martes, 10 de abril de 2012

Sobre Boudou y otras yerbas

La trama Boudou-Ciccone-Vandenbroele es complejísima. Y la inocencia de Boudou está en los detalles de esa complejidad, a los que sólo le presta atención el público más metido de lleno en la cosa. Que somos minoría. (Basta, para darse cuenta de esto, con leer lo escrito tanto por Verbitsky como por Wainfeld en Página 12 del último domingo, que por cierto no ahorran las críticas --las necesarias-- para con Boudou y la Presidenta)

La cobertura mediática adversa al kirchnerismo basa sus estrategias en sobresimplificar las cosas y banalizarlas. Y analizar a partir, justamente, la sobresimplificación y la banalización que construyen, en vez de sobre los datos concretos y las redes relacionales que detrás de ellos se van tejiendo. Que condicionan a la política y, con ello, a las instituciones republicanas y a la democracia toda.

El kirchnerismo, que siempre les molestó (no es para menos cuando se advierte que entre los adversarios del Gobierno están los que escribieron los 200 años de historia nacional: el kirchnerismo reivindica a Rosas y a los caudillos federales del siglo XIX), ahora ya los aterra, porque en las últimas elecciones ganó hasta en las clases medias y en los grandes centros urbanos. Y tiene, con eso, muchas chances de dejar sentado jurídicamente todo eso que de su significación como proceso político histórico les hace ruido.

Van a buscar recrear alguna trinchera social desde la cual resistir a una posibilidad de continuidad que va más allá de la permanencia de Cristina o su reemplazo por Boudou en 2015 como entiende Verbitsky que sucede. Artemio López habla de audiencias redundantes, con la intención de significar que el impacto de todo esto se dará, apenas, en sectores metropolitanos y que ya adversen al actual oficialismo. Allí donde el kirchnerismo hizo apenas el 30% de su última elección.

El caso Boudou les sirve para, al margen de la realidad, construir la sensación de "son todos chorros", desde la que intentarán hacer pie en todas las discusiones sin necesidad de sincerar los intereses --repugnantes a lo popular, nacional y federalista que guían el andar del kirchnerismo-- que defienden. Lo reconoció Fontevecchia (él, con claridad; y del resto de los editoriales “independientes” que se vienen leyendo sobre el tema se puede interpretar lo mismo) en Perfil del domingo, y hay que agradecerle que lo haya hecho explícito.

Aclaración: cuando hablo de simplificación me refiero, no a algo que no se pueda comprender, y no esté al alcance de la mano de cualquiera. Sino a cuestiones cuya composición implica una cantidad de elementos tal sin los cuales sí se torna complicado dimensionar en su totalidad.

En buen criollo: estamos hablando de una investigación en el marco de un proceso penal. Pues bien: ¿qué demonios tiene que ver en todo esto si Cristina consultó o no con alguien para designar a Boudou como vice? ¿Quién sí lo ha hecho, de sus competidores en octubre pasado, siendo todo el tema pasaría porque “‘Ella’ decide todo encerrada entre cuatro paredes con su hijo”? ¿Con quién consultó al interior de la UCR El Hijo de Alfonsín la designación de González Fraga –que buena cantidad de dolores que buena cantidad de dolores de cabeza le trajo con los ? ¿Con quién Binner al interior del… sí, digámosle “grupo” ese que… sí, digamos que “conduce”?

En ciertos sectores cuaja eso de acusar a Cristina de no haber consultado, en este caso la designación de su vice, “y, entonces, por no haber consultado, mira el quilombo en que nos metió ahora”. Ahí uno puede advertir la intentona que significa una interpretación política de mala fe, válida aunque así de todos modos, pero que nulas consecuencias puede llevar al proceso penal en cuestión y desde cuya --no abordada-- trama se quiere hacer nacer varios otros ítems institucionales: hasta llegar nada menos que a poner en duda la permanencia del vicepresidente en su cargo.

