viernes, 25 de mayo de 2012

25 de mayo de 1810/2003/2012

Leemos a Norberto Galasso:

“Nosotros tenemos la interpretación tradicional que ha dado Mitre de que el movimiento de Mayo se trataría de un movimiento surgido independentista; es decir, dirigido a romper vínculos con España, como consecuencia de un fuerte odio a lo español que, implícitamente, estaba relacionado con el comercio libre. (…) ¿Y por qué la independencia se declara seis años después? ¿Por qué el día 26 la Primera Junta jura por Fernando VII? La explicación que se dio en otros tiempos era que fue una “máscara”, una farsa dirigida a esconder el propósito independentista, “que estuvo desde el principio”. Yo estoy convencido que la interpretación más correcta es la que da Alberdi: él dice que al producirse la Revolución Francesa, ésta conmueve a la sociedad española; de una manera paradojal, porque Napoleón invade España y los españoles enfrentan a Napoleón constituyendo Juntas populares. El pueblo español se levanta contra los invasores, pero también con un reclamo contra la inquisición, contra los grandes hacendados; es decir, la lucha contra Napoleón, a partir del 2 de mayo de 1808, se convierte en una especie de revolución española análoga a la francesa del ‘89. Alberdi dice que cuando las juntas populares se organizan en la Junta Central de Sevilla, una de las primeras cosas que decide es considerar que las tierras americanas no son colonias, sino provincias; e incluso hay comunicados diciéndoles que deben eliminar los virreyes y darse juntas populares como en España. La revolución española se prolonga en Hispanoamérica y la de Mayo es un detalle o un momento de la revolución hispanoamericana.

(…)

Es tradicional decir en los colegios que French y Beruti repartían cintas celestes y blancas; pero resulta que los testigos de esto dicen que ellos repartían cintas blancas y rojas, y que los últimos días --el 24 y el 25-- eran rojas, únicamente, en señal de amenaza de sangre. Y además repartían estampitas con la efigie de Fernando VII. Esto era lo mismo que estaban haciendo los revolucionarios españoles en España, porque habían tomado a Fernando VII como lo más rescatable de la familia real y como el posible modernizador de España. Hoy se está reconociendo que lo de la máscara fue un invento, porque se juró por Fernando VII en Chile, en México, en Nueva Granada. No es que se pusieran de acuerdo, sino que sería una prueba de que la revolución en América sería una prolongación de la revolución española. La clave sería, entonces, que en Buenos Aires se desplaza al Virrey, elegido por el absolutismo de una monarquía fundamentada en el derecho divino, por una junta popular donde, por ejemplo, hay españoles; tendría una gran semejanza con la Revolución Francesa. Esto desmentiría lo que dice Mitre de que la Revolución se hace en contra de España, se hace en realidad contra el absolutismo español, que no es toda España.

(…)

España recién envía fuerzas militares a Latinoamérica en 1814. Hasta entonces, la lucha es entre los Virreyes y los sectores reaccionarios contra los sectores revolucionarios. Por ejemplo: hasta 1814 ondeaba la bandera española en el Fuerte, y cuando nace la hija de San Martín, en 1816, él la declara como española. Ahora, la Revolución española se acaba en 1813, 1814, cuando se derechiza toda Europa: se impone la Santa Alianza, vuelve la monarquía y vuelve la Inquisición. San Martín, a partir de 1814, empieza a presionar por la independencia, y esto explica que ésta se haga en 1816. Hay un texto de la gente del Congreso de Tucumán que se refiere a estas cuestiones y dice que lo que se hizo en América se hizo de buena voluntad hacia Fernando VII, esperando que se democratizase España, en cuyo caso no habría habido separatismo ni política independentista. Como España vuelve al absolutismo, no hay otra solución, para no caer bajo el régimen medieval o de la nobleza, que declararse independientes y levantar las ideas de la participación popular, de la democracia.

