domingo, 23 de octubre de 2011

El triunfo que construimos entre todos


Qué más se puede decir –en cuanto a profundo, me refiero- que ya no se haya dicho desde que este vendaval se preanunciaba, especialmente desde las PASO. Conviene, pues, remitirse a todo aquello, y a lo mucho que otros compañeros, con mucha más capacidad de análisis que uno, seguramente escribirán en los días venideros.

Segundas Lecturas se abrió cuatro días después de la derrota de Néstor Kirchner frente a Francisco De Narváez en 2009. Vaya momento para salir a la cancha, aquél. Es portador de la impronta que sembró Néstor Kirchner, eso de militar los (supuestos) imposibles. Como leyenda, aún con Él en vida, Segundas Lecturas llevaba “Cristina Fernández de Kirchner 2011”.

El martes 20 de marzo de 2008 hubo en Plaza de Mayo un cacerolazo pro patronales del "campo" que buscó forzar la renuncia de CFK a la presidencia, cuando recién llevaba tres meses de gobierno, por haber intentado, esa presidenta que apenas despuntaba, generar una medida pro redistribución del ingreso a favor de los humildes y laburantes de esta patria. Desde aquél día tengo atragantado en el pecho un grito de desahogo inmenso.

Me han dicho las peores cosas. Me han insultado, maltratado. Se han burlado de mí. Me han tildado de las peores cosas. En 2009 comencé a intentar poner un granito de arena para evitar que todo se nos fuera al demonio, como parecía que podía llegar a ser. Hoy, Cristina fue reelecta. Amplísimamente. La utopía se hizo realidad. Néstor enseñó a emprender epopeyas. Esto de hoy es, mayormente, gracias a él. A todos aquellos que alguna vez me faltaron el respeto por cuestiones políticas, no les guardo rencor. La historia tiene justicia poética: tarda en llegar... pero algún día llega.

Yo siento que he aportado a este triunfo. Poco, casi nada. Pero algo, seguro. La potencia del proyecto que conduce Cristina –que rompe varios récords nada menos que tras ocho años de gobierno, lo cual da una idea de lo que se considera que ha sido su desempeño- reside en, primero, haber reconstruido los lazos de representatividad con el pueblo –la herramienta democrática e institucional insuperable de que se ha valido el kirchnerismo para encarar la construcción de un proyecto renovado, a partir de la ruptura con el programa de gobierno del bloque de clases dominante, hegemónico entre 1976 y 2003-; y segundo, en haber hecho parte activa –ya no meramente receptiva- de la acción de gobierno.

Cristina no sólo tiene votantes y militantes -en el sentido clásico de ambos términos-: empujan su candidatura, la “laburan” –en el más amplio de los sentidos-. Floreció kirchnerismo, de manera silvestre, si se quiere; se escurrió por entre los dedos de los esquemas conceptuales a los que estaba acostumbrada desenvolverse la disputa política, y de allí la caducidad de los formatos de representación opositores, proceso al que me he referido varias veces en los últimos tiempos. Supondrá, eso, un cambio conceptual en el modo de concebir a la ciudadanía y la competencia política de acá en adelante.

Se expresa, también, en un dato peculiar: la de hoy es la primera elección presidencial cuyo vencedor no es el que ese establishment al que arriba hacía referencia deseaba que venciera. Más aún, ha ganado el proyecto político y de gobierno al que mayor combate se le ha presentado desde los poderes fácticos en 28 años de democracia recuperada.

Este episodio no será, sin dudas, uno más. Algo tendrá que cambiar, en adelante, si de una elección presidencial surge un segundo que no llega a reunir uno de cada cinco votos nacionales. La sociedad tiene que ser repensada desde varias y muy distintas perspectivas, Cristina lo ha entendido instando, desde sus discursos de agradecimiento, a la reformulación de los relacionamientos sociales de todo tipo, al interior de la coalición oficialista en particular, y a los actores de los distintos intereses en todo el país, especialmente a lo que debe ser la interacción de los mismos en términos institucionales a partir de una sociedad que ha convalidado, a partir de las conquistas conseguidas en ocho de años de gestión, acciones e improntas: el instrumental, digamos, que lo ha hecho posible.

Nada será igual, a futuro, luego de ser revalidado ampliamente un proceso de ampliación/recupero/incorporación de derechos. La gestión y el legado conceptual que todo esto que implica el kirchnerismo, en los diversos campos cuya gestión se ha expresado.

El triunfo tiene que ser dedicado, en primer término, a Perón y Evita, inspiradores máximos del campo nacional y popular dentro del cual se inscribe este proyecto de gobierno. En segundo lugar, a Néstor Kirchner, que reconcilió al Movimiento Peronista con sus valores y representados y adherentes originarios. Y por último, a los que nos votaron, a los que no nos votaron; pero, fundamentalmente, a todos aquellos a los que todavía no les ha llegado la acción reparadora del modelo conducido por la Presidenta: los pobres y laburantes de la patria, a favor de cuyo bienestar está dedicado, principalmente, un gobierno como el que hoy acaba de ser reelecto, en gran medida gracias a que, como ninguno, ha combatido a la exclusión social.

Y para análisis sesudos, ya habrá tiempo: hoy es hora del festejo, que bien merecido lo tenemos los que lo hemos hecho posible. Un cambio cultural, ése, fenomenal. Que nos llama a muchos otros desafíos de acá en más pero con, por ahora, la satisfacción del deber cumplido.

2 comentarios:

  1. felicitaciones para todos nosotros que logramos esto que es tan bueno para la nación!!!

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  2. Hola Pablo

    Esto es como un abrazo gigantesco a través del país con tantos hermanos de ideales que quieren terminar de convertirse en realidad.
    A gozarlo
    Abrazo

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