miércoles, 15 de febrero de 2012

Vetocracias y vetocracias

Yo repudio, en cuanto a lo que expresan ideológicamente, los "muchísimos" vetos que Maurizio Macrì ha firmado en lo que lleva su gestión como jefe de Gobierno de la CABA. Eso está fuera de discusión.

Pero, así como digo eso, también estoy convencido de que la mayoría de los proyectos de ley que debate un Congreso deben ser iniciativa de los Poderes Ejecutivos. Por no decir que la casi totalidad de ellos. Sea que hablemos de Cristina; o bien, de Macrì, el concepto es el mismo.

Sobre todo, creo que el sentido de la Constitución porteña, tanto como el de la Nación, así lo quieren y disponen. Máxime cuando se trata de iniciativas que requieren de asignación presupuestaria (o de otro tipo) por parte del Ejecutivo (nacional o porteño), que es, justamente, el encargado de administrar y desplegar el Presupuesto, tanto como de cobrar los impuestos que hacen posible el cumplimiento de las pautas que en él se incluyen, sea cual fuere el ámbito del que hablemos.

Se trata de la posibilidad de ejecutar el plan de gobierno que ganó las elecciones: en el caso de Capital, ése es el de Macrì. Y hay que respetar eso. En definitiva, es respetar la soberanía popular, que, estemos de acuerdo o no (yo no lo estoy, por supuesto, pero las cosas son así, no son --ni serán-- siempre como nos gustaría que fuesen), en este caso en particular, se ha decidido por PRO.

No se puede defender que los legisladores creen gastos que, luego, no se ocupan, en ningún sentido, de cubrir (me refiero a creando impuestos a tal efecto, u ocupándose de cobrarlos).

Lo mismo defendí cuando, en 2009, se anunciaba el advenimiento, para el período parlamentario que se venía tras la derrota que sufrió el FPV en las Legislativas de medio término de la primera presidencia de CFK (el ‘09-‘11), de la "vetocracia", que finalmente nunca llegó (Cristina es la presidenta que menor cantidad de vetos y DNU's ha firmado en los 28 años que han transcurrido de democracia ente 1983 y hoy). No importa que, finalmente, no lo hizo: también Cristina habría tenido derecho a vetar, cuantas veces se le hubiera ocurrido, todas las leyes que hubiese deseado, pues esa es su potestad (ilimitada, por cierto, según la CN: ni cuantitativa ni cualitativamente).

No podemos caer en la contradicción, como sí es costumbre que haga el antikirchnerismo furioso, con Clarín a la cabeza, en todo, siempre. El discurso progre, además, que lo digan los progre. Nosotros, somos peronistas, tenemos que hacer política en serio, que es lo que nos diferencia del progrecinismo. ¿Qué es esto de andar contando la cantidad de vetos que firmó Macrì, o lo que por medio de ellos dispone, como queriendo limitarlo de alguna forma? No va.

Que los que la toreaban a Cristina por lo mismo por lo que, ahora, nada dicen de Macrì, deberían callarse la boca más seguido, por incoherentes, está de más decirlo. Desde hace rato y no sólo por este tema en particular. Pero, por favor, aflojemos con la pavada.

Que Macrì vete todo lo quiera, que, insisto, está entre sus facultades la posibilidad de hacerlo (no es un derecho, como dicen tanto él como los suyos, hermanados en esto del analfabetismo --político, jurídico e institucional; tanto que necesitan de que los defendamos los malditos K, para lograr zafar con argumentos respetables--).

Nosotros, en tanto, nos tenemos que ocupar en, dentro de cuatro años, ganar las elecciones porteñas, y, entonces sí, poder desarrollar el programa de gobierno que deseamos, presentando los proyectos de ley que se nos antojen (y construyendo las mayorías que se requieren para poder aprobarlos, claro), y vetando ídem. El resto, es pura cháchara.

He dicho. Me calenté. De nuevo: basta de pavadas.

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