sábado, 27 de agosto de 2011

Calidad institucional y boleta única

Me parece bárbaro que se plantee una discusión en torno al sistema de votación. No ahora, claro. Es irracional desde todo punto de vista pretender un cambio de ese tipo cuando restan dos meses para la elección presidencial. Aparte, como dijera en Santa Fe el nuevo Golden Boy del establishment (Hermes Binner), “no se puede votar de una forma en las primarias y de otra distinta en las generales”. Pero bienvenido sea, el debate, insisto.

“Hay que implementar la boleta única, sí o sí. Es cuestión de vida o muerte”. Insistente jingle mediático desde las horas posteriores al 14 de agosto. A pesar de que no se ha radicado una sola denuncia de fraude en sede tribunalicia, que los propios Ricardo Lorenzetti y Francisco De Narváez insisten en que no lo hubo (fraude) y que no hay quien no reconozca que aún las irregularidades que pudieran verificarse no alterarán una victoria de casi ¡cuarenta puntos! de diferencia entre primero y segundo, “es imperiosamente necesario” cambiar el sistema de votación. De la sábana a la boleta única (que tiene, parecería, a esta altura, más propiedades que el aloe vera). Y eso que en lo que va del recuento quien más votos ha recuperado es… Cristina.

Lastimosamente, para ellos, cuentan en sus filas con Joaquín Morales Solá, quien reconoció –en su columna del miércoles 24/08, en La Nación- que todo esto se trata de un intento –burdo y desesperado, agrego yo- por erosionar siquiera un poco la relación del Gobierno con las clases medias urbanas, siendo que hasta Clarín reconoció que el voto a CFK recorrió todas las clases sociales, y no sólo abarcó a “los que viven de planes” o “tienen un plasma y ven a Tinelli”.

Joaquín habló del costo político que pagaría el Gobierno si se negara a que se abra la discusión al respecto en el Congreso o la Presidenta decidiera hacer uso de su facultad constitucional de observar la hipotética aprobación que pudiera conseguir el Grupo A, que de repente, y luego de que primero “pidieran” por ella renombrados editorialistas –como siempre hace con todo-, ha encontrado otra solución mágica a “los problemas concretos de la gente”. De esto se trata: costo político, ensuciar la cancha. Como con Hebe y Zaffaroni. Y no está mal. Con el “82% móvil” tampoco les salió: nadie protestó en las calles por aquel veto.

Es, eso sí, ridículo, si se lo analiza desde una perspectiva epistemológica muy básica, el principal argumento desde el que se sostiene la bondad que acarrearía la implementación de la boleta única. “Hace a la calidad institucional”. Entendida la calidad institucional como un valor absoluto. Que un sistema –el de boleta única- sí portaría; y el otro –la “sábana”-, no. Subráyese el potencial. Pocas cosas más ridículas que esa he oído en mi vida.

O mejor dicho, una sola: el denarvaísta Gustavo Ferrari llamando a terminar con la sabana por “el robo de boletas”… ¡en el que reconoció que también incurren sus propios fiscales! Es todo mucho. Propio de una oposición que pretende correr al oficialismo con argumentos de pureza republicana cuando exhibe nulos o vergonzosos antecedentes en la materia.

La escuela de la Teoría Crítica del Derecho (algo así como tercera vía de análisis filosófico del Derecho, opuesta tanto al Positivismo como al Iusnaturalismo, ambas adheridas al absolutismo cognitivo como proceso de fundamentación: la regla de inferencia, en la primera; Dios o La Razón, en la segunda) enseña que el del Derecho es un discurso social más de tantos, atravesado por múltiples variables e ideologías que confrontan, choque de resultas del cual surgirá “la norma” (pero cuya fórmula lingüística se encarga de ocultarlo, al choque, para racionalizarlo, de modo tal que aparezca ajeno al conflicto que lo hizo posible).

En resumen, el Derecho es la expresión del triunfante en una lucha de intereses equis, y está atravesado por otros discursos, de disciplinas ajenas, que a su vez replican mecánicas similares para constituirse como tales. La “calidad institucional” es un concepto indeterminado, un valor relativo. Vago, indefinido, en jerga jurídica. Inabarcable e inubicable en una papeleta electoral, por cierto. No es un valor que uno de los sistemas de votación sí posea y el otro no. Sencillamente porque ninguno de ellos fue pensado en orden a “incrementar la calidad institucional”, sino a instrumentar una intencionalidad determinada.

Y es imposible que no sea así. La lista sábana responde, entre otras cuestiones –y simplificando groseramente-, a privilegiar el peso del partido político por sobre el del candidato; y la boleta única, al revés. En la actualidad, tiene que ver, la reyerta, con la conversión a legislativa que se pretende hacer de las próximas elecciones presidenciales. Sacudirse, los candidatos a legisladores, del lastre que significan, hoy por hoy, los candidatos a presidente del Grupo A. Lo que se dice, un canto a la institucionalidad. Aparte, claro, de intentar condicionar el hipotético bis de CFK a partir de alcanzar la situación de gobierno dividido, altamente favorecido por la boleta única. A eso apuntan, el resto es aire.

