viernes, 26 de agosto de 2011

Recopa II de II. En el umbral de la gloria

"Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar", Eduardo Galeano.

Un análisis desapasionado y fundado exclusivamente en elementos “racionales”; digamos, cotejando equipo contra equipo (y jugador contra jugador), debía, obligatoriamente, concluir en que Independiente no tenía chance, ninguna, de vencer a Inter de Porto Alegre. Que ha sido, en los últimos años, entre los equipos del continente, uno de los de rendimiento más regular: siempre entre bien y muy bien.

¿Por qué, entonces, además del harto repetido “hay que estar en las buenas y en las malas”, igual se generó entusiasmo en la parcialidad roja?

Bueno, pues, porque el fútbol tiene poco de la pretendida lógica matemática que quise significar en el párrafo anterior: en efecto, tantas veces ha pasado que la banca terminó saltando y el punto dio la sorpresa (más en un juego que está dominado, como diría el maestro Dante Panzeri, por la "dinámica de lo impensado"), que esa precaución analítica de los "expertos" –de no dar por sentado nada en un juego de patrón de movimientos indefinido, y que, por si fuera poco, alberga millones de posibilidades cambiantes: tantas como combinaciones humanas se puedan conjugar en un terreno de juego-, se convierte en llama (fogón, debería decir) de ilusión en los hinchas. Inclaudicable, desatiende cualquier intento de "racionalidad".

Sí, Independiente dejó la sensación de haber sido más en el global de ambos partidos. ¿Por qué perdió, entonces? De nuevo, éso; es decir, “haber sido más”, poco importa en este deporte.

Inter fue mejor donde era imperiosamente necesario serlo. Como dijera el barón Carl von Clausewitz, teórico táctico/estratégico de la ciencia militar (probablemente, el mejor en lo suyo), que enseñó que no era necesario ser siempre fuerte en todos los frentes de guerra; sino en el específicamente necesario, en el momento adecuado: lo que, entre otras cosas, explica que muchas veces un ejército pequeño numéricamente derrote a otro superior en ese aspecto. Concentrar fuerzas en los lugares clave. Con el detalle de que el que cumplió con dicha premisa, en las finales de la Recopa, fue el fuerte.

Lo antedicho es un aspecto básico del fútbol en sí mismo, mucho más de una final de Copa internacional. Independiente planteó un partido de igual a igual, y en muchos momentos –por no decir que en la mayor parte de los ciento ochenta minutos de juego- dominó del trámite. Nada de eso importa si, como ocurrió en el primer gol de Inter en la revancha, un marcador de punta “olvida” que tiene que cubrir el lugar del central que fue a relevar al costado; y, en vez de eso, va a marcarle la espalda al delantero rival, dejando un espacio libre en el medio del área por el cual se terminó colando -el '9' rival- para rematar (a Milito lo pasaron demasiado fácil, la respuesta de Navarro fue muy débil, pero el desconcepto es anterior).

Los planteos tácticos/estratégicos de Mohamed, tanto en la ida como en la vuelta, no estuvieron mal, pero errores puntuales te tiran abajo cualquier andamiaje, que, naturalmente, está pensado a partir de una situación que se derrumba como un castillo de naipes ante el menor soplido si los detalles menores, esos que cualquiera da por sentado que no van a ocurrir, ocurren. Una pena.

Algunas cuestiones, mínimas, yo sí marcaría (específicamente hablando de la revancha): Fredes (cuya actuación fue consagratoria, y es, a esta altura, el mejor del equipo, lejos –o, por lo menos, el más completo-) no debió ser ‘carrilero’, sino ‘doble cinco’, para estar más cerca de Malevo Ferreyra –otro de buen pie, sabe mucho pero tiene que ser más constante, se nota que le falta pretemporada- y con el arco de frente. Además, faltó desborde por derecha: el juego de ataque estuvo, así, descompensado, incompleto.

El equipo, eso sí, dejó todo. No hay mucho para reprochar, ni en cuanto a actitud, ni tampoco tanto en cuanto a 'juego'. Hay, sí, atenuantes: faltaron los dos anchos en el primer partido, y el de espada en el segundo (además, Parra jugó, con suerte, al 50% de sus posibilidades). Demasiado para un plantel corto y modestísimo. Varios goles errados, sí, también (escribo, en vez de hablar, por ejemplo, porque todavía tengo atravesada en la garganta la atajada del arquero brasilero a la volea -a la carrera, pero muy débil- de Iván Vélez).

Lo mejor de todo este renovado andar de Independiente –raro, por cierto- por la escena internacional, es que lo han caminado valores de inferiores: pibes que son buenos, se han consolidado o van en camino a hacerlo, y se han comido, ya, varios, y saludables, porrazos (porque les llegaron de jóvenes, cuando mejor los pueden aprovechar y, como en el judo, convertir lo que los atacó en virtud propia, si se deciden a aprender de todo esto). Vaya esto para Julián Velázquez, Galeano (Leonel, no el de la reflexión que inicia este post), Báez, Godoy, Fredes, Pato Rodríguez, por qué no Nieva.

Y entonces vuelvo a lo de Galeano (ahora sí, Eduardo). Porque resulta que las utopías nadie las camina mejor que los pibes. Y quien te dice no sale algo muy bueno de toda esta amargura. Que siempre es momentánea. Impostora. Accidente. Alterable. Como el triunfo.

Puntajes: 1- Hilario Navarro (3); 6- Tuzzio (4,5), 2- Julián Velázquez (6,5), 18- Gabriel Milito (3), 3- Maximiliano Velázquez (6); 8- FREDES (7,5), 7- Cristian Pellerano (6), 22- Iván Pérez (2), 11- Osmar Ferreyra (6); 19- Marco Pérez (4,5), 17- Parra (5). Ingresaron: 13- Iván Vélez (5), 9- Leonel Núñez (-), 20 Matías Defederico (-).

1 comentario:

  1. Muy bueno Pablin, no comparto lo de Pellerano, no quitó, no tocó, no pateó, no corrió, muy malo lo del miercoles, y bueno ojalá veamos un rojo poblado completamente de juveniles...Comparto lo de Fredes, y esperemos mejorar..Saludos

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