miércoles, 25 de enero de 2012

Giro a la derecha

Me pasé unos cuantos días --diez y seis, para ser más preciso-- sin postear. Estuve falto de inspiración. O sentí que no había tema como para escribir. Nada que me motive. ¿O es que pasó algo realmente trascendente en lo que va del año? Y, si no (si no pasó nada extraordinario, digo), ¿será bueno o malo? Otro tema. Vuelvo.

No dejé, de todas formas, de tirar balinazos. Sólo que me centré más en Facebook. Ahí peleó seguido con goriles (mezcla de gorilas y de giles) varios de distinto tipo, y hay algunos pocos insensatos que me festejan buena parte de las cosas que digo. Últimamente me dio por el tema de la autocrítica. Dije, un día, por ejemplo, lo siguiente:

“Pregunta del día: ¿alguien escuchó de parte de la propia boca de alguna voz verdaderamente autorizada del Gobierno de CFK que haya realmente una intención por parte de la administración actual de que la pauta salarial a discutirse en las próximas paritarias se acote a un tope máximo del 18%? ¿O repetimos como tarados lo que el gorilopolio mediático ‘dice’ que ‘sería’ la intención del Gobierno al respecto --ya sabemos con que (nefastos) objetivos--? ¿Así que ahora le creemos al periodismo? ¿Hasta cuándo vamos a estar reclamando que la Presidenta ofrezca pruebas de que su compromiso con las clases populares es inconmovible? Tener autocrítica, es una cosa, y es saludable y deseable que se ejerza; entrar en el juego del adversario, en cambio, es muy otra. Y es, además, propio de pelotudos, sencillamente. Se los digo a algunos de mis compañeros, que no paran de romper los kinotos con preguntarse, a cada ratito y por cualquier gansada, si no estamos a las puertas de un presunto y siempre supuesto ‘giro a la derecha’ por parte de Cristina. Así no suman nada, por mucho que crean que sí. Ya CFK ha hecho demasiados gestos como para que todavía estemos dudando de su fidelidad para con el espacio nacional y popular. Hay cosas que cansan. Demasiado.”

La idea de generar una nueva forma de ver las cosas --como soporte conceptual a las modificaciones que se buscan en lo material--, implica cambiar también las perspectivas y los modos en que se abordan las discusiones. Porque si se va a discutir a partir de los marcos que otorgan soporte ideológico a lo que se quiere combatir en lo material, vamos mal. Hay que generar nuevos parámetros de juzgamiento para encarar el análisis de una etapa de indiscutible incorporación de derechos. Por supuesto que imperfecta, para tranquilidad de las almas siempre puras.

Más adelante, siempre en mi muro de Facebook, dije otra cosa, en el mismo orden de ideas, a saber:

“Por si no hubiese quedado claro lo que dije el miércoles último acerca de la autocrítica al interior del oficialismo, aclaro a qué me refería con algunos ejemplos: a) Desmontar el actual esquema de subsidios no es "girar a la derecha"; b) Limitar, en las futuras paritarias, la discusión salarial hasta un tope de 18% (si fuera cierto que vaya a ser así, porque nadie confiable ha dicho que lo sea), no implica, per se, "girar a la derecha"; c) No subirse al repudio tonto a la "minería a cielo abierto" (como si se pudiera hacer de otra forma, la minería) que propaga el progrecinismo subido al carro del chamuyo pseudoecologista emanado desde los mayores centros contaminantes, que son los del primer mundo, no equivale a "girar a la derecha"; d) Muy especialmente, la famosa ley antiterrorista no significa ningún "giro a la derecha"; e) Decir que lo actuado por Macri en el tema subte y en sus 85 vetos es, en esencia, correcto, está lejos de ser un "giro a la derecha". Cortemos, ya, con la pavada, ¿podrá ser? Gracias. Saludos.”

Y es que, reitero, una cosa es plantear errores, asuntos pendientes, etc. E insisto también con esto, hace falta que eso pase. Otra cosa, muy distinta, es estar con la lupa sobre la mínima resolución administrativa que genera el Gobierno, cualquiera ella sea (y sobre el tema que sea), para preguntarnos todo el tiempo si no estamos, “ahora sí”, ante un “giro a la derecha”, ante el sinceramiento de lo que en verdad son los K, ante la asunción de lo inevitable, ante la traición a las causas populares. Cosas, esas, todas, que, igual que la crisis energética, nunca llegan. Y van ya ocho años y contando de profecía no cumplida. Así, basado en individualidades y exámenes de sinceridad de discursos (en vez de en sujetos colectivos y procesos ídem), discute el liberalismo. No podemos caer en lo mismo.

Mariano, en su blog, lo ha planteado con buenas fórmulas, varias veces. “(…) en lo que tiene que ver específicamente con la relación capital-trabajo (…) El gobierno (desde el Ministerio de Trabajo) se propone como el disciplinador de tal relación conflictiva pero institucionalizada. En este proceso, y hasta ahora, en general optó por hacer mayores concesiones a la corporación que representa al trabajo que a la que representa al capital. (…) La modificación táctica de la postura del Gobierno, sin modificar el esquema, es debida a que tal vez ya no se considere posible mantener la tendencia expansiva sin generar algún colapso, lo cual sería peor en sus consecuencias que un leve ajuste, moderado y con cierta gradualidad (…)”.

