martes, 9 de agosto de 2011

¿Modelo? Parte I: nuevas demandas, nuevo rol del Estado

Alfredo Zaiat escribió, en Página 12 del 24 de julio pasado, una nota titulada ‘Disciplinar’, en la que comenta el cumplimiento de Techint de la norma legal que otorga derecho político y económico al Estado, como socio minoritario que es en Siderar desde que en 2008 se produjo la recuperación de la administración de los fondos previsionales (hasta esa fecha en manos de las AFJP) por parte de ANSES, de designar representantes en el directorio de la empresa.

Me llamó mucho la atención una cita que ofrece, del economista chileno Gabriel Palma, “la necesidad de que el Estado recupere su capacidad de disciplinar elites”. Disciplinar, dice Zaiat, no tiene que ver con “obediencia o subordinación a un gobierno”, sino, retomando al tal Palma, con que “los gobiernos deben poder reclamar que las empresas aumenten sus exportaciones, inviertan, innoven e impulsen el cambio tecnológico”. En ese entendimiento, la decisión del gobierno de la presidenta CFK que ha, ahora, por fin, acatado Techint.

Decía Claudio Lozano, en 2009, en relación a la decisión del de Hugo Chávez de estatizar/nacionalizar una serie de empresas que pertenecían al Grupo Techint, algo parecido: “frente a la existencia en Argentina –y en América Latina- de una cúpula empresarial dominantemente extranjera, la discusión sobre el futuro, que es en buena medida la discusión sobre la inversión, obliga a los Estados a un papel sumamente activo, que debe evaluar cuáles son los lugares y los modos de intervención en función del compromiso que el capital privado tenga con el rumbo nacional popularmente definido”.

Habida cuenta de lo vivido a principios de 2008, cuando el “enfrentamiento el Gobierno y el ‘campo’”, podría Lozano explicarnos por qué tomó la postura que tomó. Pero eso ya pasó. Está en discusión, ahora que es tiempo de campaña, si existe -o no- un “modelo kirchnerista”. A partir de todo lo hasta acá expuesto podemos empezar a pensar si sí o si no.

Varias veces fue dicho, y está muy bien que así sea, que a medida que se va dejando atrás la etapa de la recuperación de lo que fue la peor crisis que sufrió nuestro país en toda su historia, y de la que se salió bajo la gestión de Néstor Kirchner, las demandas de la sociedad se complejizan, porque las necesidades y aspiraciones, ídem.

Cristina, con la decisión de hacer ingresar al Estado a los directorios de las empresas en que tiene –el Estado- derechos políticos y económicos, interpela –correctamente, a mi criterio- las complejidades de los nuevos tiempos. Medidas como el reparto de Netbooks, por poner otro ejemplo, también.

Se apunta a participar de las decisiones de inversión, que son, como bien apuntó Lozano en su momento -a pesar de que, luego, hizo, en su actuación como diputado, todo lo contrario-, las que hacen, también, a la capacidad del Estado de atender las nuevas demandas sociales: por caso, diversificando la producción.

Y es necesario el rol del Estado en la función de hacer que se complementen las voluntades de ambos mostradores. Y es una excelente noticia que esto vaya siendo aceptado por el (muchas veces, con justicia) denostado establishment económico. Indica que nace un (¡aleluya!) consenso respecto de ciertas cuestiones -y sobre cuya denominación sí que aún no hay acuerdo-, que van encontrando recepción social sobre la cual afirmarse como algo parecido a una política de Estado. Buena. Para las mayorías. Para mí, al menos.

Y en cuanto a los objetivos más egoístas de quienes revistamos en la tropa de la Presidenta, supone una apuesta. De la sociedad. De una parte de ella, al menos, por algo. Que supo –esa parte, por cierto- enfrentarla fuertemente. A ella como a otros gobiernos que hayan privilegiado al campo popular y del trabajo a lo largo de la historia.

Cambios de época que le dicen. Clima, podría ser, también. Que indica algo. Las sociedades no saltan al vacío. ¿O hay algún candidato, entre los opositores a CFK, que pueda presentar algo siquiera parecido a esto; una interpretación de Estado -guste, ésta, o no-? Sobre esta, entre otras cuestiones, hay que ofertarse de cara a las PASO.

2 comentarios:

  1. Quna una mayoría de la población esté de acuerdo con que el Estado debe intervenir es un triunfo cultural. Efectivizado (un poquito, es un comienzo) a través de la colocación de directores en aquellas empresas en las que el Estado tiene participación.

    Es buena la idea detrás del post (y, al parecer, de la serie que viene): hay que ir pispeando el futuro.

    Abrazo.

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  2. Soy Pablo: exactamente, Richard. Es una victoria cultural. En los cuatro años que vienen, será cuestión de institucionalizar esos cambios. Generar, ya no sólo las leyes, sino solidificar estructuras estatales que sean las portadoras de el sentido de todo lo mencionado acá. Instituciones como el INTI y/o el INTA que, además, estén encargadas de desplegarse a lo largo y a lo ancho del territorio en función de desparramar en gestión concreta, ya provincial-municipal, los crecientes conseguidos en la Nación.

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