martes, 2 de agosto de 2011

¿Viento de qué?

“Chau, default; hola, ajuste”, dice Página 12, en tapa –en un recuadrito chiquito, arriba-, el lunes posterior a la reelección de Macri en el balotaje porteño. “El plan contempla fuertes recortes del gasto público para evitar que el país entre en suspensión de pagos. A cambio, el presidente consigue que la extensión de la deuda se vuelva a votar pasadas las elecciones de noviembre.”, reza el copete de la nota en páginas 22 y 23.

El día anterior, en el mismo matutino, el GPS firmó una bonita editorial al respecto de los recurrentes estallidos sociopolíticos en Europa y la casi caída en la quiebra del Imperio. En los últimos tiempos, el bipartidismo ha cedido espacio en la UE. “Las dos fuerzas dominantes interpelan una fracción menor de los electorados en Alemania, Reino Unido, Holanda, Finlandia, Grecia y Portugal. Las mermas son significativas, las alternativas que surgen muy variadas.”, apunta, Wainfeld, antes de mentar a Los Indignados españoles. Y, promediando la nota, agrega que “La Vulgata dominante en la Argentina propone al primer mundo (y algunos países cercanos) como modelos de convivencia política y cooperación. La Moncloa permanente, bauticemos. La rigidez de las posturas opositoras en España y Estados Unidos refuta esa versión escolar.”.

El sábado 30, siempre de Página hablo, Rulo Dellatorre escribe, en el ‘Panorama Económico’, y respecto de la falsa opción estadounidense, que “en el debate político ya se impuso como verdad absoluta que ‘lo que todos quieren’ es que el gobierno federal se ajuste el cinturón, reduzca ‘gastos excesivos’, busque ‘equilibrar las cuentas’ (…) triunfo político en este plano de la derecha que hasta la propuesta “progresista” de los demócratas en el Congreso incluye una reducción de partidas de gastos sociales, ‘pero no tan abrupta’ (…)”.

Días pasados, en un blog amigo de la casa, Los Huevos y Las Ideas, su editor nos ilustraba acerca de una categoría política que él mismo –creo- denominó ‘Populismo Liberal’, a saber: “La socialdemocracia, como modalidad de representación y expresión republicana, se encuentra en franca decadencia. Los países europeos, sus ejemplos por excelencia, optaron por resignar soberanía económica cuando adhirieron a la liberalización del comercio que condujo a la adopción del Euro como moneda única. Socialdemocracia entonces, hoy, significa menos que antes. En EE.UU. la disputa está planteada alrededor de unos pocos tópicos. Republicanos y demócratas acuerdan a grandes rasgos mucho más que lo que las pequeñas diferencias que sostienen los separan.”.

“La derecha progresista aplica los ajustes del consenso de Washington, sin consenso de los votantes, ese incordio, con la cara de la socialdemocracia”, decía, hace poco, Lucas Carrasco, casi evocando un concepto de Rafael Correa, que suele decir a Sudamérica jamás la invitaron a consensuar nada con Washington, todo se lo impusieron.

Nosotros, finalmente, este año, y a propósito de las manifestaciones indignadas en España, dijimos que nada de eso que estaba ocurriendo por allá nos extrañaba, que la explosión se daba en clave “antipolítica” (entrecomillado porque es una categoría a discutir) en razón de que se vive, allá, en una falsa opción democrática entre partidos que en nada desacuerdan (y que, por ende, ninguna alternativa ofrecen) generada por un cierto fanatismo consensual detrás del cual subyació, siempre, la idea de galvanizar, a salvo de interpelaciones populares, las decisiones antipopulares que los Estados adoptaron, en los últimos años, a favor de los sectores del privilegio y en desmedro de las clases trabajadoras del mundo, en un fenómeno que Sudamérica toda vivió entre fines de los ’90 y principios de los 2000.

Está en discusión, a partir del triunfo del ahora amigo Maurizio en Capital, una lectura que propone que el resurgir del país de sus cenizas a partir de 2003 que, a mi criterio, fue producto de la acción de gobierno del kirchnerismo, es en realidad un fenómeno, diríase, natural, que lo experimentó el mundo entero, traído por algún supuesto viento de cola --aunque, y esta es la parte de la historia que les falta contar a los que sostienen lo antedicho, este sopla claramente para otros lados desde fines de 2008 a la fecha, aún cuando (y no lo decimos nosotros, solamente) Argentina, producto de decisiones de su gobierno, distintas de las que se toman por otros lados, supera esas vicisitudes, entonces, con mejor suerte--. La matriz de ese discurso apunta a desmerecer las propuestas políticas de fuerte anclaje ideológico, favoreciendo, en cambio, la instalación de visiones --como la de PRO-- de corte más parecido a las que apuntamos que están haciendo estallar los tejidos sociales de otrora temibles potencias mundiales, más proclives a sentenciar que existe sólo una forma de administrar (y no gobernar) el Estado, y que el ascenso social ciudadano no se debe a otra cosa que al esfuerzo propio de cada individuo, denostando --como estrategia de campaña-- a los “incordios” que le provocan a los ánimos humanos las discusiones de intereses.

