viernes, 29 de julio de 2011

Sobre el nuevo mega torneo de AFA

Vayamos por partes. Nunca, en este tipo de cuestiones, existe una sola causa que las justifique: son varias y entrecruzadas entre sí. Los (múltiples, generalmente) protagonistas de este tipo de jugadas ven oportunidades y miden costos y beneficios: es política, ni más ni menos que eso.

Esto surge de las intenciones de Daniel Vila de destronar a Don Julio del sillón de AFA (cosa que hay que evitar a toda costa, dicho sea de paso, no por el reemplazado sino por el reemplazante). Vila le contó a Fernando Niembro que el espíritu de este proyecto que, de mala forma, dio a conocer AFA en los últimos días -y que tratará vaya uno a saber cuándo-, es de él, y surgía de su proyecto Ley del Fútbol (engendro si los hay, porque FIFA tiene terminantemente prohibido que los estatutos de las ligas de fútbol de sus países miembro surjan de leyes de Estado).

Vila reconoció que –textualmente, esto- buscó apoyo en River recién descendido –habló, contó, con Passarella en persona-, ya que “son siempre los ‘grandes’ los que presionan por impedir cambios: con River ido, y Boca, Racing y San Lorenzo en riesgo, ví chances de darle volumen a mi proyecto”. Hay que agradecerle a Vila la sinceridad, por cierto. Demuestra que no solamente Grondona y el kirchnerismo actúan por interés político personal. Y no está mal: ninguno de los grandes cambios de la historia de la humanidad no se motorizaron a partir de intereses particulares, y no por eso vamos a desmerecerlos.

En tren de ser sincero, cuando Niembro le dijo que, en ese caso, el proyecto de Grondona era más justo que el de él, pues le deparaba al menos un año en segunda a River; mientras que el proyecto Vila fulminaba, para ahora, los males que aquejan a todos los poderosos, Vila contestó que “como decía Perón ‘para hacer una tortilla, hay que romper huevos”. Honestidad brutal, como Cherquis, pero de Vila no van a decir nada malo porque es amigo y no conviene.

Ante todo, digo: si yo tuviera que votar este proyecto, así como está -y dejando, si fuera posible, de lado el engorde del cachet-, votaría en contra. Sin dudas. Esto no quiere decir que todas las cosas que se están tirando estén mal. Algunas me gustan, a saber:

* Más cupos para el interior, como ocurría con –por ejemplo- los viejos campeonatos nacionales, privilegio al fútbol provincial que, por caso, fue una de las mejores aportantes al cambio revolucionario que imprimió Menotti a la Selección Argentina. Flaco hasta armó una Selección sólo con jugadores del interior -que disputó, sin jugadores de Buenos Aires’s la Copa América del ’75-, que luego aportó varios soldados a la causa en el ’78 (Gallego, Ardiles, Luque, Kempes, Oviedo).

* Para la eliminación de los promedios levantaría, no solamente las dos manos, también mis dos patas. También para que los torneos vuelvan a ser “largos”.

* Un canal de TV para AFA me cierra totalmente, como espacio institucional, como forma de acercarla al público. No veo ni un sólo motivo en contra de esa idea.

* Del mismo modo, que Clarín pierda definitivamente todo contacto con el fútbol argentino es, necesariamente, festejable: vaya casualidad, todas las penurias que hoy arrastran los clubes se inician coincidentemente con el momento en que el Grupo Corneta empieza a meter mano en decisiones de AFA: no nos olvidemos que Grondona era Don Julio y que José María Aguilar, probablemente el mayor exponente/resumen/metáfora del naufragio dirigencial de estos últimos tiempos, era uno de los más protegidos por el periodismo de TyC (de Fantino –que ahora la juega de no sé qué-, por ejemplo, que lo llevaba casi todas las semanas a Mar de Fondo, para que Papada expusiera, allí, toda su florida verba).

* Siempre han habido modificaciones oportunistas, casi ninguna no ha sido en beneficio de alguien importante. De los promedios ya se sabe. Otra fue la de la cantidad de amarillas necesarias para ser suspendido: eran, antes, cuatro; hasta el Apertura ’98, que ganó el Boca de Bianchi (como todos esperaban -todos los pesados, digo- que ocurriera, siendo que tanto la gestión de Macri había sido, hasta ese momento, un altísimo -y costoso- fracaso; cuanto que Boca hacía rato que no ganaba nada). Durante el transcurso de dicho torneo, Boca tenía varios hombres al límite y, de un plumazo, un día se decidió que eran necesarias cinco amarillas para ser suspendido, y se salvaron todos esos que estaban por caer. No necesariamente por ser oportunista el instrumento en sí pasa a ser malo: mala deberíamos considerar, en ese caso, a la Revolución de Mayo, y la verdad que no.

