicas del devenir de la oferta y la demanda a la información.

Así como antes hizo, o intenta hacer, con los alimentos (retenciones), la moneda (nueva Carta Orgánica del BCRA) y los hidrocarburos (antes, regulación tarifaria y también retenciones; hoy, YPF y subrogación de la actividad entera al interés público); ahora el Estado, Constitución Nacional y ley en mano, les quita a los personeros del poder económico --que eso son, en definitiva-- que conforman la elite periodística el privilegio de seguir domesticando toda la actividad bajo su exclusiva impronta, porque hace falta poner en la agenda de las discusiones públicas cuestiones que esa elite en decadencia que cacareó el domingo pasado sencillamente no puede concebir siquiera pensar en hacerlo, en tanto son parte integrante e imposible de ser disociada de la orden cuestionado en lo material.

El patético “’¡Queremos preguntar!” es el grito desaforado de quienes se aterran porque ya no gozarán del trato preferencial de otrora, ni del poder que ello significaba. Lo nuevo tampoco pasa por encumbrar a Página 12 ni a Tiempo Argentino, quienes tampoco “pueden preguntar”. No es para nadie, ya, el derecho de interrogatorio. Esa jerarquización. Un esquema en el cual la categoría “líder de opinión” deviene vetusta. No encaja.

Después, en el gritito histérico están, también, algunos kioscos que se caen. Porque ya tampoco hay más dato preferencial anticipatorio para nadie. Ni los directores de departamento les atienden ya los teléfonos en privado. Como cualquier hijo de vecino, las novedades de Estado deben ir a consultarlas al Boletín Oficial. Qué loco esto de la igualdad. Los papers reservados, entonces, las charlas y conferencias ante círculos empresariales varios, son curritos que se debilitan, peligran. Los siguen haciendo, igual, aunque a la hora de la apuesta fuerte pesan muchísimo menos. Leuco en UATRE, hay varias de Pagni que se pueden ver en You Tube, Wikileaks destapó otras tantas. Cobran por eso. Roban, diría el firmante, porque lo cierto es que la pegan más bien poquito. Casi nunca.

El marco de exclusión social, paradójicamente, a ellos los contenía. En tanto, simbólicamente, se correspondía con la imagen de 4 tipos acaparando toda la data, y cuya posesión, encima, era, en punto a legalidad, bastante dudosa, precaria.

Pero en tanto fueron partícipes voluntarios de todo aquello; de los nuevos tiempos que asoman, en cambio, en que se reparan, crean y amplían derechos, que no esperen nada. Desde que la solidaridad es una ruta de ida y de vuelta. Cuya parte, estos tipos, a su debido momento, mezquinaron. De allí, además, que deviene ridículo pretender el sostenimiento de que puedan ser portadores de reclamos populares, de mediarlos: están, ahí como en casi ningún otro punto, arando en el mar.

Fue el grito de los que aún no han aceptado la derrota política. Lo hubieran pensado antes de entrar a disputar en un campo ajeno, en una acción que, además, siempre se encargan de tachar de incorrecta, improcedente. Ahora, ya es tarde.

Todo puede, claro, cambiar algún día. Pero es tal la soberbia que los emborrachó que ni esa incertidumbre aceptan. 

1 comentario:

  1. Yo creo que es un acto de alto valor semiológico el mostrarse como lo que son: El Partido de los Medios.

    Y para colmo la Presi decidió comunicarse con su pueblo SIN INTERMEDIARIOS. Es el Sindicato de Intermediarios que está bajo protesta por carencia de materia prima de primera mano para elaborar su morciyeo.

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