Néstor Kirchner hizo escuela en cuanto a darse garantías --dárselas a la gestión, en realidad-- para tener la posibilidad de contar con recursos para destinar a la aplicación de políticas públicas favorables --peronismo que es esto, a fin de cuentas-- a los sectores populares, y de ampliación de los márgenes de acción del Gobierno a tales fines: en esa dirección apuntaron el fanatismo por los superávits gemelos, la acumulación de reservas en el Central y la cancelación de la deuda que Argentina mantenía con el FMI (con esto último, rompió una falsa disyuntiva entre privilegios de deudas, porque saldar pasivos externos no impidió que entregara, el 10 de diciembre de 2007, un país con menor cantidad de pobres, indigentes y desocupados de los que había al 25 de mayo de 2003).

La decisión de reinstalar las discusiones paritarias y del salario mínimo, vital y móvil, al tiempo que se banca, desde el Estado, el avance de la capacidad de acción del Movimiento Obrero Organizado, caminan por la misma avenida. Del mismo modo, fugó (ya con Cristina al mando de la nave, a principios de 2009) hacia delante cuando la discusión por la aplicación de reservas internacionales al pago de vencimientos de deuda externa, en vez de caer en nuevo endeudamiento, default o ajuste, como proponía la totalidad del arco opositor bajo la falsa excusa de que su negativa a la estrategia gubernamental tenía que ver con un desacuerdo formal, porque la medida se instrumentaba vía DNU.

CFK hizo, también, mención de ello en ocasión de anunciar su compañero de fórmula para las presidenciales de este año: la necesidad de afectación de rentas privadas como paso previo (necesario e ineludible) a la toma de cualquier decisión, que, al tiempo de proveer de los recursos para sustentarla, amplia las capacidades de maniobra del que manda en un juego de disciplinamiento político: sería imposible pensar en la AUH sin el recupero de la administración de los fondos previsionales, por caso, como recordó la compañera Jefa.

La peronización del kirchnerismo, el que haya asumido --desde 2007-- que su identidad es de neto corte populista, no tiene que ver con otra cosa que con la necesidad de dotar de mayor virtuosismo a su capacidad de interpelación a las necesidades de las mayorías populares a las que representa y a las de aquellos a quienes no ha podido alcanzar, todavía, con su acción de gobierno. A la vez, claro, de, políticamente hablando, no confundir su propuesta con las de todos los integrantes del Grupo A, que no representan, entre sí, nada distinto. Como bien dijera Mariano Grondona, “yo me siento menos lejos de Pino”, sin que el directo de cine sintiera necesidad de marcar distancias con el ex asesor del dictador Juan Carlos Onganía.

En este marco, a la luz de los últimos sucesos políticos mundiales, y en honor a lo que propuse como guía de campaña en mi anterior entrada, podemos discernir si el kirchnerismo ha tenido que ver o no con los avances experimentados por nuestro pueblo a partir de 2003, y si tiene sentido, de cara a los comicios presidenciales venideros, renovarle la confianza a una propuesta política como esta o si, en cambio, conviene entregarle la gestión del país a fuerzas que se confunden (las más de las veces, demasiado) con todo el tenebroso cuadro ajeno a nuestras tierras que intentamos evocar con las citas que encabezan el presente aporte. ¡Y olé!

2 comentarios:

  1. Muy buen post, Pablo.

    Los opositores que piden parecernos a países supuestamente serios quedarían pedaleando en el aire si el electorado menos politizado, un día, se equivocara y pusiera 678, je. Digamos: no pueden salir Duhalde y Macri a decir que tenemos que tener mejores relaciones con Brasil cuando el día anterior Lula dijo que quería votar por Cristina.

    Gracias por la cita y veo que venimos en sintonía.

    Un abrazo.

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  2. Soy Pablo: Lo dicen porque se manejan, justamente, en el lenguaje de la ignorancia. Ese es el temita nuestro: somos hijos de una complejidad que cuesta insertar políticamente. Macri, en cambio, lo es del simplismo. De nada por lo de la sintonía, usted se lo merece.

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