viernes, 16 de diciembre de 2011

Desensillar hasta que aclare

“La contradicción principal es entre el proyecto financiero neoliberal y el proyecto nacional, popular y latinoamericano, y eso se expresa en la antinomia política kirchnerismo-antikirchnerismo. ¡Nosotros sabemos de qué lado estamos!”, Facundo Moyano, 15 de diciembre de 2011.

‎"Es hora de levantarse, querido. ¿Dormiste bien?", Carlos 'Indio' Solari, Los Redonditos de Ricota, en Lobo suelto/Cordero atado (1993).

"¿Cuál es el rol que hoy tenemos que cumplir los trabajadores? Reconocer la figura trascendental del compañero Néstor Kirchner y además apoyar, con todas nuestras fuerzas, a la presidenta de la Nación, CFK (...) para que siga profundizando el modelo económico que le dio la dignidad a los trabajadores (...) que no lo vamos a olvidar porque los trabajadores somos agradecidos con quienes nos devuelven la dignidad y nos dan las herramientas de lucha (...) después de Perón y Eva Perón nadie le dio a los trabajadores tanto como Néstor Kirchner (...)", Hugo Moyano, 27 de octubre de 2010.



El Ingeniero dice, en Facebook, que los nuevos tiempos vienen complejos. En efecto, así es. Y por cierto, tal cosa no debe asustar a nadie que así vaya a ser. No definen, dichas dificultades, per se, nada. Ni para bien, ni para mal.

Hace un par de semanas dije aquí que existe, entre la compañera Cristina y el compañero secretario general de la CGT oficial, un nivel muy alto de desprecio, soberbia y subestimación. Recíproco. Dañino. Innecesario. Que se debe, a lo que interpreto como una disputa, al interior de un espacio compartido, por la conducción del mismo. Disputa que, prima facie, no me asusta, en tanto transcurra por los carriles de la racionalidad. De la rosca, en buen romance. Y con códigos (los de barrio). So pena de verme en la imperiosa necesidad de calificarlos, a ambos, y con respeto de la investidura de la compañera señora Presidenta, de zonzos.

Dije, también, que soy devoto de la historia de lucha contra el neoliberalismo y en pro del bienestar obrero de Hugo Antonio Moyano. Y lo sostengo y reivindico. Aunque, agregué, su derrota, en caso que decidiese parársele de manos a la Presidenta, sería, aun cuando triste, deseable. Lo lamento, compañero Moyano, pero acá somos defensores fanáticos de la legalidad democrática, la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho. Valores que son, hoy, representados, en virtud de la soberanía popular, por Cristina Fernández.

Yo identifico, en todo esto, dos cuerpo de cosas. Principal, pero no exclusivamente, porque cada una de esas dos cosas pueden abrir, a su vez, mil y un disparadores más.

Moyano, tanto como sus laderos al interior de la CGT, quieren, hace rato, jugar ellos mismos en política. Y fuerte. No puede, todo aquel que se precie de ser peronista, menos que celebrar tal cosa. El empoderamiento de la clase trabajadora es el fin último del peronismo. Es, entonces, una discusión muy válida y, vamos, deseable que se la dé. Habla de una sociedad más democrática, siendo que hay chances de tales ascensos para el sector trabajo.

Lo que creo, también, es que a Moyano no le da, no le está dando al menos, la talla para encararla. Así de sencillo. No de otra forma puede entenderse su más que torpe reclamo de lugares en las listas para octubre pasado. Que lo había, por cierto, para los varios buenos cuadros con que cuenta la CGT moyanista. Algunos de los cuales, tonta y por demás apresuradamente, despreciaron lo que se les ofrecía. Juan Carlos Schmidt y Julio Piumato, dos cuadrazos a mi criterio, por caso, quienes hoy, de no haber sido por sus reacciones destempladas (y faltas de timming), serían diputados. Y agregarían mucho espesor ideológico y conceptual al debate en el Congreso. Allí adonde ha llegado el menor de los Moyano, Facundo, y por suerte que así haya sido, porque ese es otro cuadrazo.

Estuvo bien Facundo, por cierto, con sus declaraciones, citadas al inicio del presente. También los integrantes del Gobierno en no contestar, todavía: no son, estos, tiempos de ver quién la tiene más larga. Moyano tiene razón en muchos de sus reclamos. Especialmente, en lo que respecta a muchos, al interior del Frente Para la Victoria, que pretenden correrlo –no importa si por izquierda o por derecha: no tienen con ni por qué correrlo a él por nada-. Nadie, excepto la conducción, ha acumulado mayores méritos que Moyano y la CGT desde 2003. Bancaron todas, aún las peores y más duras. Ocurre que no es el tiempo ni las son los modos de plantear las cosas. Cristina está, y se nota, todavía muy dolida, y haciendo esfuerzos enormes por seguir adelante.

La Presidenta no tiene la culpa de que Moyano tenga pésima imagen pública, lo que hace que carezca de condiciones las subjetivas necesarias para encarar sus ambiciones políticas. Cristina está en la tarea, reitero, de construir la supervivencia del proyecto, y con él de las conquistas materiales que conlleva y que el propio Moyano se ha cansado de reivindicar. Esa es la mejor (si no la única) garantía de poder para los trabajadores. Y tiene como condición sine qua non, para arraigarse más allá de las propias fronteras del movimiento nacional y popular, la conducción del proceso en cabeza de Cristina. Son los términos que impone la correlación de fuerzas actual. Moyano, que habló y muy bien de peronismo ayer, parece, sin embargo, haber olvidado aquello de "todo en su medida y armoniosamente". Y de la visión a futuro.

