martes, 18 de octubre de 2011

La continuidad del modelo

El amigo Mariano, dueño del recomendable Yendo a Menos, ha dado testimonio, con sus posts, de lo inadecuadas que resultan las sentencias de las academias de la economía para abarcar la complejidad de la estructura socioeconómica argentina, aplicadas con independencia de las particularidades de nuestra coyuntura.

Esto sería, por qué aquello que sería un resultado de derivación “lógica” en situaciones ideales –aquellas en base a las cuales se elaboraron las teorías de las escuelas dominantes de la economía-: justamente, porque la nuestra dista de ser una situación ideal, especialmente porque los niveles de desarrollo de la estructura socioeconómica argentina son altamente dispares, sobre lo que habría para llenar mucho espacio en varios ítems.

Cristina se ha erigido en líder nacional por encima de las disputas sectoriales porque ha sido capaz de comprender la problemática enunciada en los dos primeros párrafos del presente post.

Ha desarrollado, la Presidenta, una política de incorporación de sectores con intereses contrapuestos y/o suplementarios, que han comprendido la conveniencia de confluir bajo su conducción que se maneja con criterio adaptativo bajo la única premisa de que las cuentas no las pagarán las espaldas populares.

Pero, también, con plena conciencia de que no conviene ceñir el camino a un menú reducido de opciones a la hora de tomar las medidas necesarias, siendo que muchas veces, como decía arriba, en el plano concreto y específico de la economía argentina una decisión puede arrojar consecuencias prima facie imposibles de prever si se siguen los manuales (tanto de la ortodoxia como de la heterodoxia), como no sea porque se cuenta con el acompañamiento de los sectores que serán afectados por las decisiones de gobierno.

Lo conocido, entonces, tampoco acá alcanza. El kirchnerismo ha construido, por necesidad (obvio), respuestas a problemas cuyas estrategias de interpelación no están escritas en ningún lado.

Un ejemplo de lo antedicho es el ingreso de directores por parte del Estado a empresas privadas en cuyos capitales sociales tiene participación la ciudadanía a partir de la recuperación de la administración de los fondos previsionales, decisión vital a los efectos de disciplinar a las elites del poder fáctico en función de afectar rentas que funjan de sustento para la profundización de las estrategias de mejora de los índices socioeconómicos –ítem en el cual nadie ha demostrado mayor probidad que los gobiernos del FPV, desde 1983 a la fecha-, siendo centrales, en tal sentido, las decisiones de inversión –compromiso con el futuro del actual rumbo económico-, tarea para la cual el Estado está llamado a ocupar un papel activo, central; y para la cual no alcanza ya con las medidas fiscales y/o monetarias.

Esto es, sí, populismo, porque sectores con demandas en apariencia contrapuestas se identifican, todos, en el liderazgo gestivo de Cristina. El populismo es un formato de representatividad, y no la pretensión de contentar a las masas estúpidas con satisfacciones “innecesarias” a corto plazo despreciando “lo realmente importante” a futuro. Por eso los hay de derecha tanto como de izquierda.

Y parece que no habrá otro camino posible para construir vehículos de canalización de intereses en Argentina, al menos por ahora.

Pretender un modelo acabado y completo es, en este marco, pedir demasiado. Basicamente, hay una impronta kirchnerista, y capacidad para leer las necesidades y contradicciones de los diversos actores sociales de la compleja trama socioeconómica en la cual gestiona, actuando en consecuencia y operando en dirección de construir las mejoras que demanda el sector principal que da sustento a su dispositivo político/partidario/electoral –algo para lo que está en condiciones inmejorables, siendo que los sectores del empresariado también se están referenciando en la jefa del Estado-.

No obstante ello, y como venimos diciendo hace un buen tiempo, Cristina no será eterna. Es necesario, entonces, desparramar el nuevo sentido de gestión en construcciones institucionales a lo largo y a lo ancho del país –para atacar, también, las desigualdades territoriales-. Construir Estado (expandirlo, desplegarlo por todos los resquicios de la sociedad) que, vía gestión concreta, impregne de estabilidad y proyección los nuevos tiempos; o sea, la verdadera garantía de continuidad del modelo.

Como dijo el domingo último Hernán Brienza, Cristina es la única capaz de llamar a un pacto social, es el momento ideal ahora que ninguno de los sectores cuestiona su legitimidad, y es una tarea que no puede demorarse más tiempo por cuanto se necesita que todos estén adentro para encarar el perfeccionamiento en términos de -por ejemplo- generación de empleo de calidad e inversión en sectores productivos. El resultado del domingo próximo también dirá mucho sobre estas cuestiones.

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