Del mismo modo, Racing Club de Avellaneda existe, hoy, todavía, gracias al poder político que lo salvó allá por 1999/2000 (teléfonos para Chacho Álvarez, Ruckauf y Graciela Fernández Meijide). La cantidad de suplentes se elevó de cinco a siete justamente cuando el Boca de Coco Basile tenía problemas por superpoblación de cracks que no le entraban en el banco de suplentes.

* Pero: CUALQUIER reestructuración de un torneo -que NO NECESARIAMENTE es, de por sí, mala-, conllevará, SIEMPRE, injusticias, bien es cierto, no obstante ello, que estas pueden ser, digamos, morigeradas. Digo: producir semejante cambio para ya, para dentro de un año, no es lógico: debería ser gradual. Dieciséis ascensos, así, de una, es un fenomenal, tremendo despropósito. Por caso, podrían eliminarse este año las promociones, y, en vez de que haya dos descensos directos, que sea uno solito; y que en vez de que los cuatro ascensos sean POSIBLES -porque dos de ellos están, hoy, atados a la Promoción-, pasen a ser SEGUROS.

Podrían determinar que sean seis los ascensos y uno el que baja: de ese modo hasta es muy posible que River suba; y que Boca, Racing y San Lorenzo, sobre todo si eliminan los promedios ya para este año, se queden, y reducen los posibles peligros para grandes (que, igual, grandes para mí son solamente Boca e Independiente, si consideramos que el mote se creó para los equipos que nunca descendieron, pero no quiero entrar en polémicas con esto) a corto y mediano plazo. Así, en un par de año se llega a la cantidad requerida/deseada (de todos modos, treinta y ocho equipos suena a un poco mucho). Implica injusticias, pero menos y no tan graves. No puede ser, asimismo, que esta temporada se juegue por nada. De ninguna manera. Esto es, también, demencial. La forma de presentarlo fue el problema

Acá juega, y muy fuerte, el hecho de que Daniel Vila ciertamente le ha movido el piso a Grondona como pocas veces le ha ocurrido a Don Julio.

Quiero decir que hace rato añoro el retiro tanto de Grondona como del noventa por ciento del Comité Ejecutivo de AFA del manejo del fútbol. Pero, también, que si la alternativa son Vila/Fantino/Pasman/Ruggeri/Anello/Distasio/y Cía., seré el primero en militar la eternidad de Grondona y los suyos en el trono.

Vuelvo: evidentemente, y como nunca, a Grondona se le produjo algún tipo de cimbronazo. Cortó por lo sano (y lo más fácil, no solamente para él): aplica él la idea, y les es más cómodo, esto, a todos los clubes del interior. Lo hacía más vivo a Vila, que le boqueó su idea a un Passarella recién descendido.

Luego, lo de River es relativo: Fútbol Para Todos, desde que el Gobierno, a partir de la Ley de Medios, amplió su intervención, vía AFSCA, en la transmisión de espectáculos deportivos de todo tipo, puede, si lo considera de interés nacional, arreglar mano a mano con Passarella la transmisión sólo de los partidos de River en el Nacional B, y sin que esto traiga mayores problemas que firmar una resolución al efecto.

Más le importa, al Gobierno, sí, que esto le ayuda a darle otro mamporro a otra caja de Clarín. Cosa, reitero, que no tiene nada de malo. Pero, para eso, no necesita “ordenar” –como dice Clarín que hizo- que se arme un mega torneo. Bastaría con “ordenarle” a Don Julio que, como rompió el contrato que AFA tenía con Clarín para la A, rompa el que existe para Nacional B, y más aún: hoy día, en el Nacional B no se permite ingreso de público visitante, lo que conllevaría una tremenda cantidad de público cautivo del Fútbol Para Todos “B” que no tendría otra opción que ver los partidos por la TV público, cosa que en primera división no ocurre.

Clarín chilla por esto último y nada más. El llanto hipócrita de Sergio Lapegue por “el futuro del canal TyC Sports” no convence a nadie: hubieran dicho algo cuando el mundo entero decía que si no se estudiaba periodismo deportivo en la escuela de Niembro –agencia de colocación de TyC, además- no había, casi, futuro laboral posible: situación, esta última, que nos ha significado valores de la talla de Toti Pasman, Martín Liberman, Germán Paolosky, Fernando Carlos, Gustavo López y varios otros que saben mucho de fútbol. No se rían, por favor.

Que sean treinta y ocho equipos, que haya zonas, etc. a mí no me cambia la vida, la verdad. Lo establecido, sólo porque lo está; “lo que se hace en todos los países/lo que fracasó en otros lados” no me resulta un argumento de peso. Discutible.

En fin, por ahora, esto. Veremos más luego, siendo que creo que haber aplazado todo para octubre está destinado a recoger reacciones y definir, en función de ellas, la letra chica del asunto. Veremos. Bueno es que se haya echado luz sobre cuestiones que merecen ser debatidas. Hay ideas piolas: la promoción del fútbol en el interior, cuestión que me tiene casi obsesionado, esta. Es cuestión de darle prolijidad a la cosa. Ojala no quede todo así como está hoy. Porque cambios hacen falta.

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