(…)

Si uno considera la Revolución de Mayo desde esta perspectiva, lo que ve es que no es un fenómeno aislado del resto de América latina, porque se produce en abril en Caracas, en mayo en Buenos Aires, en setiembre en Santiago de Chile y en México; y antes, en 1809 un frustrado intento en La Paz. Es decir, forma parte de un proceso donde, entre 1809 y 1811, toda América hispana se levanta. Y se levanta con una fuerte participación popular. Se ha dicho que los que estuvieron en el Cabildo Abierto eran nada más que los propietarios de Buenos Aires, ahora se sabe que los revolucionarios hicieron tarjetas truchas, entonces había muchos que no eran “vecinos respetables”. Cisneros se escandaliza y en una comunicación con España dice: “votó gente que no era nadie”. Y además, estaban allí algunas de esas figuras que cuando se produce una crisis en la sociedad dejan su vida doméstica y se convierten en revolucionarios. Como French, que era cartero y se convierte en un agitador de primera línea; o Beruti, que era un empleado del Estado; o Donado, que era un gráfico; o Pancho Planes --un pariente de López y Planes--, que es quien en el Cabildo Abierto, cuando algunos decían que el virrey se tenía que ir, dice: “el virrey tiene que ser ejecutado, porque fue el que reprimió a nuestros compatriotas en 1809, en La Paz”. Personajes que han sido escamoteados porque la versión del poder es una versión liberal conservadora. Llamémosle revolución democrático-burguesa, llamémosle revolución de liberación nacional, llamémosle revolución modernizadora, lo cierto es que fue un salto de la sociedad argentina a nuevas formas de participación, crecimiento económico, distribución del ingreso, derechos del trabajador. Todo esto está en ciernes en estos sucesos. Hay que verlo como una larga lucha que no ha terminado y que hay que continuar.

(…)

San Martín viene a Buenos Aires porque él era un oficial del Ejército español que como tantos otros, como por ejemplo Alvear o Chilavert que vienen con él en la fragata Canning, estaban influenciados por las ideas de la Revolución Francesa y estaban apoyando a la Junta Central de Sevilla en 1810. Cuando esa Junta es desplazada por el Consejo de Regencia, lo que fue una derechización del proceso español, ellos se dan cuenta que lo mejor es seguir luchando por esas ideas de libertad, igualdad y fraternidad -lo que San Martín llama el Evangelio de los Derechos del Hombre- en América. Venía a luchar por esas ideas, no contra lo español, porque lo español estaba escindido en dos bandos: había liberales revolucionarios y había absolutistas. La única manera de explicar que San Martín no es agente inglés es explicar que la Revolución tiene un contenido distinto del que planteó Mitre. Lógicamente es muy difícil polemizar y discutir porque, como decía Homero Manzi, Mitre es el único prócer que dejó un diario de guardaespaldas.".

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Digo yo: el sentido estrictamente revolucionario de Mayo de 1810, pues es cierto que hubo quienes actuaron por la mera conveniencia de sus intereses comerciales, deseosos de terminar con el monopolio que en tal sentido ejercía España (impidiendo la vinculación con la Gran Bretaña que determinaría la estructura atrasada productiva y socioeconómico de los 202 años argentinos); no está sino en los legados de Castelli y Monteagudo, de Moreno y Belgrano. La proclama de Chuquisaca --que señala a la libertad y la igualdad--, de Castelli y Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII, de Monteagudo; el Plan Revolucionario de Operaciones --que sentó las premisas instrumentales básicas para hacer realidad lo primero: esto es, redistribución de la riqueza e intervencionismo estatal en la economía--, de Moreno; el Reglamento para los pueblos de las Misiones, de Belgrano, uno de los primeros antecedentes de nuestra Constitución Nacional, y que iba en similar sentido al de los antes mencionados.

Dije hace un año: “Hoy está más presente que nunca la necesidad de resignificar las banderas históricas del 25 de mayo de 1810, que no son otras que las de Castelli, Moreno y Belgrano, reelaborarlas en acción concreta en el presente, porque así lo requiere la tarea más dura a encarar de cara a lo que se viene: la redistribución de los valores materiales que produce nuestra sociedad --en aras de llevar, con ello, las mejoras de ocho años de kirchnerismo a todos aquellos a los que todavía no se ha alcanzado--, que no será si no va acompañada de una previa --o, al menos, paralela-- relectura de las perspectivas, categorías, esquemas de análisis y sentido sobre los cuales se estructuran los actuales patrones de privilegio de nuestro país --los mitos del imaginario de la Iglesia, el Ejército y el Campo que, como bien enseñó el ruralista de CRA Néstor Roulet, ‘son los que hicieron la Patria’--.“.

