miércoles, 4 de enero de 2012

Mandatos y representaciones constitucionales

Clarín publicó en su sección de opinión del martes pasado una nota firmada por un tal José Miguel Onaindia. Que seguramente debe ser un “especialista”, al que “vale la pena oír”, “neutral/objetivo/imparcial/independiente”, “preocupado y con larga trayectoria en la defensa de las instituciones republicanas” y toda esa sarasa. Para mí, les quedó traspapelada para ser publicada el pasado 28 de diciembre --día de los inocentes--, pero decidieron mandarla igual. Importante leerla para comprender el post.

El muñeco este (Onaindia) se queja porque un par de senadores opositores --o no oficialistas-- acompañaron una, alguna/s o todas las leyes sancionadas durante las Extraordinarias de la semana previa a Navidad. ¡Justo en Clarín! Que hizo un deporte de festejar lo que Onaindia critica en su texto cuando, entre 2008 y 2010, dicha práctica, ejercida en contra de los bloques parlamentarios del oficialismo, se hizo costumbre.

El kirchnerismo contaba, al amanecer del primer mandato de Cristina, con casi dos tercios de los miembros en ambas Cámaras del Congreso. Producto de sus victorias de 2003, 2005 y 2007. A partir de la 125 sufrió una sangría enorme y casi incesante hasta bien entrado 2010. Que incluyó --y (como bien recordó Cristina) alentado, festejado y justificado mediáticamente-- al propio vicepresidente. Además de a Felipe Solá, Victoria Donda, Graciela Camaño, María Cremer de Busti y Daniel Katz, entre otros, en Diputados; y a Juan Carlos Romero, Sonia Escudero, Adriana Bortolozzi, María José Bongiorno (que ha corregido ahora, volviendo al oficialista FpV, del que fue candidata en ‘07) y Pablo Verani, en el Senado.

Entre 2009 y 2011, el kirchnerismo perdió mayorías en el Congreso. Pero no por el resultado electoral del 28 de junio de 2009 en sí, sino por todos los legisladores que saltaron de oficialistas a opositores durante el transcurso del año y medio previo a dichos comicios. De no haber mediado las defecciones mentadas, el FpV hubiera conservado supremacía legislativa aún con su derrota en las elecciones de medio término del primer mandato de Cristina a cuestas.

Hace algunas, pocas, semanas, discutimos en Artepolítica si el vicepresidente estaba o no obligado a respetar los mandatos emanados del espacio político que integra y en representación del cual es elegido. El sentido del rol vicepresidencial, tal como se lo concibió en EEUU (fuente de nuestro propio texto constitucional), aspiraba a ponerlo en sintonía con el titular del Poder Ejecutivo, ya que anteriormente ocupaba el cargo el subcampeón de las presidenciales: ergo, opositor al presidente y por tanto históricamente bloqueadores de sus políticas de gobierno. Para sanear eso que se consideraba como una disfuncionalidad, es que se decidió pasar a elegir presidentes y vices en lo que conocemos como fórmula. Conjunta. Representativos, sus integrantes, del mismo proyecto político.

Onaindia retoma el concepto de mandato, que hace a la noción de representante; y de la banca como posesión, por ello, del partido y no de la persona, todo ello para justificar (con razón, a mi criterio) su rechazo a la decisión de aquellos que optaron por, en esta ocasión, acompañar al kirchnerismo, en supuesta contradicción con los mandatos de los partidos en representación de los cuales fueron consagrados en sus lugares. Podría el FpV reclamar que le devuelvan los escaños que según dice Onaindia, le pertenecen; a cambio de los opositores o no oficialistas que hoy lo acompañan circunstancialmente. ¿Cerraría un trato así la oposición?

Pero. ¿Cómo se sostiene no haber alzado la voz igual cuando cosas similares o peores se practicaron en contra del oficialismo? ¿Cómo se sostendría que los legisladores sí, pero el vicepresidente --que, insisto, comparte fórmula con el presidente-- no debe acatar mandatos partidarios? ¿O es que acaso para el kirchnerismo hay otro reglamento? ¿Sería válido/lógico/constitucional, que Boudou deshiciera, en estos veinte días en que será presidente, todo lo actuado por CFK, según aquellos que sostienen que el vice “puede hacer lo que le plazca? Vamos. Somos grandes, señores.

Yo coincido de punta a punta con el texto de Onaindia en cuanto dice sobre el sentido constitucional de la misión de los representantes. Pero tengo detrás un archivo que me avala en tal sentido. De coherencia. Dicho en Clarín suena a tomada de pelo.

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