martes, 17 de abril de 2012

YPF: otra vez, la sana costumbre de la estadista

La cuestión YPF expone, de manera brutal, lo enorme de la distancia que, en todo sentido, separa a la presidenta Cristina Fernández de sus competidores (y también de los propios que puedan, hipotéticamente, a futuro, querer adversar con ella). Aún cuando no pasa por sus mejores momentos. Como, de hecho, está ocurriendo ahora: en efecto, Cristina no viene bien. No todo lo que uno preveía, esperaba y quisiera, por lo menos. Y sin embargo…

Hace bastante tiempo, ya, que desde este teclado se insiste en la idea de que la hipótesis de la re-reelección de la Presidenta casi que decanta, estructuralmente, como una consecuencia sistémica necesaria. Ello, atento al panorama sombrío que, a futuro (cercano, para peor), ofrece el estado de situación político institucional del país: al arco dirigencial y a la renovación que pueda ofrecer --y darse a sí mismo, también-- es que me refiero.

Urtubey es otra decepción más de tantas (no hablo de cuestiones ideológicas ni programáticas, es más sencillo: su proceder posterior al fallo de la Corte sobre aborto es altamente despreciativo para con instituciones y procederes democráticos). Capitanich otro tanto. Urribarri anda tropezando, también. Lo salva (y hasta por ahí, nomás) su pertenencia a la Corriente Nacional de la Militancia. Chivo Rossi no pudo ser gobernador de Santa Fe. La Cámpora es muy lo que se dice “gente de la conducción” (no se le observa voluntad ni capacidad de generar la alternativa propia diferenciada del ala protectora de la Presidenta).

Por el lado de la oposición, el menú conocido: Macrì anda y seguirá andando a los tumbos en tanto gobierne a partir de las encuestas que encarga Durán Barba (porque gobernar implica, a veces, no hacer exactamente lo que las encuestas marcan), que sirve para ganar elecciones pero no para andar el día a día de la gestión. Binner, ensalzado por ciertas voces porteñas/metropolitanas --pretendidamente serias, puras, republicanas y progresistas, bla-bla-bla…-, que lo venden estadista y que no diferenciarían fotografías de Santa Fe de otras de Entre Ríos, le dejó a Bonfatti una herencia en rojo fiscal por… ¡$ 1.000 millones!...

La oposición (¿?), entonces, ante la puesta en agenda del tema, balbucea, apenas. Binner volvió sobre sus pasos, advirtiendo que en la interna que de hecho se ha desatado al interior del socialismo, Bonfatti se lo está fumando en pipa, al tiempo que lo deja en evidencia. Durán Barba, en tanto, por boca del jefe de Gobierno porteño --procesado judicialmente por escuchas ilegales en doble instancia--, Maurizio Macrì, salió a chocar de frente con el proyecto. Está necesitado de generar algún escenario de confrontación frontal con la Presidenta. Para figurar e intentar encabezar el sentido común establishmentero/antipolítico, que no encuentra esta vez cómo tirar algún cable a tierra con una sociedad que no parece proclive a recrear adhesiones como las de ’08 a las patronales sojeras. El balbuceo de siempre: ¿por qué no lo hicieron antes? / ¿Por qué cambiaron? / la Kaja / La Kámpora / el aislamiento internacional / las inversiones / la seguridad jurídica.

La gran habilidad evidenciada por Cristina para la construcción del escenario de oportunidad, mérito y conveniencia justo para encarar la reestatización parcial de la petrolera (que además en torno de sí parece ser capaz de acaparar consenso trasversal, justo cuando más hacen falta alianzas estratégicas), es, simplemente, un capítulo más en la historia de su audacia, su talento táctico y estratégico y su vocación para conjugar las distintas variables en un marco jurídico conciliable con la sanidad institucional (traduciendo en estabilidad --legal--, pues, el marco fáctico de correlación de fuerzas, que siempre es previo a la ley escrita).

