viernes, 24 de febrero de 2012

Sobre la tragedia de Once

Tengo escrito, varias veces, que las demandas populares nunca cesan, sino que se reactualizan. Más digo: surgen mayor cantidad de necesidades, y de mayor complejidad aún, en épocas de bonanza que en las de vacas flacas. Las agendas a posteriori de grandes logros son más peludas que previo a ellos. Lo dijo en Página 12, por supuesto mucho mejor y en forma más sofisticada que yo, Mario Wainfeld, que reflexionó como nos tiene acostumbrados: impecablemente. La sintonía fina lo viene (¿venía?) leyendo bien a eso.

Mariano, como siempre, pone el dedo en la llaga cuando apunta sobre las dificultades estructurales que conllevará reformular el sistema de transporte argentino: son tantas que nos quedamos cortos los que pedimos que renuncie Schiavi y se le quite la concesión a TBA para retornar a un esquema de gestión estatal (justo a 66 años del primer triunfo electoral de Juan Domingo Perón, que los nacionalizó y engrandeció como nadie). Su conclusión (“para que funcione mejor el transporte público, debería funcionar un poco peor la economía”), nos pone en autos de la magnitud, enorme, del problema que tenemos ante nosotros.

Yo no vengo acá a decir qué hay que hacer. Porque, concretamente, en términos, digamos, técnicos, no lo sé. Ni tengo intenciones de chamuyar con formulas mágicas como hacen tantos y tantos, porque sería una falta de respeto para con las víctimas, cuyo número excede largamente la lista de muertos y heridos. Yo puedo reflexionar, como militante político, desde la política, pidiendo respuestas políticas. Que las habido bastante pobres, al menos en las primera horas. No es poco pedir gestos políticos, aunque así se crea.

Tengo dicho también bastantes veces que las protestas sociales que derivan en rupturas anti sistema se deben a que ese sistema es, en lo político, incapaz de generar lo necesario para canalizar, encauzar las demandas que lo interpelan. Escriba hoy dice algo en AP, que también me gustó mucho, en igual sentido. Y concluye, y yo he coincidido --por otras razones-- con esto, en que “El único actor político nacional que puede operar para empezar a dar cuenta de esas demandas hoy es el gobierno nacional.”.

Hace poco decíamos en Segundas Lecturas que la hipótesis de la re-re de CFK casi que decanta como demanda estructural de un sistema político que, por fuera de Cristina, está casi (casi porque, justamente, existe Cristina) huérfano. Y si no se quiere decir huérfano, al menos habrá que aceptar que sí carece totalmente de peso en lo que a alternativas a la actual presidenta refiere. Esto no aplica para las últimas horas, atento a la pobrísima reacción, que casi no lo ha sido, del kirchnerismo a lo que ocurrió con el tren de Once. Atención.

Estoy leyendo bastante en estos últimos días. Blogs, Twitters, Facebooks, soportes convencionales. Siempre leo mucho ante los grandes acontecimientos, o las grandes tragedias (como esta que acaba de ocurrir, independiente de la discusión semántica: yo le llamo tragedia, pero igualmente ubico al Gobierno como gran responsable de ella, luego volveré sobre esto), antes de decir algo yo. Por caso, me pasó, también, recuerdo, cuando asesinaron a Mariano Ferreyra.

Y debo decir que me está gustando mucho lo que estoy leyendo. Que estamos, los que hacemos mea culpa (claro), muy por sobre los integrantes del Gobierno. Nuestro gobierno. Al que, a pesar de todo, defendemos con orgullo, lo que nos permite cuestionarlo con mayor autoridad que nadie. Por esta, quizás única, vez, al menos. Suele suceder, por el contrario, que la dejamos bastante sola a Cristina. O que le hacemos el salvavidas de plomo. En esta oportunidad, en cambio, el que se está sintiendo un poco sólo soy yo. Y mis compañer@s, entiendo, comparten esto.

