miércoles, 7 de diciembre de 2011

Las novedades del Gabinete

¿Así que la noticia es que no hay noticia? ¿Así que resulta que no es novedad la conformación del nuevo Gabinete de Cristina, que no es, en realidad –ahí sí dicen bien-, nuevo?

La estrechez de miras que sufre la militancia periodística opositora frente a un gobierno para cuya interpelación analítica carece de categorías y esquemas de análisis adecuados (porque no se han preocupado por construirlos, sino que -intentando acomodar la cabeza al sombrero- quieren hacerlo entrar en sus pre moldeados conceptuales, en vez de, como deberían, hacer al revés y proceder a pensar a partir del fenómeno), es, ya, desesperante. Para ellos, claro.

No deja de llamar la atención, por ejemplo, que se insista en cuestiones tales como que la Presidenta elige “subordinados”, a lo que contraponen el adjetivo de “capaces”. Es decir, el leal no puede, según esta buena gente, ser, a la vez, un tipo/a formado/a.

Por otro lado, no aceptan que ahora existe una conducción de Estado que ejercerá, de manera innegociable, sujeta a (con esto voy a insistir bastante en lo sucesivo) lo estatuido por la legalidad democrática, la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho. Es decir: los ministros son secretarios del Poder Ejecutivo: o sea, auxiliares, que deben, que se entienda, asesorar y no sentenciar sobre las cuestiones de gobierno, que es ejercido por la Presidenta de la Nación, en cuya cabeza, y la de nadie más, reposa la potestad decisoria última en el diseño de las políticas de Estado. Por mandato constitucional, además de popular –único escrutinio, éste último, de sus decisiones-.

El berrinche, hay que decirlo, responde a motivos precisos. E históricos: son los residuos de lo que fue una época durante la cual a los distintos gobiernos se le imponían los ministros desde distintos sectores de interés del poder permanente, que sobrevivió a los distintos ocupantes de la Casa Rosada –a los que, previamente, maniataban a su gusto y conveniencia, acumulando cada vez mayor poder de lobby-: al ministro de Educación lo decidía la Iglesia; al de Defensa, el Ejército; al de Economía, los empresarios; al de Justicia, el Colegio de Abogados. Y así.

Por estos días, en Europa a los pueblos no se les permite participar nada menos que en la elección de sus gobiernos. Haciendo de sus reiteradas chácharas institucionalistas y de la propia legalidad europea -sea nacional, sea comunitaria-, un chiste; porque lo que cuenta es atender a los intereses del sector financiero, verdadero poseedor de la soberanía decisoria allá. Eso son Monti y Papademos.

En Argentina pasó algo, si no idéntico, casi, con la Alianza, que batió récords de representantes ministeriales del sector financiero especulativo (Machinea, Llach, López Murphy, Rodríguez Giavarini, Colombo); y que, tras la exacerbación de tal fenómeno hasta el paroxismo con el retorno de Cavallo (se lo quiso de jefe de Gabinete manteniendo a López Murphy y llevando a Colombo a Interior; acabó en Economía una vez que a Perro se le hizo imposible continuar: en definitiva, gobernó claramente por encima de la figura de De La Rúa, lo cual motivó un ¿furcio? memorable del Alfonsín respetable al respecto), acabaría por hacer quebrar la economía real y el sistema cívico y social en 2001.

Hoy que no ocurre eso, es decir, hoy que se respeta la Constitución, y entonces la Presidenta elige colaboradores a su gusto y decide, por sí misma, los cursos de acción de la misma forma (evitando que se le entrometan gendarmes de intereses privados a gobernar en reemplazo de la soberanía popular), se quejan.

Cristina selecciona lealtad, aparte de capacidad: para que ofrecezcan alternativas de entre las que pueda elegir; y para que ejecuten las mismas. Y mal no le ha ido, a decir verdad: lidera el proyecto más duradero y que exhibe los mejores resultados en el ítem que se quiera considerar. Los rumores exponen lo que es la permanente puja por la posesión de poder en Argentina. Y en la que CFK ha decidido no dejarse maniatar. Por eso los "misterios", el "factor sorpresa" y la "centralización absolutista" de la decisión, en la que no hay espacios para nada más que ella... casualmente, la depositaria del mandato popular: o sea, única dotada de autorización en tal sentido.

Ni Abal Medina es un guiño a La Cámpora, ni Lorenzino un gesto a “los mercados”. A propósito de este último, ¿no era que Boudou ya estaba muerto en la consideración, y por eso habían bajado sus chances de ser ministro; en tanto la estrella de los “industrialistas/desarrollistas/acuerdistas” (Giorgi, Marcó del Pont, De Vido) brillaba alto ya que ahora la Presidenta giró y privilegia a los sectores del empresariado expresados en De Mendiguren? Cosas que pasan cuando nadie en un gobierno te atiende el teléfono, no obstante lo cual vos tenés que escribir o parlotear lo mismo, porque hay que llenar espacio. Mandando fruta.

Vaya, entonces, si ha habido cambios en este país. Novedades. Expresados a partir de la confirmación de casi todos los miembros del Gabinete de Cristina en sus cargos para continuar a partir del próximo sábado. Hay ministros que van por récords, y se confirma que el kirchnerismo no cambia, no sólo por el futbolero “equipo que gana no se toca”, sino porque lo hace sólo en caso de estricta necesidad –calificada, ésta, según el leal saber y entender del jefe, en este caso jefa, de Estado-: buen augurio, además, pues.

2 comentarios:

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: