domingo, 27 de noviembre de 2011

Sintonía fina

Se está escribiendo poco desde el 23 de octubre a la fecha. Considerando el ritmo que traíamos. Año cargadísimo, hay una especie de sosegate. En algún momento me pregunté si estaríamos a la altura de dar las discusiones que se vienen. Me sigo, en verdad, preguntando lo mismo. Mucho más después del discurso en la UIA. Hace tiempo que vengo diciendo que la pérdida de poder de fuego por parte de los sectores opositores, tanto mediáticos como políticos, radica en que no entienden ni jota de por dónde va el país posneoliberal. Y operan con matrices inadecuadas que resultan estériles a los nuevos estados de situación a que deben enfrentarse. Quizás yo también estoy quedando fuera de órbita, y por eso me cuesta tanto descular los nuevos tiempos, lo que se ve reflejado en que mi frecuencia de posteo –además de que me acosan finales y jefes de trabajos prácticos varios- ha descendido. Mi renuncia está a disposición de quien corresponda si ya no sirvo (¿Y quién ha dicho que alguna vez sí he servido, no?). No quiero ser un estorbo. Más aún me quedan ganas de molestar. Y quiero usarlas.

Ajústense los cinturones.

Veamos: ante todo, acá no hay ajuste. Ninguno. ¿Fue ajuste el recorte del 13% nominal a los jubilados durante el gobierno de la Alianza? Si aquello fue ajuste, el recorte a los subsidios, entonces, no lo es. Hay la necesidad de hacer una autocrítica, porque muchos –quizás la mayoría- de esos subsidios significaron, en efecto, concesiones indebidas a quienes no las merecían bajo ningún concepto. Hay atenuantes, claro: las capacidades estatales estaban, a la fecha de implementación de los subsidios, pulverizadas. Si hoy resulta en extremo difícil imaginar cómo se hará para evitar injusticias en el desarme del entramado subsidiario, mucho más lo era cuando todo ello fue concebido e, insisto, llevado a cabo (bastante) imperfectamente. Eso sí: el recorte a algo que es llamado privilegio indebido, o derroche, nunca puede ser llamado ajuste: es un contra sentido.

Nadie se muere ni la memoria de Néstor se ensucia si se dice: ahí hubo metida de pata. Y mucha. ¿Está? ¿Quién va a arrojar la primera piedra, acaso? ¿O nadie hizo cosas peores que esas? ¿Estamos? Bueno, vamos. (De última, es audaz encararlo. Así sea tarde. Audacia tardía, pero audacia al fin. Como las universidades en el Conurbano y la Asignación Universal).

Fue Maquiavelo el que dijo que la palabra había que sostenerla sólo en tanto y en cuanto persistieran las razones que llevaron a uno a otorgarla. Las coyunturas actuales, las condicionalidades, los desafíos, se han, vaya novedad, reactualizado, luego de ocho años de gobierno. Por exitoso, pero ocurre al fin. El pueblo, a dichos respectos, ya se ha expedido, hace apenas algo más de un mes. Renovando confianza. Cosa juzgada, pues.

La gestión de los tiempos venideros, repito que no exento de desafíos, ni más difíciles, sino tan sólo, y lógicamente, distintos. Y entonces, manteniendo las banderas estratégicas, ha llegado la hora de readecuar tácticas. Decía Mariano hace poco que el objetivo fundamental del modelo es sostener el multiplicador. Virtuoso, repitió varias veces a lo largo de este año, y por diversas discusiones, en tanto la creación de empleo se sostenga.

Con motivo de avalar la contabilización de las reservas del Central en la cuenta de superávit fiscal, por caso. A la hora de rebatir el lugar común de consignar a la inflación como “un impuesto a los pobres”, también. Revisé bastante, más que lo habitual en los últimos días, Yendo a menos. Y encontré otro post, en el que el autor denuesta -por incongruente- una propuesta de campaña de Binner –devaluación con más eliminación de retenciones-, donde entre los comentarios el lector ‘juancho’ menciona que la variable de ajuste de tal esquema podría pasar por una regulación de salarios con desocupación en alrededor de 20%. Frente a esta última alternativa es que debe compararse el curso de acción que comienza a adoptar el kirchnerismo de cara a la nueva etapa.