“No hay que hacerse el boludo en política. En lo que hace a transporte, el gobierno nacional estuvo, está, y por un buen tiempo va a seguir estando flojo, por no ser guarango y tener que decir que como el orto. La caranchería vomitiva de la oposición la conocemos de sobra y no quita que nosotros tenemos que hacer el mea culpa correspondiente. Esto, compañer@s, ES CULPA NUESTRA. Nadie tiene autoridad ninguna para señalarnos con el dedito, es cierto: por eso tenemos que hacerlo nosotros mismos. Fallamos. Esta vez, fallamos.”, dije, en mi muro de Facebook, a pocas horas de ocurrido el accidente. Con orgullo de hacerme cargo, aunque no formo parte del Gobierno, porque sí me he cansado, por ejemplo, de pedir el voto para él.

Creo, sí, sinceramente, que tenemos que reflexionar. Todos. Empezando por el Gobierno, que, insisto, sigue durmiendo la siesta por estas horas, y que con el anuncio de la famosa querella judicial está renunciando a lo que, creo sinceramente, corresponde que haga: meter a la política en el medio. Politizar el problema. Como cuando lo del Indoamericano, y tantísimas otras veces más. Cursos de acción que, por cierto, le reportaron un 54,11% de adhesiones el último 23 de octubre.

¿Cómo se hace? Insisto, específicamente, desconozco. Lucas Carrasco, luego de haber efectuado un interesante abordaje, más estructural, del asunto, planteó, en su muro de Facebook, que, en este ítem específico, hay que abrir el juego a figuras de otras fuerzas: a Sabbatella, a Pino Solanas. A que vengan varios a colaborar, a tomar parte en una discusión, la de repensar el transporte, que ahora ya no admite nuevas postergaciones. ¿Por qué no (a lo que plantea Lucas)? Es, esa, es una variante de politización. Puede haber mil otras. Ante todo, cargarse al problema al hombro. Aceptar que es propio. Yo ya lo he aceptado, sin dobleces.

Crisis significa oportunidad, pero hay que tener ganas de tomarla (a la oportunidad). En 2008, cuando arreciaba la crisis financiera internacional, y se veían comprometidos tanto el presente como el futuro del sistema jubilatorio argentino, al Gobierno no le tembló el pulso. Hubo que dar una pelea mucho más grande a la que debería darse ahora por los ferrocarriles, y sin la existencia de semejante catástrofe jugando, por decirlo de alguna forma, a favor. Y se le pegó al neoliberalismo el golpe más duro que sufriera jamás desde su instalación en el país.

Hay que reaccionar. Entrar a la sala a los gritos y a las puteadas, pateando sillas, volteando mesas, golpear con el puño el escritorio. Sin medir costos ni beneficios, que así es como han salidos las mejores cosas en nueve años de historia y contando que llevamos.

Ahora bien, cuando digo sin medir costos ni beneficios, me lleva a pedir una reflexión también más general. A la sociedad toda. Porque yo encuentro, quizás me equivoco, cierta contradicción entre las quejas por “lo que pierde por día” AA.AA y el actual reclamo (justo de punta a punta) de reestatización del sistema ferroviario. Que este sea también un fin de ciclo, como pedía Roberto Caballero, para el vilipendio verbal contra el Estado, tan frecuente a veces, tan dañino siempre. No hace daño si hacemos un mea culpa todos por esta vez al menos. No va más eso de pensarse por separado de la clase política, “que no piensa más que en sí misma, y sólo nos caga”. Estamos en el mismo lodo. Todos.

No es que yo crea que debemos, sí o sí, abogar a por un retorno del sistema de gestión estatal en todos los ámbitos. Pero, claramente, esto de la gestión privada, “con control del Estado”, ha tocado fondo. Por lógica, porque todo sistema es pensado en función de responder a demandas, que son históricas, y hoy son otras. Y, por ende, si, como decíamos al principio, se renuevan las demandas, tanto o más deben repensarse los canales de interpelación de las mismas. La burocracia estatal entera pide, a gritos, reconsideraciones. Y el kirchnerismo ha demostrado muchas veces estar a la altura del desafío.

