miércoles, 10 de agosto de 2011

¿Modelo? Parte II y ¿final?: ni el cómo, ni el dónde, ni el cuándo. El qué y el para quién

“Todo esto va vertebrando un sistema muy diferente al que recibimos y también diferente a lo que pasa ahora. A mí me tocó sacar a la Argentina del infierno. Por eso las contradicciones de esa etapa son diferentes a las contradicciones de este gobierno...”, dijo Néstor Kirchner en el último reportaje que brindó en vida, a Horacio Verbitsky.

Se refería, cita el periodista en la transcripción del diálogo, a “gemelos superávit comercial y fiscal, renegociación de deuda externa, pago al FMI para que deje de condicionar la política económica, creación de cinco millones de nuevos puestos de trabajo, 23 aumentos concedidos a los jubilados, reapertura de las negociaciones paritarias, fijación mediante sucesivos aumentos del salario mínimo más alto de Latinoamérica, inclusión en el sistema provisional de un millón y medio de trabajadores pasivos que habían quedado sin ninguna cobertura”.

Hay que sumar, ya con CFK, movilidad jubilatoria –que en 2010 y 2011 le ha ganado a la inflación, incluso, del Grupo A-, recuperación de los fondos previsionales, Asignación Universal por Hijo -que sólo fue posible a partir de la decisión, anterior, de recuperar los fondos previsionales-, acuerdos de comercio bilateral con Brasil y multilateral con UNASUR. La profundización de la política de desendeudamiento, con nuevo canje, acuerdo con Club de París al caer; y que, en definitiva, la deuda externa argentina -cubierta via pago con reservas del BCRA- está en sus niveles históricos más bajos, alcanzando, apenas, el 16% en manos privadas, lo que es decir aproximadamente un 10% de lo que representaba al 25 de mayo de 2003.

Fugó hacia adelante cuando la crisis financiera que las potencias pretendieron exportar al mundo a partir de 2008, vía, por ejemplo, la reformulación en el despliegue, amplísimo, que hizo de los planes REPRO, que controlaron daños enormemente en términos de sostener empleos y, con ello, demanda.

¿No le quieren decir modelo? ¿Preferirían: estilo, fijación de prioridades distintas? Discusión, a mi entender, meramente semántica. Cierto es que hay algo distinto. Que, acepto, pueda no constituir otro modelo. Me importa poco. Hay algo. Pero, también, hay que tener en cuenta que siempre se podría haber hecho otra cosa de lo que se hizo. Y también, hay que tener en cuenta quiénes se quejan de lo hasta acá actuado. ¿Y enfrente?

Desde las tribunas opositoras empiezan, invariablemente, por prometer disminución de retenciones. Que, aparte del efecto nocivo que eso significaría en la recaudación, implicaría un guiño a la re primarización de la economía, para comenzar. Con futuro incierto para todo el resto de lo enumerado como logros del kirchnerismo, luego. Logros que ‘la’ oposición dice, de algunos, querer mantener, todo combinado con promesas de “bajar la inflación sin enfriar la economía”. En fin…

Descreen, dicen, de la “teoría de la frazada corta”. La fijación de prioridades que, indefectiblemente, esta en la esencia de la democracia como sistema ideal de procesamiento de las discrepancias sociales por definición, de la gestión del Estado como tal. Del juego económico, obviamente.

El kirchnerismo ha sido claro: profundizar el despliegue del ciclo más importante de mejora de índices socioeconómicos será, si y sólo si, se afectan rentas. Que no hace falta llamarlas extraordinarias. Implica, entonces, dos decisiones: decidirse a beneficiar a quien está/estaba en la mala; y a quién corresponde hacer correr con los gastos del caso. ¿Existe otra manera de hacerlo? No hubo, en la historia, sociedad que haya avanzado en la distribución progresiva de la renta, sin que, primero, se haya establecido una afección de ganancias, sobre quien las tuviera.

Por demás, el kirchnerismo ha intentado disciplinar, vía retenciones, un complejo entramado, que va de la Mesa de Enlace a Cristiano Ratazzi, pasando por Clarín y De Narváez. De lo que hablábamos en la primera parte. Y tiene que ver con la pelea que tiene que dar el Estado para hacer valer su potestad de determinar las prioridades de la gestión de gobierno. Y, claro: darle excelencia.

Poco de precisiones. Al kirchnerismo sí le cierran las cuentas. Interconecta decisiones. Las suyas. Que pueden o no gustar: pero que existen, indudablemente. Lo otro implicaría, prima facie, un salto al vacío. Como decía Kirchner, vertebró otra cosa. Y en la esencia de todas las cuestiones mencionadas podemos advertir los beneficiarios de las mismas. Lo que más vulgarmente se dice “¿quién paga las cuentas?”.

Tanta crítica a “las formas de llevar a cabo las cosas que tiene el Gobierno”, siembra dudas acerca de si en verdad no ponen el carro delante de los caballos, porque resulta que, o no tienen otra cosa para ofrecer, o bien no quieren sincerar la que urden en secreto.

Y, sobre todo, en beneficio de quiénes serán ellas. Se me ocurre, no sé.

2 comentarios:

  1. Al respecto fue clara la compañera hace un rato, en el Teatro Coliseo, ¿no?: reconozcan, por lo menos, que lo que se hizo, a la vista de los resultados, era lo correcto. No pagar deuda vía más endeudamiento. No bajar las retenciones. No ajustar para "enfriar" la economía.

    Abrazos.

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  2. Soy Pablo: ¿sentirán, ellos, aquellos a los que CFK mentó en su discurso, que esas consignas merecen defenderse? Ahí está una de claves acerca de cuáles serán los términos sobre los cuales se asentarán las próximas discusiones.

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