Objetivo respetable, claro. No lo comparto. Ni eso ni las supuestas bondades de la boleta única (cuyo “éxito” está altamente discutido como para que se la considere agua bendita). Yo estoy conforme con la sábana. Pero no porque la juego de campeón moral. Atiende, la sábana, los valores que yo quiero que sean atendidos. Y nadie tiene derecho a reprocharme eso, así como yo no tengo derecho a reprochar los motivos de quienes adhieren a la boleta única, salvo por la insinceridad de sus discursos.

Ahora bien, aquellos que quieren boleta única, deberían preocuparse por conseguir los dos tercios de diputados y senadores necesarios a los efectos de lograr la aprobación de la ley que la instituya, sin necesidad de contar con el aval del Poder Ejecutivo (a veces se obvia que el presidente de la Nación, en nuestro sistema institucional, es co-legislador, su acuerdo es imprescindible a la hora de la sanción de las leyes. Para eludir ese detalle no alcanza con la mayoría simple: hace falta la agravada, los famosos dos tercios que neutralizan el veto presidencial).

Y si no, será cuestión de conseguir fiscales (que, aviso, también harán falta si se vota con boleta única) para todas y cada una de las más de 85.000 mesas en las que se votará a lo largo y a lo ancho del país el próximo 23/10, como hace el kirchnerismo. Bueno sería que los que gastan horas –por ejemplo, en foros digitales- en defender las supuestas bondades absolutas de un sistema electoral cuando no han leído al respecto de la materia más que lo que se apunta en tribunas enfrentadas a un gobierno que va camino a su reelección, todo escrito bajo emoción violenta justamente por esta última situación.

(No se les pide mucho: una fuerza que no es capaz de conseguir fiscales no tiene derecho -político, digo; no jurídico o moral- a gobernar un país, tarea que demanda conseguir mucho más que conseguir fiscales. Y me banco esto que digo)

Es decir: moverse, hacer política, salir a la calle, dejar de vivir de reportajes; y sobre todo, no tiren más mierda contra los que se ocupan para tener un partido político en serio. En definitiva, siempre se trató y se trata de eso: de hacer política, y no de contarla. Así les está yendo.

5 comentarios:

  1. Yo estoy a favor de la boleta única, pero me parece absolutamente irresponsable plantear cambiarla a dos meses de las elecciones. Cuando el kirchnerismo se propuso cambiar el sistema electoral, creando las PASO, lo hizo a fines de 2009, es decir, dos años antes de las elecciones. Así hubo tiempo de preparar bien el cambio de sistema, filmar y difundir spots, etc. Y el cambio del sistema de boletas múltiples al de boleta única es mucho más complejo de implementar que el de las PASO (que al fin y al cabo era solamente agregar un comicio más).
    Igual, yo no creo que la boleta única debilite a los partidos. Más bien, los fortalece. Si uno se fija en los resultados de Santa Fe, si bien es cierto que el paracaidista de Del Sel estuvo muy cerquita de ganar y que el esquema de la boleta única lo favoreció, también es cierto que la mayoría de los intendentes retuvieron sus municipios. Es decir, los partidos con poder territorial salieron favorecidos, pues no los perjudicó -ni benefició- el "efecto arrastre" de las candidaturas de Del Sel, Bonfatti y el Chivo Rossi. Habría que evaluarla con atención.
    Saludos.

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  2. Muy bueno.! Soy Julio, "El leon cordobes"y soy dirigente del Frente para la Victoria de Santiago del Estero, y de paso,les cuento que estamos festejando el Triunfo de Cristina que en nuestra provincia obtuvo mas del 80%..!! Queremos agradecerle al Gobernador Gerardo Zamora por todo su esfuerzo y colaboracion y porque todo el credito es para el, pero este Triunfo de la Presidenta Cristina nos compromete a trabajar mas duro y con mayor humildad, en beneficio de nuestro amado pueblo, seguiremos defendiendo este modelo de Pais y lucharemos para que ningun Medio como el nefasto Grupo clarín, interponga sus intereses mezquinos y manipulen la información a su Antojo. Los invito a que visiten y vean LATIN Diario Digital en: http://www.latindiariodigital.blogspot.com y visiten y vean: Frente para la Victoria de Santiago del Estero en: http://www.frenteparalavictoriasantiago.blogspot.com Un Abrazo!!

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  3. Una pequeña corrección: el debate no se instaló después del 14/8, sino en el mismo transcurso del acto eleccionario. Una radio (no me acuerdo cuál) se pasó toda la tarde preguntándole a "la gente" sobre qué le parecería le implementación de la boleta única. Ya venían preparando el terreno desde el mismo instante en que empezaron a denunciar falta de boletas.

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  4. Una sugerencia... ¿no podrían poner un poco más grande la letra de los comentarios? Para la gente un poquito mayor, digo...

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  5. Soy Pablo, el administrador del blog, no me deja loguearme: Gracias por pasar a todos. Disculpen que estoy sin tiempo para contestar. Un abrazo para todos.

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