miércoles, 28 de diciembre de 2011

¡Vamos, todavía, compañera Presidenta!

Se lo pido a Dios, si es que acaso existe. En nombre de otros casi doce millones de argentinos, que puede que incluso sean más en esta. Casi un ruego, de corazón. Ya te llevaste a Néstor. A Cristina, por favor, dejala acá. La necesita nuestro pueblo. El pedazo grande de Patria humilde y laburante, que tiene en Cristina a su única e ineludible garantía para alcanzar la victoria definitiva. Esa que sólo llegará el día que no quede una sola persona con hambre sobre el suelo argentino. Ese huracán incontenible que es Cristina, rara pero perfecta mezcla de ovarios de acero y talento político y de gestión inconmensurable, no se va a dejar caer así nomás. Como no se dejó caer cuando pasó lo de Néstor, cosa que sin dudas le dolió mucho más que esto, así que calculo que recuperarse será un trámite para ella. Estuvimos, estamos y estaremos. Pero es imposible no dejarse invadir por la bronca, la amargura, algo de tristeza, mucho de impotencia, toda la incredulidad ante tantísima mala leche. Siempre, no obstante, triunfará, entre nosotros, la esperanza y la polenta para sobreponernos. De muchas, no digo peores pero sí muy fuleras, hemos resurgido. El abrazo desde acá para nuestra compañera Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Ahora, más que nunca, soldados fanáticos e incondicionales de su causa. Ni un paso atrás. Nunca menos. A militar, a gritar, a argumentar, a pelearla como si fuera la última del partido. Y tratemos que sea con una sonrisa, aunque cueste. Que nada grande puede hacerse con tristeza, como dijera un sabio. ¡Siempre!

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