viernes, 9 de diciembre de 2011

Una reasunción que es nuestra

Mañana, finalmente, se hará realidad aquello por lo que desde este espacio, Segundas Lecturas –que es de las pocas cosas que verdaderamente me pertenecen en pleno en mi vida-, peleé, cómo pude, desde el 2 de julio de 2009. Y que fue, también (e inalterable) desde aquél día –días, aquellos, de tristeza, amargura, incertidumbre, zozobra-, mi lema. Mañana, por fin, habrá Cristina Fernández de Kirchner 2011 (y hasta 2015).

Luego de dos años, tres meses, ocho días y doscientos noventa y siete posts (sin contar al presente), en la casi totalidad de los cuales no pensé en otra cosa que en cómo se podía hacer para aportar un granito de arena a que todo esto pudiera hacerse realidad. En especial, insisto, por el momento: el más dramático (por entonces, peor sería, después, y por otros motivos, la muerte de Néstor Kirchner) en toda la historia, enorme en varios sentidos, del kirchnerismo.

Y es en estas fechas, precisamente, y a la hora de tener que ponerme a llenar la hoja del procesador, que me invade la incapacidad de expresar con precisión los motivos por los que pude, en algún momento, dejar que llegara a afectarme tanto todo esto. ¿Por qué dejé que la política, y más específicamente un fenómeno político en particular, se adueñara, más allá de mis razones, también de mis pasiones? No lo sé. ¿Con exactitud? No te sé decir.

Porque, en serio, yo en 2009 tuve, no digo temor –no quiero caer en eso, que es un capital político invaluable para ustedes, los que nos adversan a nosotros, los inútiles, estúpidos, insensatos e incorregibles kircheristas-, pero sí me pasó de ponerme a pensar qué sería de mí cuando todo esto se terminara, si finalmente resultaba que terminaba todo para el… demonio.

Calculo que es justamente en la indeterminación que radica el elemento sentimental que me une a todo esto. Parecerá, la frase anterior, un tremendo chamuyo, pero acá estoy hoy contando sentimientos, y no elaborando ninguno de todos esos argumentos tan profundos y complejos con que habitualmente -y esto dicho con toda humildad-, los deleito.

A mí todo esto que ha desatado el kirchnerismo me gusta. Y quiero que siga existiendo. Y hago –e hice y haré-, muy poco, pero todo lo que está a mi alcance para que se extienda en el tiempo. Lo más que sea posible. En la incomparable sensación de vivir militando las convicciones y no calculando lo conveniente.

Por eso al comentario posterior al triunfo de octubre lo titulé El triunfo que construimos entre todos, y confesé que lo había pensado más de un año antes. Ahí tenemos un elemento diferencial, una ventaja comparativa tremenda. ¿Somos más? No sé, pero estamos todo el santo día pujando y transpirando y sufriendo por lo mismo. Como un demente capaz de, más de un año antes de las elecciones y cuando no pocos creían una quimera hasta la posibilidad de competir decentemente, pensar la posibilidad del triunfo. No me digan.

Sería largo enumerar todo. El clima de irreverencia, las discusiones que se han desatado, los doscientos setenta mangos para que coman los pibes. Las peleas con el statu quo ante, para ponerme en docto. Con la estantería cultural liberal y conservadora. Que vuelvan los cabecitas negras, los humildes, los laburantes a ser protagonistas. La juventud como sujeto político dispuesta a entrar a comerse la cancha y cambiar la correlación de fuerzas para construir la capacidad de fijar las condiciones de lo que vendrá en adelante.

Que un presidente, presidenta en este caso (y acá ya hay otra cosa que logra enamorarme), sea capaz de decir en voz alta que a su criterio el país perdió con Caseros: gesto enorme, que tendrá encandilado por un buen tiempo, todavía. Que lo hayan llevado a mi amigo Marcelo Koenig a Venezuela la semana pasada en la comitiva oficial, en vez de sólo a los mismos jetones de siempre. De los que, de todas maneras, aún no se puede prescindir.

No hemos llegado a tanto, tampoco, y no tenemos por qué avergonzarnos por ello: de última, si no fuera porque creemos que faltan cosas por hacer, todavía, no estaríamos poniéndole el pecho a lo que será la primera vez que en la historia de nuestro país que un proyecto nacional, popular y democrático inicia su tercer período de gobierno consecutivo.

Que se atajen a sí mismos los que me quieran acusar de devoto de tiranías porque no me estoy refiriendo a la continuidad de Cristina más allá de 2015. Ya les dije que de lo que sí soy verdadera y fanáticamente militante es de (vamos, a ver, todos juntos con el estribillo) la plena vigencia de la legalidad democrática, la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho.

Se trata de otra cosa: acá hay un atmosfera cultural, espesa, que requiere, para poder ser correctamente interpretado, interpelado y combatido (les estoy dando, a ustedes, nuestros adversarios, si me lo permiten, un consejo) de algo más que de los manuales que los europeos escribieron para que nosotros, los brutos que todavía andamos en cuatro patas, comprendiéramos de qué la va todo esto de la política.

Este entusiasmo va más allá de la perfecta comprensión de dimensiones sociológicas, lo que requiere un país para ser “serio y jurídicamente seguro y previsible” o el clivaje derecha/izquierda. Entusiasmo, justamente, qué buena palabra. Logramos pasar de ser la minoría intensa a ser la mayoría entusiasmada.

Me banqué tantas cosas en el transcurso de estos cuatro años. Leo que Lucas Carrasco escribe, en su muro de Facebook, que soportamos, los más pibes, las “burlas, el ninguneo, la soberbia de los campeones de la impotencia. Los profetas del fracaso.”. En efecto. Me han agredido y ofendido, muchos, muchas veces. Insultado, lastimado, etc. Sin que yo les haya hecho nada para merecerlo.

No me importa. Yo ya tengo lo que quería. Hoy es autorreferencial porque hoy nos toca, porque nos lo merecemos. Hoy es para nosotros. Ya tengo Cristina 2011. ¡La puta que valió la pena!

1 comentario:

  1. BLOG DE HUMOR K - CRISTINA ARMA SU FIESTA EN LA PLAZA ... y los gorilas el arbolito es su casa.

    Mientras una multitud se prepara para acompañar a Cris en la plaza por los festejos de su segundo mandato, los gorilas se conforman con encerrarse en sus hogares y armar el arbolito para festejar el fin de año.
    Si no fuera porque estamos en vísperas de Navidad, y el espíritu cristiano ha embriagado mi ser, diría que "más que armarlo", a los gorilas habría "que colgarlos" de un árbol de la mismísima Plaza de Mayo. Por el contrario, por ser estos unos días donde reina "el amor y la paz" no solo los perdono por todas las hijaputeces que dicen sobre nosotros sino que, además, les voy a dar unos sanos consejos.
    La idea es que como los jerarcas contras económicamente ya tienen de todo (desde esa óptica solo se les podría regalar alarmas antirrobo), pero andan escasos de poder, sus adeptos y simpatizantes deberían regalarles cosas apropiadas para que se consoliden políticamente.
    Veamos caso por caso en el blog
    www.kikitodulce.blogspot.com

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