miércoles, 21 de diciembre de 2011

Té de tilo --parte I de III-- (sobre Clarín, Vila-Manzano y Cablevisión-Multicanal --1 de 2--)

Resulta lastimoso --y muy enriquecedor, a la vez-- asistir al in crescendo de la desesperación del Grupo Clarín, ante la esterilidad de los manotazos de ahogado que cada vez con mayor desesperación, intenta desplegar ante la inevitabilidad de la llegada de los nuevos tiempos. Una batería de operaciones que gana cada vez más en histeria, falsedad y pretensiones antiinstitucionales por parte del conglomerado de medios mayor del país. En derredor del proyecto de ley que quiere la declaración de interés público la producción, comercialización y distribución de papel para diarios y de la disputa tribunalicia que sostiene Clarín con el Grupo Vila-Manzano a partir de la fusión Cablevisión-Multicanal, se pueden observar los últimos capítulos de la capacidad de inventiva clarinista en sus incesantes embestidas antikirchneristas.

Es todo muy gracioso. Daniel Vila encabezó una feroz resistencia contra la Ley de Medios de la democracia mientras duró el tratamiento legislativo de la misma en 2009. Llegó a decir que tal discusión constituía la más grave afrenta sufrida por las instituciones democráticas desde el golpe de Estado de 1976. Del mismo modo había actuado, algunas semanas antes, cuando Fútbol Para Todos daba sus primeros pasos porque le pareció mal que el Estado pretendiera cobrarle por la emisión de los partidos por América TV si su intención era hacerlo con publicidad propia (la transmisión es gratis en crudo, virgen como viene de Canal 7).

Una vez aprobada por el Congreso nacional la nueva herramienta reguladora en materia audiovisual, intentó, a través del diputado mendocino por el “peronismo” “federal” Enrique Thomas --una de sus espadas legislativas--, y consiguió la primera de las medidas cautelares que paralizó la totalidad del imperio de la 26.522. “La Justicia Federal de Mendoza nunca debió intervenir en este caso: no es competente para resolver sobre actos del Congreso Nacional cuya sede está en Buenos Aires.”, dijo, al respecto de aquella decisión judicial, el constitucionalista Gustavo Arballo. Apuntó, Arballo, en el mismo post, otras nueve irregularidades conceptuales respecto de la misma sentencia. Y destacó, el abogado y editor del blog Saber Derecho, además, el vital papel que en todo ello cumplió la maniobra de forum shopping, la posibilidad de golpear todas las puertas hasta encontrar el juez más favorable. Estrategia tramposa tan común en el mundo jurídico, y a las que Vila-Manzano-De Narváez son tan afectos, parecería, siendo que ahora han incurrido en similar tesitura para obtener la definitiva partición de Cablevisión-Multicanal, independientemente de lo que se opine de ella.

El fallo que benefició a Vila-Manzano (y no sólo), vaya detalle, fue firmado por la jueza Olga Pura de Arrabal, y luego confirmado por la Cámara Federal de la provincia de Mendoza, uno de cuyos integrantes es el hoy prófugo del Poder Judicial argentino, acusado por delitos de lesa humanidad, Otilio Romano. Lo interesante del caso es que ahora Clarín presenta, catarata de insultos de por medio, al grupo mediático de Vila y Manzano, cuyas acciones contra la Ley de Medios y el programa FPT tanto festejó y ponderó, como su más nuevo enemigo y presunto “aliado del kirchnerismo”. Ataca, también, a la jueza Pura de Arrabal, a la que elogió como valuarte democrático frente a las intenciones chavizantes de la dictadura K cuando sirvió a sus intereses frenando inconstitucionalmente la Ley de Medios. Además, ahora se permite de señalar los pecados de Otilio Romano, luego de meses de protegerlo y presentarlo como si se tratase de un perseguido político de un gobierno totalitario. En buena hora esto último, independientemente de cuáles son los intereses (convenencieros) que mueven a Clarín a hacerlo.

