sábado, 13 de agosto de 2011

Recopa I de II. Bien, pero...

Mohamed muy inteligente. Se equivoca, claro, como todos. El tema es que los errores que comete son, quizás, los que más sufre el futbolista: cambia demasiado de esquema, y, por ende, muchas veces también de nombres. No privilegia, entonces, Turco, la estabilidad. Aclarado, ya, ese primer concepto, déjelo ahora de lado, estimado lector/a, siquiera por un momento, hasta que termine el post. No para derribarlo, sino porque, en la tarea de analizar lo que fue el desempeño de Independiente en la primera final de la Recopa, conviene apuntar algunos matices.

Mohamed necesitaba, imperiosamente, esta vez sí, efectuar unos cuantos cambios. Por sendas lesiones de sus anchos, de espada y de bastos: eso son, para la actualidad del segundo grande del fútbol argentino, Patricio Rodríguez y Parra. Con el agravante, en el caso de Pato, que el equipo descansa –excesivamente- en la descarga hacia él, por las propias características del juego del hoy 10, capaz de imprimir saludables dosis de explosión y velocidad al ataque, cosa que, en este Independiente, depende casi exclusivamente de él.

En ese entendimiento, Mohamed debía, no sólo readecuar táctica, cuanto que también estrategia. A ello -la necesidad de repensar el cómo del ataque-, intuyo, respondió la presencia de Iván Pérez en el once inicial, quien compartió trío con Fredes y Pellerano, en un mediocampo de estructura táctica muy similar a la del Barcelona de Pep Guardiola: un pivot de eje bien marcado con dos mediocampistas no-rayeros y con predisposición al diálogo en corto por delante de él.

Independiente intentó –y durante la mayor parte del duelo lo logró- hacer muchos pases laterales, pararse firme en campo rival para crecer a partir de la tenencia y la confianza, cosa, esta última, que necesitaba para paliar el efecto psicológico que provocan las ausencias de piezas importantes del armado. Se paró con actitud de finalista, con prepotencia bien entendida de local. En lo que hace, entonces, a aquello que Marcelo Bielsa siempre dijo que no negociaba con el jugador –esto es, voluntad, esfuerzo, tenacidad, garra, ganas de ganar-, nada para reprochar.

Ocurre que ese buen amasar requiere, luego, de la explosión que, probado está después de lo observado el pasado miércoles, sólo aporta Pato hoy día. Defederico no es ni la sombra del que fue en el Huracán versión ’09 de Ángel Cappa, que es por lo que Independiente lo fue a rescatar de su ostracismo en Brasil, que ahora se entiende mejor: cero compromiso con el juego, carente de actitud y aptitud para erigirse en armador (tarea que está asumiendo un Fredes que se desvive, pues también le caben obligaciones –y muchas- en la recuperación). Ni siquiera tirar la pelota para adelante y salir a correrla cual carrilero cualunque. Ni hablar de rematar de media/larga distancia, pisar el área o habilitar a un compañero. Uno menos.

Otra decisión inteligente fue la de ubicar a Marco Pérez entre los dos centrales. La orden para el colombiano fue la jugar de espaldas cuando el juego venía por abajo y picar en diagonal hacia fuera cuando le lanzaran el bochazo. Lo hizo bien, en una tarea que exigía pulmón, a la vez que dejaba poco margen al lucimiento personal. Pero a esa idea, inteligente, le faltaba que aportasen algo vital sus compañeros: los espacios que generaba el desacomodo que generaba Marco a la defensa brasilera con sus piques que sacaban defensores del área debían ser llenados por los cuatro pasadores que colocó Mohamed por detrás del único punta –a los mencionados Fredes, Pérez y Defederico, hay que sumar a Núñez-. Prueba de todo esto es que los goles poco tuvieron que ver con todo lo agradable que en buena medida produjo el equipo.

La apuesta en ofensiva, era, entonces, dos pasadores repartiéndose el sector central más un hombre a cada costado, todos ellos por detrás de Marco Pérez. Núñez ocupó el sector, no la función, de Rodríguez. Demuestra saber jugar, costó el entendimiento con los otros hombres de ese sector (Maxi Velázquez e Iván Pérez), porque al plan le faltó rodaje. Leonel cumplió, haciendo jugar y generando mucho peligro al rival a partir de su estupenda y violenta pegada que siempre hiere, pero su ubicación tan hacia el costado le quitó la referencia del arco rival, al que mucho daño le puede hacer a partir de sus cañonazos.

El equipo apuesta a progresar a partir del pase. Eso es sano. Le falta profundidad y explosión; sufre a la hora del recambio, patea poco al arco –endemia del fútbol argentino, en realidad-. Y eso preocupa. Por demás, y esto será una campaña de mi parte, así sea solitaria, Independiente no puede, en esta coyuntura, darse el lujo de desperdiciar a un jugador como Walter Busse. Volvamos.

Dejamos para el final la defensa. Hilario tuvo un partido preocupante. Que pase por ser excepción en su caso. Tuzzio –que volvió a cambiar de posición- y Julián Velázquez –que tiene nivel de selección- descollaron, como no tienen acostumbrados. Milito alternó buenas y malas, más de las segundas, lógicas en un tipo que hace por lo menos dos años que no juega veinte partidos de corrido. Un par de buenos anticipos, que denotan jerarquía de crack, pero también falta de distancia –se notó cuando no salió a cubrir al brasilero que lo desbordó para tirar el centro del gol de Inter-, de roce, en algunas quedó pagando con situaciones ridículas.

Pellerano combina al tipo que tiene pose, tranco y toque señorial con el otro que, increíblemente –porque se trata de la misma persona-, parece necesitar de una autorización administrativa para que le permitan movilizar sus piernas para efectuar un quite. Maxi Velázquez alterna buenas y muy malas. Torpe para jugar, voluntarista y entusiasta, desatento. En el primer gol se vio su falta de concepto. El gol de Inter, esos cinco pa’l peso que siempre le faltan al Rojo, porque lo cierto es que fue de los puntos más altos del equipo.

Habrá mucho para bordar y tejer de cara a la revancha. Hay material: poco, es cierto, no abunda y hasta hay goteras y filtraciones. La parada en Brasil va a ser bravísima. Convendría, pues, trabajar sobre los defectos observados, que no son tantos, pero que sí pueden acumularse si otra vez se quiere arrancar de cero. Lo psicológico juega: hay que entrar convencidos de que, al momento de pitido inicial, se está obteniendo el trofeo. ¡A por ellos!



Puntajes. 1- Hilario Navarro (4); 6- TUZZIO (9), 2- Julián Velázquez (8,5), 18- Gabriel Milito (5,5), 3- Maximiliano Velázquez (5,5); 8- Hernán Fredes (7), 7- Cristian Pellerano (5), 22- Iván Pérez (4,5); 20- Matías Defederico (3), 9- Leonel Núñez (6,5); 19- Marco Pérez (6,5). Ingresaron: 16- Nicolás Cabrera (4), 24- Brian Nieva (6), 11- Osmar Ferreyra (-).

1 comentario:

  1. Cómo? Sos del Rojo? Qué grande!!!!
    Vamos carajo!!!
    Buen raconto; medio que lo puteé al morocho nuevo... hasta que hizo el gol, claro.

    ResponderEliminar

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: