martes, 20 de marzo de 2012

Alberto Fernández

Me interesaría destacar una cosa sobre Alberto Fernández, a propósito del revuelo que hubo en los últimos días en torno a su figura. No en cuanto al hecho de la supuesta censura en sí, sino a la significancia política del personaje en cuestión. Hay que discutir a Alberto Fernández, pues discutiéndolo a él quizás podamos encontrar varias puntas a partir de las cuales poder, luego, también, encarar otras discusiones, ya sobre la esencia del kirchnerismo.

Insisto, modestamente, en que debemos, de uno y otro lado, hacer un esfuerzo por bajar a la tierra los términos del debate político. Racionalizarlos.

Recuerdo que cuando se produjo el reemplazo de Jorge Taiana por Héctor Timerman en la Cancillería, Carlos Escudé lo encontró como muy apropiado para las necesidades y dificultades que le imponía al país el nuevo marco geopolítico a partir de la llegada de Obama a la presidencia de EEUU, atento a los perfiles de uno y otro cancilleres, el anterior y el actual. Esa es la idea, a eso me refiero con racionalizar los términos de las discusiones.

Yo entiendo que con Alberto Fernández pasa algo parecido. Fue el jefe de Gabinete que la primera parte de este proyecto político necesitaba, según entiendo. Ni más ni menos que eso. Con unos cuantos vínculos con varios sectores del establishment (no estoy diciendo que esté ni bien ni mal que los tuviera y/o los conserve, ni que haya sido el hombre de ellos infiltrado en el gobierno; estoy, sencillamente, describiendo), su presencia se ajustaba a las necesidades de un gobierno que en su primera etapa no estaba en condiciones estratégicas de romper con los sectores del poder extrainstitucional con los que sí ha ingresado en beligerancia desde 2008.

(Digresión: Es más, Cristina, mira lo que te digo, es injusta con Néstor al tildar a Alberto F. de “hombre de Clarín”. ¿Néstor tuvo un hombre de Clarín por malo o por b…uenudo? Vamos, no es así. Alberto Fernández tiene capacidad de vinculación con esos sectores, cree en una lógica de acuerdo con ellos y está bien que así sea, está en su derecho. Aníbal, en cambio, se ajustaba a la necesidad de despejar centros cruzados que llovían al área desde todos lados luego de la derrota de 2009; y Abal Medina tiene, por su parte, mejor llegada que ninguno de los anteriores a los sectores juveniles, nuevo actor protagónico del proyecto.)

Cuando, inicialmente con motivo de la discusión de la renta agraria, aparecieron las contradicciones que hasta dicho momento no se habían evidenciado, pero que al mismo tiempo, a mi criterio, se hacen indetenibles por la esencia del desarrollo evolutivo del trazo proyectivo del kirchnerismo, tanto a Alberto Fernández, habida cuenta de que entendía y entiende él que debe ser este proyecto; como a la conducción (Néstor y Cristina), se les hizo insostenible la continuidad de una alianza política (y de su correspondiente lógica de funcionamiento), que hasta allí parecía imposible que fuera alguna vez a fisurarse, siquiera.

Después, yo creo que Alberto Fernández confunde: fondos y formas, tácticas y estrategias, o como se lo quiera llamar. Allá él si considera que el núcleo conceptual del kirchnerismo debe rastrearse en la consagración de los superávits gemelos y de las reservas de libre disponibilidad por ellas mismas, y no por la funcionalidad que adquieren en el marco de una estrategia económica que se vale de ellas en el marco del abordaje de objetivos sociales concretos y específicos, cuyos destinatarios finales... son de carne y hueso (nuestra mayor discrepancia con Alberto, poner el foco en eso y no en lo otro, que puede variar).

Concretamente en lo que hace al proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA, mi lectura es que el kirchnerismo siempre fue, como mejor pudo según el momento, avanzando sobre el manejo del mismo, en diversas formas. Antes, ello fue posible con la creación de la categoría de reservas de libre disponibilidad; hoy lo es con la eliminación de la misma: y no hay contradicción en ello. La herramienta que antes sirvió hoy ya no, las dificultades que marca la agenda siempre mutan, los objetivos finales se conservan.

Son diferencias conceptuales, pero que hacen a la explicación que, a mi criterio, deben dársele a las críticas que al ex jefe de Gabinete le merece el actual estado de situación de la administración de CFK.

Y si resulta que está, Alberto Fernández, reforzando su perfil crítico en función del desarrollo de alguna estrategia electoral de cara a 2013, bien por él. Principalmente, entiendo que se quiere vender como una versión de kirchnerismo más potable para los sectores que adversan al gobierno de la presidenta CFK en la actualidad. Le veo poca suerte: tiendo a creer que los kirchneristas, para kirchnerismo, votaremos a quienes hayan transitado la historia completa.

Que desde acá se lo acuse a él de traidor o que él acuse a los que continúan en el barco de ser infieles a la memoria de Néstor Kirchner, suma poco. Así que, mejor, que esas expresiones queden de lado.

3 comentarios:

  1. Buen análisis,coincido.

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  2. Interesante recorrido por el kirchnerismo a través de sus jefes de gabinete. Y coincido con el abuso de la palabra traidor. El comportamiento del que en algun momento tuvo algo de poder dentro del K. y de pronto empieza a descender se parece bastante en diferentes casos (Fernandez, Sola, Lousteau, Barbaro) El k. le debe bastante a Alberto Fernandez en la construcción de sus primeras alianzas. La pregunta es si vale la pena recuperarlo.

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  3. "Concretamente en lo que hace al proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA, mi lectura es que el kirchnerismo siempre fue, como mejor pudo según el momento, avanzando sobre el manejo del mismo, en diversas formas. Antes, ello fue posible con la creación de la categoría de reservas de libre disponibilidad; hoy lo es con la eliminación de la misma: y no hay contradicción en ello. La herramienta que antes sirvió hoy ya no, las dificultades que marca la agenda siempre mutan, los objetivos finales se conservan."
    Excelente análisis Pablo. Concuerdo 100%.
    Puede haber contradicciones en los medios, pero el fin siempre es el mismo.
    Saludos.

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