Pero, además, hay otra cuestión. Muy atendible. Demasiado, diría. Cristina construyó, claro que no el mejor, pero sí quizás el más ampliamente consolidado capítulo del peronismo en el poder en toda su historia. Profunda, convencida, entusiasta, y orgullosamente antiliberal como soy, no analizo, pues, individualidades. Más bien bloques sociales en constante puja de poder (cuya existencia, insisto, no es pecado ni indeseable). Descreo de los seres capaces de determinar todo y no ser condicionados por nada de los tiempos históricos que le toca protagonizar. Ahora bien, eso no quita que no exista algo que se llama conducción. Cuya repartija es, institucionalmente hablando, muy compleja. Sobre todo en el peronismo. Cuya base social en nadie se identifica más ni mejor que en la gestión de CFK.

Digo, ¿Moyano pretende buscar legitimidad electoral? Pues empezó mal, habida cuenta que ha cosechado hasta acá, apenas, el apoyo de impresentables de la talla de Luis Barrionuevo, Momo Venegas (un sindicalista pro patronal como pocos hubo en la historia de nuestro país) y Pablo Micheli. Llamó al PJ relegado por la hegemonía kirchnerista inaugurada en 2003. Da la sensación que fue más el encierro político que otra cosa. Y justo en la hora en que al interior del partido de gobierno, aunque, insisto, claro que por debajo de la conducción, puede ser parte de una construcción mucho más amplia, y desde ya, potente y consolidada. Dicho en criollo, y a cuento de lo que apunté respecto de los logros de Cristina en materia de peronismo, el proyecto de poder de Moyano no tiene otra alternativa para poder desplegarse que al interior del kirchnerismo.

¿Dónde cree Moyano, acaso, que tendrá más vida, políticamente habando? ¿Quién cree lo va a recibir con los brazos abiertos? ¿Macri, Binner, Magnetto –que es el que, a fin de cuentas, tiene la última palabra en la oposición-? Queriendo ampliar sus fronteras, en cambio las encoje. En cantidad e, insisto, en calidad. Por eso hablo, más arriba, de incapacidad en Moyano.

Luego está el tema del bolsillo. El de los trabajadores. Ese que mi muy respetado Omix dice, y con razón, que es lo único que debe interesarle a la clase obrera. Aunque luego agrega, y acá no comparto, que Moyano se cubre ante la exigencia del Gobierno de que aporte en un ajuste para el año que viene. Porque no creo, y ya a esto lo dije también, que vaya a haber un ajuste. Si uno pensara mal del jefe de la CGT debería decir que se quiere cubrir ante posibles descontentos por el desarme del esquema de subsidios, si llegara a haberlas. Sería, en tal caso, una deslealtad de parte de la CGT. No creo, igualmente, que vaya por ese lado, la cosa.

Ahora bien, la agenda cargada de reclamos materiales que desplegó el líder camionero ayer, tienen que ver, a mi criterio, con la disputa interna de la CGT, ante la cual Moyano necesita relegitimarse: y eso, en materia sindical, se hace con conquista de derechos. Pero eso no puede mezclarse con la disputa por la conducción del proceso general. Y además, de nuevo, ¿Macri, Binner, etc., son, serán, mejores para los trabajadores en términos de bienestar material? Fue Moyano el que colocó al kirchnerismo en el podio dentro de los corazones obreros, detrás de Perón y Evita. Y son los otros los que más le han ladrado, no Cristina.

Por ahora, esto solito, pues está cantado que habrá más noticias para este boletín, pero mientras no tengo otra que, parafraseando, reconocer que, por el momento, sólo sé que no entiendo nada de lo que está pasando. O casi.

3 comentarios:

  1. Muy bueno.

    Para agregar, como dato de color, así como este gobierno hizo mucho (todo, bah, porque del otro lado no pusieron nada) para mejorar la imagen de la clase política, absolutamente bastardeada luego de las jornadas de diciembre de 2001, asi también hizo mucho por la imagen de los gremios y los gremialistas. He ahí, entonces, una deuda de Moyano, para consigo mismo si lo que quiere es que algún sindicalista llegue a desembarcar exitosamente en la política electoral.
    No hace falta recordar que Facundo Moyano y Piumato estuvieron repetidas veces en un programa como 678, tampoco, ¿no?

    Abrazo gran.

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  2. Digamé, ¿cuál es el significado de esto?: "Lo lamento, compañero Moyano, pero acá somos defensores fanáticos de la legalidad democrática, la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho." ¿Desde cuándo el derecho a hablar, reclamar, presionar y hacer paro, en caso extremo, es ilegal? Ya sabemos que Perón suprimió el derecho a huelga, cuando los troskos ferroviarios lo andaban jodiendo pero hoy, para que no se pueda hablar, reclamar, presionar y hacer huelga sería necesario cambiar la Constitución... ¿no le parece?

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  3. Ricardo: no sólo eso, que es totalmente cómo apuntaste vos, sino que, además, se ha naturalizado socialmente el papel de los gremios en varias funciones administrativas de la gestión del Estado que significan un enorme capital de construcción política arraigado en lo social por afuera incluso de las propias estructuras de su base representativa. Abrazo enorme.

    Isabelita: no me reifiero a esos derechos que ha mencionado usted, sino a la posibilidad de un choque que pudiera operar como desgaste del capital de la Presidenta en términos de gobernabilidad. Un abrazo.

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