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"No debemos ni podemos conformarnos los argentinos con haber elegido un nuevo Gobierno. No debe la dirigencia política agotar su programa en la obtención de un triunfo electoral sino, por el contrario, de lo que se trata es de cambiar los paradigmas de lo que se analiza el éxito o el fracaso de una dirigencia de un país. (...) Formo parte de una generación diezmada, castigada con dolorosas ausencias; me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a las que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada. (...) No he pedido ni solicitaré cheques en blanco. Vengo, en cambio, a proponerles un sueño: reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación; vengo a proponerles un sueño que es la construcción de la verdad y la Justicia; vengo a proponerles un sueño que es el de volver a tener una Argentina con todos y para todos. Les vengo a proponer que recordemos los sueños de nuestros patriotas fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros, de nuestra generación que puso todo y dejó todo pensando en un país de iguales. Pero sé y estoy convencido de que en esta simbiosis histórica vamos a encontrar el país que nos merecemos los argentinos. Vengo a proponerles un sueño: quiero una Argentina unida, quiero una Argentina normal, quiero que seamos un país serio, pero, además, quiero un país más justo. Anhelo que por estos caminos se levante a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación: la nuestra. Muchas gracias. ¡Viva la patria!", Néstor Kirchner, 25 de mayo de 2003.

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Cristina no hace como anteriores presidentes, que aburrían los 25 de mayo contando, como si en vez de presidentes fueran historiadores, lo que pasó en 1810 (encima lo relataban con la versión mitrista de la Historia; o sea, la falsa). Cristina reactualiza el debate sobre el sentido de lo que hace 202 años ocurrió articulándolo con el repaso de cuánto, a través de su propia acción en el gobierno, hizo para cumplir con los postulados más progresivos del programa revolucionario político y socioeconómico de Moreno, Castelli y Belgrano. De otro modo, serían sólo palabras. Ahora, es acción. Leyendo a Galasso uno se pregunta si no habrían existido, en 1810, quienes, si se posaran sobre similares estructuras intelectuales que las que se utilizan hoy desde las tribunas opositoras para criticar al Gobierno, quienes dijeran: ¿Por qué tardaron 6 en darse cuenta de la necesidad de la Independencia? ¿Por qué antes estaba todo bien con Fernando VII y ahora está todo mal?

Claro, uno exagera, y debe, siempre, decir que “salvando las diferencias históricas”. Pero hay una discusión que atraviesa toda nuestra Historia. Y es la de separar lo esencial de lo accesorio. Lo que está, a mi criterio, muy presente a la hora de repasar y vincular con el presente a la Historia. Y el sentido progresivo de la misma del que no lo es. Qué lo representa en cada caso, en cada coyuntura. En función de las condiciones en que se despliega la acción de los protagonistas. En Mayo de 1810 lo progresivo estaba en Mayo, aún cuando todo aquel programa hoy nos parecería nada, pues son derechos adquiridos, asumidos. Entre las pocas cosas que me parecen útiles tomar de José Pablo Feinmann, he dicho que recojo su versión de la teleología en la Historia: descarta el significado más comúnmente extendido del término (de unos hechos se siguen necesariamente otros, que van tramando un relato con sentido finalista, del más antiguo al más próximo); por otra visión, según la cual un relato histórico debe rastrear su significado hacia atrás; es decir, buscar la explicación del hecho anterior a partir del hecho posterior.

Una articulación necesaria entre esta lectura de Feinmann y lo que marcábamos arriba respecto de separar las aguas entre --valga la reiteración-- lo esencial y lo accesorio, son los que otorgan al kirchnerismo merecimientos a la hora de discutir su enrolamiento entre los espacios políticos que pertenecieron a la progresividad en el devenir histórico argentino. Los logros de 9 años, ya abundante y profundamente discutidos. Y que quienes le discuten no son capaces de posarse en el núcleo de esos debates, y por eso entran a ellos desde cuestiones secundarias. Cristina hoy pidió recordar por qué peleban los revolucionarios de Mayo, para no perder de vista el sentido de todo aquello; así como Néstor pidió, en 2003, resignificar los paradigmas calificadores de éxito gubernamental.

Porque sería, de otro modo, imposible ocultar la esencia regresiva de las refutaciones históricas del kirchnerismo. 

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