Mariano –a quien le deberé disculpas por abusar de la cita, máxime si llegan a ser erróneas o no respetan el espíritu del autor- varias veces ha repetido que en la disyuntiva entre enfriamiento o inflación había que tener presente que puede ser peor el remedio que la enfermedad, entendiendo por esto, justamente, destrucción o desaceleración en el proceso de creación de empleo.

En uno de sus últimos posts, apunta que en ciertos sectores sociales –muy probablemente afectados, en adelante, por la poda en los subsidios- el efecto multiplicador se estaba viendo resentido. Lo que se verifica según él, por dar un ejemplo, en la dolarización del ahorro. Que es retracción de consumo. Y complica el multiplicador. De lo que he leído, me gusta la definición de Omix, del descanso de la escalera. Con matices: entiendo que hacen falta medidas concretas para atacar el nivel de desempleo que, aún siendo el más bajo de los últimos veinte años, es, todavía, considerable.

Los únicos privilegiados…

Hay quienes pueden esperar ahora: ya sean subsidiados actuales innecesariamente; o ansiosos por repartir –con toda justicia, y además derecho constitucional a hacerlo- ganancias. Al efecto multiplicador, tan famoso él, se lo cuidará mejor, y más, incorporando al consumo, en lo venidero, a los rezagados, que sólo los que han pasado a formar parte del mismo, y con cierta comodidad en algunos (varios) casos, en los últimos años.

Y entonces, vamos a la sintonía fina. Dije, entre ambos actos eleccionarios presidenciales, que en virtud de las particularidades de nuestra estructura económica se hacía necesario repensar las formas en que el Estado actúa en materia económica. La clave pasa, diría, casi por actuar mano a mano, sector por sector. Las soluciones generales, una devaluación a secas, no va a servir para atender el nivel enorme de complejidad de la trama socio/económica/laboral argentino. Y a todo esto lo abordó la Presidenta en su discurso en la UIA. En este marco hay, me parece, que atender las nuevas medidas. Ojo: por ahora. Hay cuatro años por delante, tiempo de sobra para afectar alguna otra renta extraordinaria y/o estructura de propiedad regresiva. Y nadie quiere volver a tropezar con la piedra de la 125, hay que ser, manteniendo objetivos y voluntad, más astuto que aquella vez.

Ahora bien, encarar políticas específicas destinadas al incremento de empleo, en esta etapa, requiere de reorientación de gasto, porque hay núcleos duros de exclusión que requieren ser atendidos con un bisturí mucho más fino del que se ha utilizado hasta esta hora. Claro que, para eso, hace falta más dinero del que ya se tiene. Porque habrá que ser agresivos, en un escenario de disputa que, más que nunca tras la catástrofe electoral opositora –no es menor tanto silencio del Grupo A post 23/10, habiendo tanta tela para cortar, tanta chance de carro corporativo al que sumarse, aunque quizás hay divorcio por fin, o entendieron que no fue (ni es, ni será) negocio-, será mano a mano con la oligarquía diversificada. Cómoda, ya, como para esforzarse en dar una mano para incluir más en adelante. Habrá que obligarlos, pues, y eso sólo se puede con dinero en mano.

Eso sí: todos, más ante el despelote mundial que se aproxima, tienen que estar adentro. El contexto internacional, si bien más aliviado atento que, por ejemplo, los niveles de deuda actuales son ridículos en comparación con otros tiempos, exige no desviar la atención con actitudes rupturistas. Hace falta mucha mirada de conjunto. Con conducción, faltaba más, centralizada. Y legitimada para tal convocatoria. Cristina, se desprende de sus palabras ante la UIA, reúne capacidades, voluntad y respaldo.

¡Y dale con Pernía!

Del mismo modo, en lo que hace al reparto de ganancias sostengo una posición, digamos, ecléctica. No creo que puedan atenderse las múltiples situaciones y posibilidades que puede deparar la instauración de tal derecho constitucional. Montos, formas de pago, diferencias entre PyMES y grandes establecimientos, la situación de las cooperativas, en fin. Demasiado como para pretender abordarlas todas en un instrumento de carácter general.

