viernes, 19 de agosto de 2011

La pésima estrategia de la UCR

Uno observa la mesa de conducción del PJ nacional. Daniel Scioli es vicepresidente 1º, a cargo, interinamente, de la presidencia (por motivos ya conocidos). Es el gobernador de la provincia de Buenos Aires desde 2007, con buenas perspectivas de reelección. Hugo Moyano es el vice 2º, expresando, en el poder del partido, la participación que en él siempre tuvo el Movimiento Obrero Organizado. Completan Jorge Capitanich, Sergio Urribarri y Beatriz Rojkés de Alperovich. Gobernadores de Chaco y Entre Ríos, respectivamente, los dos primeros -también desde 2007, e igual que Scioli, ambos con buenas chances de repetir en octubre-; senadora nacional y esposa del gobernador Alperovich (ambos por Tucumán: Alperovich irá por su tercer mandato, consecutivo, en octubre).

La candidatura presidencial del partido está en manos de la actual presidenta, CFK, líder -ahora- única e indiscutida de la alianza de poder sobre la que se ha asentado el PJ desde 2003, en ausencia de cuya persona dicho conglomerado -heterogéneo, contradictorio- perdería su elemento aglutinante y requeriría de ser repensado. El candidato a vicepresidente, Amado Boudou, por su parte, es el actual ministro de Economía, hombre bien de la conducción pero que, al mismo tiempo, dialoga bien con prácticamente todos los sectores del frente electoral que lidera el peronismo -MOO, organismos de DDHH, La Cámpora, colectivos sociales varios; que, por otro lado, también han recibido espacios: en el Estado, en las listas de candidatos y en el partido-.

Es decir, los espacios de poder están (más, menos; mejor, peor), todos, lo suficientemente representados, expresados.

En el último número de Le Monde Diplomatique, en una nota -firmada por Andrés Malamud- se sostiene que lo que se ha dado en conocer como "la crisis de la UCR", tema recurrente de análisis -de vuelta, y mucho, por estos días- de los editorialistas de medios porteños, no tiene, necesariamente, un correlato tan dramático a nivel provincial. El radicalismo conservó, aún en 2003, gobernaciones, intendencias, poder territorial, en definitiva. Despliegue estructural a lo largo y a lo ancho del territorio nacional. Bien que este parece estar, ahora sí, disminuyendo. Pero no existe, por el momento, una fuerza alternativa al PJ, de carácter nacional, que haya podido reemplazar a la UCR, en lo que hace a armado nacional.

Ahora bien, ¿quiénes conducen la UCR y definen sus estrategias -o, al menos, son sus caras visibles- a nivel nacional; y quiénes sus candidatos? Gerardo Morales, experto en derrotas jujeñas, incapaz político e intelectual absoluto, condujo el choque del Grupo A en el Senado, haciéndolo perder la mayoría; Ernesto Sanz, senador mendocino, símil Morales; Ricardo Gil Lavedra, ex juez del juicio a las juntas militares del Proceso; Oscar Aguad, ídem a Morales pero en Córdoba; Silvana Giúdice, representante de Clarín en el partido. Algo se ha corregido (o, al menos, me da esa sensación) con el retorno a la conducción nacional de Ángel Rozas, lo más parecido a un tipo que conduce un territorio, Chaco, en la UCR.

Las candidaturas a presidente y vice las ocupan El Hijo de Alfonsín, que recién en 2009 se hizo conocido, a partir de su llegada al Congreso como diputado nacional –primer cargo de mediana relevancia que ocupa en su vida segundo, detrás de la candidatura de Margarita Stolbizer, elección en la cual finalizaron terceros, lejos de la pelea principal-; y Javier González Fraga, que representa, al interior del partido, a... bueno...

A mí, conociendo poco y mirando de afuera la interna radical, me da la impresión que existe una ausencia de correlato entre lo que son las estructuras de poder -que, insisto, las hay, y bastante fuertes- del partido en las distintas geografías del país, y las expresiones del partido, en candidaturas y cargos, a nivel nacional.

Digo, para que esas estructuras se pongan en funcionamiento se me ocurre que deberían ser mejor representadas en los espacios de poder nacionales. El reflejo de la correlación de fuerzas debería ser otro. Por ahí, y no por la apelación -facilista y carente de autocrítica- a "La Kaja", debería pensarse lo que fue el fenómeno del radicalismo K. Y también, lo que las elecciones provinciales que se desarrollaron a lo largo de este año, antes del 14 de agosto último, preanunciaron: que la UCR se está, ahora, debilitando, también, a nivel provincial (perdió una de las gobernaciones que todavía ostentaba, Catamarca; y en el resto apenas si arañó terceros puestos).

A Mario Barletta, intendente radical de la capital santafesina, jamás se le pasó por la cabeza liderar, en su provincia, una ruptura del espacio que comparte con el PS -el Frente Cívico-, que gobierna la provincia desde 2003. ¿Qué le ofrece de más, en términos de poder institucional, Gerardo Morales? Apostó a lo seguro, a pesar de que Binner, a nivel nacional, le dio la espalda a El Hijo de Alfonsín, que todavía lo espera como al príncipe azul.

Nótese lo ridículo: se pretendía que el gobernador, exitoso (no en mi opinión, sino según el "consenso"), de una de las cinco provincias más grandes del país (líder indiscutido y hegemónico de su partido, además) fuera el segundo de un tipo que apenas hace dos años es diputado nacional y que al interior de su partido es cualquier cosa menos líder de corriente alguna. ¿Por qué Binner debería haber sido el segundo de ese hipotético binomio, aparte de las otras razones que, en términos de conservación de sus propias posiciones de privilegio, lo llevaron a no acordar con los herederos de Yrigoyen (más bien, habría que decir de Alvear, pero para que se entienda).

Por si todo lo anterior fuese poco, subordinaron la continuidad sus hombres en el interior de PBA a una alianza inexplicable con Francisco De Narváez. Para la cual, convenientemente, se encargaron de que nadie pudiera expresarse en contrario suspendiendo la posibilidad de expresarse de la Convención Nacional partidaria. Con diálogo y consenso, claro.

Digo, ¿quedo muy ridículo si digo que Mario Barletta -por poner un ejemplo- hubiera sido, de lejos, mejor candidato presidencial que El Hijo de Alfonsín? No sólo en cuanto a que ha gobernado. Algo, al menos. Y expresa poder. Que poder, en política, es territorialismo, estructura. Que El Hijo de Alfonsín no tiene ninguna más allá del beneplácito con que se lo trata en los estudios de TV porteña opositora. Los resultados están a la vista: reflejan, sencillamente -a mi criterio-, lo que fue una pésima estrategia electoral.

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