domingo, 8 de enero de 2012

Sobre varias cosas a partir del contrapunto entre Plataforma 2012 y Carta Abierta

Fueron noticia, en los últimos días, la aparición y el posterior conflicto interno de un grupo de intelectuales opositores al gobierno de CFK, autodenominado Plataforma 2012. Que se propone como la contracara de Carta Abierta, que acompaña la gestión de la Presidenta. Y que, según los intelectuales opositores, han perdido la capacidad y aun la voluntad de elaborar pensamiento crítico, dada su adhesión al kirchnerismo. Pensamiento crítico que, completan los adherentes a Plataforma, es lo que, ineluctablemente, debe guiar la actividad del intelectual. El cuestionamiento al poder. Sinónimo, en la inteligencia que manejan los plataformistas, de Estado, gobierno y/o política, entre otros/as. Solamente.

Dar por sentado el sentido de la noción de “crítico” y que todos pueden conocerla y que deben coincidir con ella (o que de hecho, ya la conozcan y coincidan en su contenido), implica de por sí una arbitrariedad. Concepto, el de arbitrariedad, que se lleva mejor con la idea de individualidad que de colectivo.

Es cierto, no sólo existe el blanco/negro. Pero a la hora de los debates principales que atraviesan la lucha social en un espacio democrático y republicano, en esencia, se requiere del peso que solamente dan las construcciones colectivas. Y, por ende, participar de ellas. Para colar en el mismo una tercera (o cuarta, o quinta, o sexta, etc.) posición por fuera del blanco/negro que se repudia. Lo cual implicará, entonces, que no será posible determinar todo lo que a algo como ello atañe. Porque la dinámica de lo individual es distinta de la colectiva. Obvio, si no serían lo mismo, y de hecho no lo son. Hace a la lógica democrática, creo.

El autoritarismo que se desprende de la creencia de que se puede dar por sentada la noción de algo y clausurar la diversidad de miras que pueden existir al respecto de su significado, habla de la lógica que guía a los intelectuales de Plataforma.

Concretamente: en Carta Abierta se descree que poder equivalga, exclusivamente, a Estado y gobierno (especialmente al gobierno actual). ¿Tienen razón? Cada cual dirá. En lo que a mí respecta, no me atraen mucho los intelectuales, tampoco los de Carta Abierta. Pero que hagan la suya. Y también los de Plataforma. Solo intento explicarme por qué creo que los segundos no podrán (¿o debería decir que ya de hecho no han podido?) tener peso en el debate público. Pasa, la cuestión, a mi criterio, por la lógica con la que operan. Ajena, extraña a las del trabajo colectivo. Esencial, lo colectivo, ya dije arriba, a los fines de poder incidir con peso en la formación de opinión pública. Y para lo que me da la sensación de que no están preparados: para interpelar un objeto de estudio que ya no es lo que era. Por falta de costumbre, supongo.

Por otro lado, entiendo yo que los adherentes a Plataforma se sienten descolocados ante un Estado y un gobierno que funciona en forma diametralmente opuesta a la que siempre estuvieron acostumbrados. Y no están a la altura del nuevo desafío que los interpela, del mismo modo que ocurre con muchos periodistas. Pero esto ya es más mío. Frente a los debates que asoman en estas nuevas etapas, distintos y más complejos que otrora, al haberse visto satisfecho, no en todas pero sí en vastísimas capas de nuestra sociedad, demandas de tipo más, por así decirle, primarias. Y cuya interpelación (la de las nuevas demandas, que son más complejas porque las necesidades lo son, atendidas las de, para sintonizar con CFK, trazo más grueso) lleva a reconfiguraciones varias en diversos sentidos, espacios, alianzas de poder, etc.

No se trata de perder lo propio al ingresar a lo colectivo: de hecho, a lo largo de este texto, y de casi todo lo que escribo siempre, rindo culto al relativismo de opinión, en el entendimiento, lo he dicho siempre, de que la idea misma del consenso --tal como la baja cierto sentido común: por supuesto que me refiero a uno que camina por veredas opuestas a las del kirchnerismo-- entraña algo de antidemocrático.

Pero también entiendo que debo relativizar aún mis propias creencias si quiero que algunas cosas, cuya instalación en la escena pública me interesa sobremanera más que otras, puedan escalar en la misma. Para lo que necesito de mi participación en lo colectivo. Al interior de donde nadie es, no siempre al menos, capaz de fijar todas las variables que lo recorren (a ese colectivo). Aunque ese alguien se llame Cristina Fernández, por mucho que haya quienes quieran instalar lo contrario.

Por lo demás, hablar de ciclo de violaciones a los DDHH como intencionalidad política de este ciclo histórico de Argentina, habla, lisa y llanamente, de mala leche explícita, pura y dura. Un ridículo conceptual del que les será difícil volver, y que explica en buena medida el naufragio que han protagonizado.

1 comentario:

  1. pero el grupo de intelectuales antiK, antiCartaAbierta no se llamaba Aurora? qué pasó?

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