Éramos pocos. En todo este teatro de revista no podía faltar, claro, un ex actor del Maipo como Jorge Lanata. Que fue por la suya, la de siempre, la que ha sido una constante a lo largo de toda su carrera: apelar al saber de Doña Rosa --o sea, a la incultura-- para bajar el nivel del debate en función de llevar el aguar de los desprevenidos (que seguramente sean los más en temas tan complejos como estos) para su molino. Los “argumentos” de Lanata, el hombre que estuvo (por convicción, el sí verdaderamente, no lo olvidemos nunca) contra Clarín antes que ningún otro (cómo no: aunque ahora, cuando verdaderamente da la correlación de fuerzas para traducir en acción concreta, y con posibilidades reales de efectivizarse, todo lo que en su momento denunció, acude en ayuda de los que antes tildaba de delincuentes), fueron destrozados por Mariano, en Yendo a menos.

En efecto, el perro se muerde la cola toda vez que, como bien apuntó Mariano, en los ataques que se desplegaron en contra de la plena vigencia de la Ley de Medios, anida el huevo de la serpiente. Lanata habla de Clarín como “el monopolio que el kirchnerismo ayudó a conformar”. Hacerlo vende bien como chicana barata al relato oficial en la materia, que, y pese a las ridículas consideraciones que esgrimen aquellos que se espantan ante la argumentación profunda --la tropa que lidera y a la que apunta como clientela Lanata--, hay que reconocer que ha pecado de simplista en ciertos aspectos. La legislación argentina en materia de Derecho de la Competencia no penaliza la existencia per se de monopolios, sino el perjuicio que de la constitución de tales puedan derivarse para el interés económico general (según dispone nuestra ley de Defensa de la Competencia, que sigue el modelo europeo en detrimento del americano, que fulmina de antemano cualquier intento de fusión o concentración empresarial).

Y en este tema, ha habido, por cierto, los mencionados perjuicios, como lo ponen de manifiesto algunos brutos aumentos tarifarios que fueran dispuestos por la nueva empresa post autorización de la fusión Cablevisión-Multicanal. Dicha operación fue, sí, autorizada por Kirchner (y hay que criticarlo, no así con la extensión temporal de las licencias televisivas que, de no haber existido, habría llevado a que Clarín copara aún más canales de TV cuando se re licitaran las licencias caducas), pero no de cualquier forma. Siempre en base a las posibilidades que contempla la Ley de Defensa de la Competencia, la operación fue enmarcada en el imperio del artículo 13º permite tanto la autorización (inciso ‘a’), así como la denegación (inciso ‘c’) o subordinación de la misma (inciso ‘b’) a determinadas condicionalidades.

En coincidencia con el espíritu no censurador de las fusiones empresariales que guía a la 25.156, fue la última la opción por la que se optó en el caso Cablevisión-Multicanal, autorizada en tanto y en cuanto se cumpliera, desde la empresa, con determinadas pautas establecidas por el Poder Ejecutivo nacional, conforme las atribuciones que la LDC le confiere en orden a que vigile lo que decidió en función de garantizar que no se perjudique el interés económico general. Por ejemplo, brindar servicio gratis en determinadas zonas, atento que puede compensar con el engorde de su cartera de clientes por efecto de la concentración operada. Ante el no cumplimiento de las exigencias del PEN, el gobierno nacional viene insistiendo, sin suerte, ante Tribunales para que se dé marcha atrás con la autorización, que en virtud de todo lo dicho es de carácter precario en caso de incumplimiento de lo solicitado por el PEN a efectos de autorizar la operación. En el mismo sentido, de subsanar el perjuicio para el interés económico general, va el decisorio del juez Bento a favor de Vila-Manzano, que es, no obstante, reprochable por cuestiones de competencia.

En mérito del espíritu del sistema en que se inspira nuestra legislación anti monopólica, pues, la nueva Ley de Medios no prohíbe toda integración, sea vertical, sea horizontal, sino que limitó (con bastante prudencia, por cierto: mucho más suavemente que en EEUU o Europa, por ejemplo) la extensión ridícula a que había llegado tras los sucesivos emparches que le practicarán Menem y De La Rúa al texto que habían firmado, en 1980, Jorge Rafael Videla, José Alfredo Martínez de Hoz y Albano Harguindeguy. Por buenas razones.

Pero que nos las diremos ahora. Porque esta historia, continuará…

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: