viernes, 5 de agosto de 2011

Cuentas que no les cierran

“Hay una contradicción fundamental que juega contra la Oposición de los Medios; a la ‘clase política’ no le interesa el PEN, sino los ‘Kioscos Legislativos’. ‘Bajarse’ implica renunciar a lo que financia a los partidos que no son el PJ o la UCR. Si se omite ese dato, no hay explicación de porque no se logra la ‘síntesis’ que vienen exigiendo desde el 28J. Recuerden que sucedió el 3D, se ‘repartieron’ las Comisiones, y se esfumo la ‘Unidad Parlamentaria’.”. Uno de los comentarios más lúcidos, ése que acabo de citar –del comentarista Manolo-, de los –todos muy buenos- que se hicieron en el debate surgido a partir de este post/disparador de Sergio en AP.

La ‘unidad de la oposición’ es un viejo reclamo del establishment que adversa desde la no formalidad al kirchnerismo, a los distintos fragmentos partidarios adversarios –estos sí, desde la legitimidad de los votos- al FPV. El domingo pasado, en la mesa del programa de Mariano Grondona en Canal 26, mientras se analizaba el balotaje porteño, Gustavo Ferrari deslizaba –nerviosamente, les diré- que era y debía ser una posibilidad, a posteriori de las PASO del 14 de agosto venidero.

El propio Grondona escribió, el mismo domingo de la segunda vuelta, en La Nación, algo en ese sentido. Ha escrito mucho, por cierto, Grondona, en reclamo de unidad a la oposición. “Probablemente, el 14 de agosto el buen sentido de los votantes reduzca la cantidad de los candidatos opositores con verdaderas posibilidades de ganar. Pero, ¿están todos ellos dispuestos a ceder su lugar a otro candidato opositor en el caso de que éste los supere? En Perú acaba de asumir la presidencia el candidato populista Ollanta Humala, a quien el presidente Alan García acaba de negarle la entrega directa de la banda presidencial por no considerarlo confiable. Pero a este extremo se llegó porque ninguno de los tres candidatos democráticos que, sumados, superaban a Humala, dio su brazo a torcer.”.

La sutileza de mencionar a un sector de los candidatos como ‘democráticos’, calificativo que, más arriba en ese mismo texto, le niega, Grondona –el mismo que asesoró en diversos aspectos a cuanta dictadura hubo en Argentina a partir de 1955-, al kirchnerismo. Detalle que convendría no pasar por alto, porque hace a la insustentabilidad del relato opositor. (Para más, acá tienen una excelente compilación del puchereo mediático a este respecto, confeccionado por el laborioso y siempre rico teclado de nuestros compañeros y amigos de Los Huevos y las Ideas)

Cuando, en esta columna que recordé y busqué para citar, Marcos Aguinis instaba a los “vencedores de 2009” a conformar una coalición –gracioso con eso de que representan, ellos, un abanico que va ¡“del centro a la izquierda”!, aunque de la mano de la Sociedad Rural y AEA-, fundaba su patriótico reclamo en la necesidad de, justamente, salvar a la patria amenazada por el kirchnerismo –al que también él tilda de fuerza antidemocrática-. No pasó.

Y es que, como dice en su comentario, que encabeza este post, Manolo, la medida del interés de los distintos fragmentos de lo que fuera el Grupo A (cuyo estallido en mil pedazos se instrumenta, ahora, en candidaturas presidenciales que, es cierto, son demasiadas) está dado por la cantidad de contratos que hipotéticamente puedan conseguir -a partir del arrastre del taquillero, que encabeza- para seguir sosteniendo la lealtad de su militancia; arrastrar la lista de legisladores y poder, así, mantener a su lado los dirigentes más o menos importantes que tenga en la agrupación y acceder a fondeo estatal –vía los contratos legislativos, mercado laboral, ése último, por otra parte-. Yendo "todos juntos", obtienen potencialmente menos bancas cada uno. Así de fácil.

Hacen escuela en esto tipos como Hermes Binner, que maneja con mano de hierro el socialismo y no hace un movimiento que no tenga que ver con la construcción de su propio destino político –por caso, borró al giustinianismo de las listas nacionales porque osaron enfrentarlo en la interna santafesina; eligió para sucederlo a Antonio Bonfatti, menos convocante que Miguel Lifschitz y le empiojó lo más que pudo los armados internos, en función de que no gane por mucho y tenga una administración opaca que no le quite lucidez a un Hermes que vuelve al llano a partir del 10/12/11-¬; o la muchachada de Libres del Sur, que han mudado sus preferencias electorales cuatro veces en los últimos cuatro años –del kirchnerismo ‘08 a Sabbatella ‘09, de ahí a Pino ’10, para terminar recalando, de cara a 2011, en Binner-.

Muchas veces gente amiga o parientes me han preguntado que para qué se presenta fulano, y siempre respondo lo mismo: por lo dicho en el último párrafo. ¿Es válido que así sea? Es válido y legítimo. Está muy bien que así sea, hace a la esencia de la dinámica político-partidaria. ¿Por qué no se sincera? Aparte de que quedaría feo exponerlo, entraría en colisión con los llamados a salvar una patria que en ninguna cabeza sana puede caber que peligre, como cuya propia rosca política -a la que si habría que dejar de lado si verdaderamente se corriese algún riesgo- la lo pone de manifiesto.

Se produciría, por fin, el colapso del correlato entre el relato corporativo y el dirigencial. Ni más ni menos que eso, sin tanto dramatismo. Política, al fin y al cabo. Y bien que no es, esto, para cualquiera.

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