No es menor la tergiversación, entonces, si con ella se pone en tela de juicio el devenir de las instituciones por una disputa política a partir de… nada. Boudou se fue un poco de mambo, es cierto. Está verde para estas cosas, aunque bueno sería saber cuántos podrían conservar la calma tanto en medio de intencionalidades tan manifestadas en su contra. En lo que sí acertó es en exponer las telarañas que se tejen detrás de cada decisión política. A todo esto, acá en Argentina hay un jefe de Gobierno procesado en doble instancia, que también cuando se enteró de tales cosas vituperó a medio mundo públicamente… que anda lo más pancho por la vida, incluso reelecto en su cargo en medio de todo ello. Acá se juegan cosas más allá de las causas en sí, entonces, cómo que no.

“El meollo no es el vínculo entre el ex ministro de Economía y Alejandro Vandenbroele sino si de esa relación se derivó una negociación incompatible con los deberes de funcionario público o una malversación de caudales públicos que sería la figura extrema (…) No hay nada en materia de quiebras que pueda considerarse excepcional (…) si la AFIP aceptó el pago, no hay irregularidades. Nadie ha atacado el levantamiento de la quiebra, los que podrían haberlo apelado no lo han hecho (…) Habría conducta ilícita si por medio de algún negociado se perjudicó el erario público y si allí intervino Boudou. Si Ciccone recibió órdenes de impresión de billetes y el valor de esa orden de compra o prestación de obra es normal, no hay delito (…)”, dice Eduardo Barcesat.

Acá se pone el carro delante de los caballos: se investigan responsabilidades antes de saber si hay de qué responsabilizar al investigado. Todo bajo la bandera de una supuesta búsqueda de pulcritud republicana en función de la cual las garantías constitucionales del debido proceso, a mi criterio, se ven vulneradas, y todo sólo porque cierto consenso social ha establecido que un político es culpable hasta que demuestre lo contrario. Y un manejo de la investigación, no por Rafecas (que, al menos, estuvo ímprobo, aunque Boudou se haya excedido: el cochino, sí, es el fiscal televisivo que dirige el tema), por lo menos, desprolijo.

Entre los datos está lo concreto a partir de lo que nace todo el despelote actual, que lleva a tragos amargos como la renuncia de Bebe Righi, que a nadie que sinceramente pertenezca ideológicamente (o más) a este proyecto puede alegrar ni dejar tranquilo. Pero estas cosas pasan a medida que se avanza en la agudización de las contradicciones por mero efecto del avance del proyecto de gobierno, independientemente de si se considera que es evolutivo o no.

Lo predijo Néstor Kirchner allá por 2010, con toda la clarividencia que siempre lo caracterizó. En realidad, siempre ha pasado, históricamente. No es lindo, es lo que es, y cada uno decide si se banca las cosas que, inevitablemente, pasan. Políticamente.

El resto es aire. Y paisaje.

2 comentarios:

  1. YO VOTE A CRISTINA HACE POCO MESES, CREO EN ELLA COMO CREI EN NESTOR Y LA VERDAD NO ME DEFRAUDARON, SOY KIRCHNERISTA Y APOYO AHORA MAS QUE NUNCA.

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  2. Sinceramente, me gusta mucho lo que escribis. Pero en este post no cerras nada de lo que prometes en la introducción. Si el kirchnerismo devela sus fisuras internas -que siempre las hay, acá y en cualquier parte- pierde gran parte de su capital político, o al menos uno de los argumentos mas coherentes dentro del espectro político local. "Boudou se fue un poco de mambo, es cierto. Está verde para estas cosas, aunque bueno sería saber cuántos podrían conservar la calma tanto en medio de intencionalidades tan manifestadas en su contra. En lo que sí acertó es en exponer las telarañas que se tejen detrás de cada decisión política". Si eso es acertar, maestro, prefiero errar siempre...Los kioscos, sin Nestor, se están yendo de las manos...

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