Dijo Hernán Brienza sobre el tercer Perón, que “hay en ese Perón una clave que nos permite entender ciertas notas que se repiten en la historia: la torpeza de los apresurados, la mala intención de los retardatarios, el desafío a la conducción de Perón por algunos sectores, la dinámica centrífuga que llevó a que izquierdas y derechas se tocaran y sabotearan el proyecto nacional”. Véase si no hay para sacar conclusiones hoy de lo dicho entonces por Brienza (teléfono para Moyano, por ejemplo).

Esto no era nada fácil. Además del frente externo, estaba la no menos peluda cuestión local: la mesa de gobernadores petroleros consagrada por la reforma constitucional de 1994, pequeña gran arma con la que Kirchner no contó cuando en 1992 el menemismo motorizó la privatización a caballo de un clima de época muy distinto y de presiones mafiosas de diverso calibre sobre las provincias (hacer sujetos concursables a las sociedades en las que tenían participación, por ejemplo). Era demasiado complejo manejar eso. Con intereses contradictorios, heterogéneos. Necesidades diversas. Cristina concilió, y los hizo parte: también responsables de lo que vaya a suceder. Y la acusan de no dialogar, de no articular…

Una vez más, aparecieron sus dotes de estadista, las que desplegó para articular una estrategia que incluyó la acción de varios gobernadores. Y para posar la conducción como un todo que pese por sobre la suma de las partes. Una vez más, vertebró la estrategia en función de una visión de Estado que incluya pasos previos y herramientas de gestión e institucionales varias.

Sobre lo anterior, me dijo hace poco, en una charla en Facebook, el amigo Mariano de Yendo a Menos, sobre la posibilidad de que esto se pague con ‘la plata de los jubilados’: “ANSES está cambiando de a poco el criterio de sus inversiones. Por ejemplo, comprar YPF tiene que ver con un criterio estratégico de desarrollo del país, no con una forma de maximizar el rendimiento financiero para mandar la plata cobrada en comisiones a las casas matrices de los bancos dueños, en España o EEUU. Sacar plata de plazos fijos en el exterior y aplicarla a créditos productivos (que es lo que se hizo hasta ahora) también modifica el criterio. Porque se piensa que la rentabilidad de ANSES está ligada directamente a los niveles salariales y de empleo, y no al rendimiento financiero avalado por las calificadoras de riesgo. Más trabajo y mejores salarios, más aportes y mejores jubilaciones. Entonces, ANSES invierte con ese criterio (de apoco). Al FGS le chupa un huevo si sus inversiones son bien calificadas por Fitch o Goldman Sachs, porque no tiene que presentarle balances a la CNV ni tiene el respaldo de bancos multinacionales que emiten acciones que valen de acuerdo a cómo les califican sus carteras.”.

Cristina saca un conejo de la galera. Pone en hilera una serie de actores de alto calibre con mala reputación local, para recrear su capacidad de generar hechos, marcar agenda y consolidar primacía (Moyano y Scioli no tuvieron margen para otra cosa que encolumnarse, dicho sea de paso). Al mismo tiempo, reconstituye épica, porque le hizo pito catalán a una serie de poco elegantes amenazas que le propinaron públicamente los integrantes de la trama multisectorial que estaba detrás del manejo de YPF por parte --sólo principalmente-- de Repsol. Reconforta una jefa de Estado que no hace caso cuando se le ‘recomienda’ pasar a retiro su programa de gobierno.

Y a todo esto, clava un mojón invaluable en el camino de la reconstrucción de una idea de país con desarrollo a partir de recetas caseras, que privilegie intereses ídem y con criterio profundamente federal. Todo eso con, apenas, un proyecto de ley.

Insisto: va a ser el pueblo el que termine reclamándolo a los gritos por la calle.

4 comentarios:

  1. Y vos ya estás armando el operativo clamor, je.
    Coincido en todo y no tengo nada para agregar.

    Un abrazo.

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    1. No, no, yo advierto, nomás. Porque aunque eventualmente ello ocurriera, creo que de todas formas Cristina no quiere más.

      Abrazo para vos también.

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  2. estaría bueno que paguen las deudas con la guita que se roba boudou y con los grandes ahorros de la presidenta y toda la manga de garcas hijos de re mil puta que están ahí adentro filtrando mil cosas diarias

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    1. O de mi verga. Que me la podés chupar bien chupada, salame. Poné nombre, la próxima, cagón.

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