Aún no coincidiendo, quien esto escribe, con llamar ajuste a lo que CFK denomina sintonía fina, porque entiendo que se trata de la reconsideración de varias cuestiones que formaron parte de otras coyunturas, inadecuadas pues a estos nuevos tiempos, vale y mucho la definición planteada por el amigo Mariano. Es decir (y utilizo otro concepto del propio Mariano, o por lo menos bastante parecido), no se está yendo contra derechos, sino contra lo que fue, no digo privilegios, pero sí el remedio a una dificultad que hoy es distinta; y que, por ende, requiere de otro tratamiento. Yo creo que ajuste fue la reducción en términos nominales a los jubilados durante la Alianza. Y de ahí para abajo, nada.

Pero concedo en que discutir la pertinencia del vocablo ajuste es, ya, un tanto innecesario. Que hay otras cosas más interesantes para abordar. Pero lo mismo cabe para la sentencia “el Gobierno va a por un giro a la derecha”. Dejo para otro día que el clivaje derecha/izquierda no dice, en Argentina, nada a mi criterio. Que es una discusión ajena a nosotros y que tenemos, también acá, pendiente generar pensamiento nacional. Convalidemos, para esta vez, la utilización de esas categorías.

La cuestión acá radica en discutir dónde reside la conducción del proceso de gobierno, especialmente en lo socioeconómico, en diversos aspectos. Y está claro (muy, a mi entender) que Cristina no se ha sometido a las directrices de ningún interés privado en tanto ése no entienda las necesidades que el Gobierno juzga –con la potestad que, a tales fines, le otorgó la soberanía popular— que tiene el desarrollo armónico del todo (siendo que el Gobierno debe, justamente, atender al todo).

Muy distinto al período 1983-2003, durante el cual la más mínima noción de gobierno representativo fue aniquilada, por cuanto los distintos ocupantes de la Rosada no operaban el programa de gobierno consagrado por el mandato popular, sino el que disponían las distintas facciones del establishment económico que daban sustento a las sucesivas (y ocasionales) alianzas de poder que sostenían a los ocasionales presidentes. Ni que hablar del FMI y sus consejos, claro…

Ahí están las fricciones que, con la conducción de la UIA, han generado las mal llamadas trabas dispuestas por AFIP a las importaciones. O el Grupo Techint, yendo al pie de Balcarce a aceptar las designaciones que el Estado ha hecho en el directorio de la empresa en virtud de las acciones que en ella ha heredado a partir de la recuperación de las inversiones y fondos que administraban las AFJP con la nacionalización del sistema previsional en 2008.

Y muchas otras, cuya total enumeración excedería lo recomendable para un post pero que se pueden resumir en las constantes diatribas que se le lanzan al kirchnerismo desde distintas tribunas por su esencia intervencionista en la economía. Que ya aburre, por otro lado. La derecha, en definitiva, y por llamarla de alguna forma, no está, y que esto quede claro, ni cómoda ni contenta con este gobierno. Y preferiría otro, sin dudas, que le permitiera meter bocadillos en las decisiones gubernamentales, cosa que hoy no ocurre.

Y podrán esgrimir “el tema de la mega minería a cielo abierto” para intentar rebatir mi punto y yo, respetando el ítem, me anticipo a él diciendo varias cosas: primero, que los intereses de la megaminería no están, per se, en directa contradicción con los intereses de las mayorías populares como sí los del eje conductor de AEA y los de la Banda de Enlace del empresariado agrario; segundo, que es posible darle contenido nacional y popular a todo, incluso a la minería a cielo abierto (que no es, contrariamente a lo que muchos quieren instalar, mala en esencia), siempre que las conducciones del Estado en distinto nivel (nacional, provincial, municipal) tengan capacidad de dirigir el desarrollo de los mismos en lo que hace a inversión, creación de puestos de empleo y condicionamiento de las estructuras productivas; tercero y último, que la discusión puede pasar por la apropiación de renta que genera la minería, por los cuidados ambientales que deben exigírsele a sus beneficiarios, pero nunca por la prohibición total de la actividad.

Por decirlo de algún modo, Cristina ha continuado la línea histórica que inició Néstor Kirchner cuando el ex presidente escupió en los reclamos que le efectuó José Claudio Escribano días antes de asumir en 2003, a consecuencia de lo cual se comió la amenaza ya conocida de que su gobierno duraría, “dicen”, un año. Y resulta que estamos yendo, ya, a por los doce.

1 comentario:

  1. Patético realmente, por suerte el final se acerca raudo, le quedan pocos mese a la mentira K, espero que los kirchneristas revisen todas las estupideces que dijeron y escribieron... y hagan la autocrítica pertinente, después, de paso, se pueden pegar un tiro.

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