Yo he pedido reflexiones a la sociedad en su conjunto (y como conjunto, que parece lo mismo pero no lo es), por muchas contradicciones en que ha incurrido y que favorecieron al discurso que sustentó a las lógicas de gestión que colapsaron el miércoles pasado en Once. También dije que me gustan ciertas reacciones de rebeldía interna que se están viendo en el kirchnerismo (claro que sin perder la claridad estratégica respecto a dónde debemos estar parados, y desde dónde debemos reclamar). Porque ellas (tales reacciones), y solo ellas, serán capaces de construir la presión social necesaria a los fines de dinamizar la resolución. Creo que si no lo hace CFK, no lo hará nadie. Por eso hay que apurarla a ella.

Albergo esa esperanza. De que crezcamos, aún en la desgracia. Nadie, por fuera del actual gobierno, tiene autoridad para apuntarle con el dedito a Cristina. Sí nosotros mismos. Porque a nosotros, al 54,11% al menos, sí que nos debe mucho la Presidenta. Y a las víctimas, cuyas causas deben ser ahora también las nuestras.

Días pasados alguien me decía que le preocupaba cierto quedo de la militancia en cuanto a lo propositivo. Yo respondí que no es fácil marcar agenda, lo es menos que defenderse de la ajena, aun de la que ha tenido que defenderse el kirchnerismo. Más digo: es así, de contra, como mejor le ha ido a este gobierno. Y generó “mala costumbre”, con eso.

Bueno, pues, ahora ya hay a qué reaccionar, nuevamente. Las vidas humanas nos las devuelve nadie. Quedará aceptar tal responsabilidad. Pero todavía se está a tiempo de estar a la altura de sus memorias. Sobre todo, evitando que algo así vuelva a ocurrir. Cúmplase, entonces.

2 comentarios:

  1. Coincido en gran parte en lo que decis, hay sectores que desde hace tiempo venimos anunciando que esto va a ocurrir, la Pelicula de Pino, La Proxima estacion muestra con detalles lo ocurrido con nuestros ferrocarriles, y da nombres y documentacion suficiente como para que vayan presos varios de los culpable de esta situacion, lamentablemente, no se tomaran las medidas que anuncio en su momento NK, sobre la recuperacion de los ferrocarriles, y se mantuvieron las concesiones que, nos guste o no se subsidian con dos millones de pesos diarios cuando al momento de privatizarlos peridamos un millon diario pero con cien mil trabajadores mas, no es necesario tener ganancias es un servicio publico, la gente no tiene que viajar como ganado, si se deciden a cambiar esto, es el mejor homenaje que se les puede hacer a las victimas de esta tragedia, que sus muertes no sean en vano

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  2. Como en la mayoría de los temas importantes, es necesario una política de estado. Fernando Solanas, mal que nos joda y a pesar de su sesgo anti-K, ha mostrado bastante sobre el tema FF.CC. Simplemente, si tenemos presente a Raúl Scalabrini Ortíz y la consecuente actitud de Juan Perón, ya sabemos para dónde hay que apuntar. También reconozco que al asumir Néstor, hacía casi 10 años que la telaraña judicial que había tejido ladinamente el riojano HDMP y su séquito era una corteza difícil de vulnerar y, por otra parte, había tantos problemas tremendos que no se sabía por dónde empezar. Pero la economía se reactivó. El desempleo descendió constantemente hasta ubicarse hoy en niveles que no exhibía hace 20 años. Y la enorme presión que la gran masa de pasajeros que diariamente se sacrifica y hasta pierde su vida viajando en esos malditos trenes ha terminado por mostrar en toda su gravedad y crudeza el estado calamitoso de TODO EL SISTEMA FERROVIARIO.
    Por supuesto que ES MUY DIFICIL. Pero para algo SE ES GOBIERNO y no para desempeñar un "puesto menor", precisamente.
    Apoyo y confío en el gobierno. Es lo mejor - junto con el de Néstor - que vi en mi dilatada vida desde 1955. Espero que NO LE TIEMBLE LA MANO a mi Presidenta para tomar cuanta medida sea necesaria a fin de buscar una salida adecuada a tamaña desmesura de muerte y falta de respeto para con los laburantes, estudiantes y pueblo en general.

    Saludos
    Tilo, 70 años

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