jueves, 2 de febrero de 2012

Discusiones internas

Voy, hoy, a hacer catarsis. Un compañero de la JP Descamisados me tilda de ortodoxo en Facebook porque se me ocurrió decir, a partir del debate por “el tema de la minería a cielo abierto”, que yo banco a los compañeros (así los considero) gobernadores José Luis Gioja y Luis Beder Herrera. En otras oportunidades, más, me han acusado de no ser peronista, porque como aquellos que adesde dentro del PJ adversan a la conducción K, no consideran tales (por “montos infiltrados”) ni a Néstor ni a Cristina, en la defensa de cuyas gestiones (faltaba más) yo me enrolo, ergo a mí tampoco. Más allá de tanta referencia personal, por las que pido disculpas, las anécdotas simbolizan un debate bastante extendido y que, entiendo, vale la pena abordar.

Escribí, en enero de 2011, en ocasión de la visita de Daniel Scioli al plenario de la Corriente Nacional de la Militancia, que, en un espacio como el peronismo (opuesto al liberalismo, desde ya; y del que el kirchnerismo forma parte), la discusión debe empezar por cualquier lado, menos por el de las características particulares de los protagonistas que lo componen.

Dije, y reitero ahora, “lo importante (…) no pasa por si apoyar o no a Scioli (…) sino por tener la capacidad de construir una línea interna capaz de condicionarlo”. A Scioli o a cualquiera del que se considere que, si llega a la jefatura del Estado, girará ‘a la derecha’". Es decir, un buen debate es, ante todo, el de cómo se construye el marco, la correlación de fuerzas capaz de poner las condiciones del proceso histórico.

Las particularidades de ninguna personalidad política han, a lo largo de la historia, determinado por completo la totalidad de las variables del período en que le toca actuar. Yo asumo mi identidad de peronista. Con su característica fundamental: la de ser un populismo, una construcción heterogénea a su interior, que se articula a partir de la conducción. Y lo hago sin beneficio de inventario. Lo que haya que discutir, se discute adentro. Descreo de las construcciones al estilo Sabbatella, de “acompañar lo bueno, no acompañar lo malo”. Eso es, además de (en algún punto) soberbio y autoritario, un tanto facilista también. Las cosas son más complejas que la lucha entre los buenos y los malos, en la que es fácil diferenciar y agrupar a unos y otros de cada lado.

Desde ya, quien suscribe está más cerca de La Cámpora, de la Desca, del Evita. De Chivo Rossi, y no de De La Sota, por ponerlo en nombres propios. No obstante lo cual dije desde mi blog que apoyaba a Gallego para las elecciones a gobernador cordobés de agosto pasado. Porque entiendo la política en términos de colectivos y procesos amplios y no de individualidades y hechos particulares. Detrás de todo lo que defendemos de estos ocho años, han transpirado, bancado y sostenido muchos “indeseables”.

Por estos días brotan incontables repudios a Moyano, que se aleja cada día más de Cristina. Y yo mismo considero que no le da, a Moyano, para discutirle el liderazgo del proceso (al interior del cual, y de ningún otro, se expresan las banderas que defiende desde hace mucho –seguramente desde antes que la propia CFK—el moyanismo) a la Presidenta. No obstante ello, es imposible evitar que en la historización del kirchnerismo aparezca Moyano como parte fundamental de lo que ha sido plebiscitado en 2011. Y que, además, bueno sería advertir que, en los peores momentos del kirchnerismo, mucho más feas se podrían haber puesto las cosas si Moyano (y Scioli, también) decidía hacerse a un lado. Esto tira abajo el sabbatellismo de que sólo CFK ha hecho lo bueno, y que por eso sólo a ella vale acompañarla.

Cristina ganó las elecciones en Córdoba luego de haber acordado el apoyo (sí que muy particular) de sus hombres en dicha provincia a De La Sota. Fue, ése, un acuerdo político paradigmático. El desarrollo de la línea kirchnerista cordobesa requirió del apoyo a DLS, en un primer momento; que obtuvo como contrapartida el trabajo del peronismo cordobés activo mayoritario a favor de CFK en las presidenciales, lo que permitió el mejor resultado histórico del FpV en dicha provincia y que aportó a la construcción del 54,11%. Previo a todo ello, el FpV Córdoba era meramente testimonial. Hoy, es una construcción más potente, capaz de disputar poder.

El ejemplo del devenir electoral cordobés, no es antojadizo. Se trata de ejemplificar cómo impactó la decisión de efectuar acuerdos políticos del tipo de los que venimos defendiendo en este texto (y en muchos otros previos), para bien, en la construcción de un poder cuya magnitud hoy se disfruta, a la hora de intentar el programa de gobierno que se quiere desplegar. Con esto quiero decir que hay un paso previo a la posibilidad de concretar las acciones que se quieren desde lo ideológico, e ineludible: la construcción de poder.

Muchos de los que hoy dudan de Scioli, por lo que dudan, habrían dudado de Néstor en 2003, por ciertos episodios de su recorrido histórico previo. Esto no es un demérito para Kirchner, por el contrario: es de buen conductor saber decodificar los marcos que posibilitan un programa de gestión del Estado determinado. Kirchner no fue menemista como dicen algunos tontos. Lo que trato de decir es que la militancia tiene como tarea la construcción colectiva, para disputar el marco correlativo al interior de la fuerza política.

En este entendimiento, no sólo por, directamente, la esencia del kirchnerismo, sino hasta por mera conveniencia, si se lo quiere ver así (yo no, pero por si alguien sí), el futuro de esta fuerza, de su desarrollo, de su continuidad histórica (que, en línea con lo que venimos diciendo, no tiene que ver con la permanencia de CFK más allá de 2015 en sí), está sólo al interior del peronismo. Y conviene gastar energía en cosas más edificantes que en posibles purgas internas.

Dicho esto, y sentada la posición de Segundas Lecturas con respecto al debate interno del kirchnerismo (necesario), nos retiramos, por vacaciones, de la actividad hasta el 11/02/12.

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