Pero también pifia, entiendo, CFK al decir que el tema debe derivarse a la discusión paritaria regular. Sí es cierto que el mecanismo debe ser similar, por cuanto será lo que mejor se adapte a las ya citadas disparidades del entramado productivo; pero una situación especial como el reparto de ganancias merece otra ocasión –al momento del año, me refiero-, igualmente especial, de discusión. La salida deba ser el establecimiento, por ley, de la obligatoriedad de constitución de una mesa similar a la de la negociación colectiva, pero específicamente destinada al tratamiento de ganancias. Con exhibición, también ineludible, de libros por parte de los empresarios: acá va a haber tela para cortar, no sólo por lo que hace a la repartija.

Por allí alguien dijo que estratégicamente es una contradicción de libreto la de Cristina el proponer la discusión entre sectores de ganancias. No será así si se respeta la orgánica de las paritarias, en la que el Estado, mediando, es actor fundamental. Sí, y como elemento distintivo entre ambas cuestiones, hay que pensar en la ineludible participación de mayor cantidad de ministros en el tratamiento de ganancias. Ampliar la mirada, por cuanto se hablará, también, de posibilidades de reinversión de las utilidades.

De nuevo, suponer que porque la Presidenta delegó en paritarias la discusión por ganancias hay ajuste, retroceso, nunca más (en vez de nunca menos) o cosa por el estilo, es nada más que un exceso chicanero. Cristina puso y pone todo en discusión: de ningún modo solamente los beneficios y el bienestar de los sectores populares o de clases apenas medias. Se abre un marco de discusión, donde hasta la inflación ha dejado de ser un tabú, pero en el que habrá que particularizar todo, con los que todavía no alcanzados por los beneficios de ocho años como objetivo primario e ineludible de cualquier curso de acción. Al cual deben someterse tanto rentabilidad, niveles de inversión, destinos de utilidades; como así también las disparidades al interior del propio mundo laboral.

No es menor -y debería haberse subrayado más-, que un jefe, jefa en este caso, de Estado argentino haya calificado a Caseros como una derrota nacional. Que lo fue, claro, sólo a un necio, o a alguien que sea muy bobo o ignorante (o interesado), puede escapársele tal cosa. Todo eso en la jeta de los más altos representantes de rancias expresiones del establishment argento. Perfectamente compatible, además, con la postura no neutral que en esta pelea (que incluye, además, la disputa -por los modos de encarar el desarrollo a futuro- con el modelo de valorización financiera –que garantiza niveles menores de empleo: y también de salarios, claro-) enuncia tener la Presidenta.

La conducción

Las cuestiones con Moyano tramitan por cuerda separada. Hay, en ese caso, la disputa por la paternidad del modelo. Y será dura, y que lo sea: esto no es un té de señoritas, y a mí no me aterra que se ladren. Que tal cosa dañe las sensibles almas del liberalismo local es algo que me tiene muy sin cuidado. Tengo bien claro que, si se la racionaliza, una puja de ese tipo no le hace "daño al país" ni cosa parecida. Cosas que quedan bien en boca de mi abuela ("se pelean por poder, para llenarse los bolsillos y nada más: y lo sufriremos todos"), que es buena pero no sabe un pomo de política.

Quien me haya leído alguna vez sabrá de mi admiración por Moyano. Uno de los mejores de los nuestros (quizás el mejor). Que no tembló para encabezar -y acumular los mayores méritos- la resistencia durante la época en que tuvo lugar la más terrible pauperización del sector trabajo de que se tenga memoria en nuestro país. Moyano siempre, durante aquellos años, se paró de manos. Los tontos se horrorizan porque De La Rúa pagó coimas para sancionar una ley. No por el contenido de la misma: en el combate a la esencia y no a la forma de aquella ley, radica el valor de Moyano.

Hay desprecio y soberbia a ambos lados del mostrador. CFK y Moyano, ambos necesarios, se lastimarán más que nada a sí mismos si llegan romper mal. Para esto también vale: las cosas han cambiado, Moyano no puede pretender discutir el liderazgo del actual proceso. Porque, entonces, su derrota en tal disputa, aún cuando triste, sería deseable. Por aquello de que debe mandar el Estado. La visión de conjunto.

No hace falta llegar a eso. No se justifica. Para los dos va. Par de… zonzos. Con todo respeto a la investidura de la compañera señora Presidenta.

2 comentarios:

  1. Muy intersante este blog que descubro recien hoy. Te felicito por tus analisis.

    Valeria

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  2. Gracias, Valeria. Espero tenerte seguido por acá. Pero así no te saco quién sos, ¿te conozco, acaso?

    Un beso.

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