jueves, 20 de octubre de 2011

Cierre de campaña bis

La escenografía del cierre fue perfecta, en tanto resumen de lo ofrecido de cara al 23/10.

Primero: aquellos que han sido beneficiados por la obra del Gobierno, y quieren contarlo, en primer plano. Después de todo, si a favor de ellos es que se ha hecho todo lo que se cuenta como logros del mandato, qué mejor que hacerles un lugar para que salgan a defender y militar lo que han conseguido. Varias veces, durante las malas, se le achacó al kirchnerismo que era un error táctico/estratégico no movilizar para defenderse. Ha, parece, solucionado eso.

Segundo: la confluencia de todos los integrantes de “la fuerza de” simbolizan otras dos cuestiones muy importantes de la potencia del proyecto político del peronismo kirchnerista. Ante todo, que la Presidenta ha conseguido articular dentro de un mismo colectivo sectores con demandas diversas entre sí, pero bajo la premisa de que les irá mejor actuando juntos, aunando esfuerzos. Por trillado que pueda sonar, entendiendo que el todo es más que la suma de las partes.

La otra cuestión importante a apuntar tiene que ver con la reconstrucción de los lazos de representatividad. Cristina corre con ventaja por la sencilla razón de que ninguno de sus rivales sería capaz de poner en un escenario ni una sola persona de carne y hueso que se sienta representada por una propuesta alternativa. Porque han decidido dejarlos de lado y representan intereses que a ellos, las llamadas gentes de a pie, no los cuentan. ‘La’ oposición ha elegido no representar ciudadanos, que sí se sienten interpelados por el kirchnerismo, al que luego le corresponden cuando son convocados a laburar la herramienta que les permite avanzar.

Cristina, su conducción, es el instrumento que hace posible el proceso de empoderamiento de las clases populares que se vive en Argentina desde el 25 de mayo de 2003. La jefa del peronismo se ha convertido en la garantía del éxito de la síntesis que hoy sólo se hace posible en base al liderazgo potente que su persona expresa –de ahí su enorme potencial electoral-.

Desde su lugar de sintetizadora interpela y da la disputa por agrandar los márgenes de maniobra por sobre las potestades que hipotéticamente puedan reclamar los distintos integrantes del espacio, sobre la base de la conclusión de que esa ha sido la garantía del éxito. Moyano tiene que entender que el proceso de empoderamiento social ha incluido también a los trabajadores: se expresa en elementos como las paritarias, el Consejo del Salario Mínimo y la candidatura a diputado nacional de Facundo Moyano.

Pero en esta coyuntura, concreta, Moyano, como parte de un todo superior, tiene que comprender que CFK no soltará la mano de los trabajadores (no es neutral, está por la inclusión social, dijo la primera mandataria), primero; y, de nuevo, que el futuro del Movimiento Obrero Organizado no hallará mejor amparo que la construcción amplia y heterogénea que se exhibió en toda su dimensión en el cierre del Coliseo. Por lo demás, a las disputas por poder hay que racionalizarlas, perderles el miedo. Aquello de que “si se pelean entre los políticos pierde la sociedad”, está muy bien para las colas del supermercado, pero el análisis político requiere de otra mirada, más profunda en las complejidades sociales (siempre y cuando, claro, aquella disputa no se exceda más que de los términos de lo que específicamente hace a la conducción del juego).

Para la anécdota quedan la apelación a lo emotivo, la campaña publicitaria, todo ese resto. Lo esencial está en los que dicen agradecer y venir a prestar su colaboración para ir a por más, a buscar a los que todavía no consiguieron despegar, que por lo cierto los hay. La permanencia del kirchnerismo dependerá de la medida en que sea capaz, el todo, de funcionar con independencia de la persona que sea que conduce. Serán otras discusiones, para otros tiempos. Como colectivo, nada aparece mejor preparado para el futuro que esto, pero, justamente, esperemos al futuro.

El llamado a la institucionalidad de veras, en un tiro por elevación a ese atentado en contra del verdadero republicanismo llamado Julio Cobos, es toda una declaración de principios: acá es que militan esos valores, nosotros somos el gobierno representativo del pueblo, dice Cristina y se encarga de aportar soporte probatorio al respecto.

Cristina es fuerte porque había en el Coliseo mucha mayor cantidad de peones dispuestos a remar por su causa de los que había en el último coloquio de IDEA con ganas de tumbar la barca (siendo, además, que varios asistentes a esa tertulia van cayendo en la cuenta, también, de que nada hay más conveniente que poner las patas adentro de esta fuente).

El acto de cierre de campaña, con muchos militando una causa política que muy probablemente vengan del palo de los que pedían que se fueran todos hace, apenas, diez años. Y es todo un dato de los nuevos tiempos. De lo que hemos vivido. De lo que ojala podamos seguir viviendo.

Un proyecto de país, frente a los distintos exponentes de la disputa de intereses jugada en forma egoísta. Con la destreza de la conducción a la hora de tener que explicarlo. Y si no, que le pregunten a los que estuvieron en el escenario, junto a CFK-Boudou 2011.

1 comentario:

  1. Me quedó la impresión, además, de que se mandaron dos mensajes fuertes. Hacia afuera y hacia adentro: que la que gana es CFK. Se cumple eso del Huracán Cristina, dueña de los votos.

    Muy bueno el post.

    Abrazo.

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