viernes, 15 de julio de 2011

Sobre el asco

Yo no estoy de acuerdo con lo que dijo Fito Paez. Banco, sí, que los artistas decidan entrar a la jungla, a aportar a un proyecto. Ahora bien, los artistas tienen que comprender que si quieren participar del debate político, no pueden, simplemente, dejarse llevar por "lo que sienten". Hay que aprender a ver la correlación de fuerzas, porque puede pasar, sí, que "ellos" puedan putearnos a nosotros, pero no nosotros a "ellos". Y hay que bancársela. Si no, no se ayuda, y se juega a la política, en vez de hacer política. Hay que medirse y, sobre todo, ser reflexivos. La política es así. Por otro lado, es un ataque, el de Fito, al voto, a la elección democrática. Y esa es una marca imborrable sólo de “ellos”. Que saben -y mucho- de hacerse la paja con la crítica a las decisiones democráticas de los sectores populares.

No hace falta irse al fondo de la historia -con Sammartino, Sábato, Borges o Cortazar, por ejemplo- para buscar expresiones de desprecio contra “los nuestros”. En los últimos tiempos, justamente el tipo cuyo triunfo fue injustamente denostado por Fito, Macri, apoyó, en Salta, la candidatura a gobernador de un tipo como Alfredo Olmedo, quien en su cortísima trayectoria en la gran escena ha sabido de irse al pasto mucho peor que Fito Páez –y, dato que no me parece menor, no contra una mayoría como lo es la que optó por Macri en la primera vuelta porteña, sino contra una minoría sexual-. En los últimos días, Pepe Eliaschev tildó a la Presidenta de la nación de “mocosa de la JP” por algo tan personal e inocuo como su estilo de twitteo; y Pablo Sirven deslizó, también por Twitter, nada menos que Cristina dijo que va a ser abuela “para tapar” el lío que se armó con las declaraciones de Fito.

Y tenemos, sin repetir y sin soplar, y a vuelo de pájaro, además: Mirtha Legrand diciendo que Néstor no estaba dentro del féretro durante su velorio / Susana Giménez calificando de “estupidez” a los DDHH y pidiendo el Estado de sitio / Alfredo Leuco mintiendo una amenaza de muerte que no existió de parte de Lucas Carrasco / De Narváez contando que, supuestamente, “la gente” lo paraba por la calle para agradecerle por –textual- “haberles roto el culo a los pingüinos” o elaborando una teoría de muy buen gusto como que “Kirchner prefirió morirse antes de perder otra elección” / Carrió “revelando” que las exequias de Néstor fueron organizadas por Fuerza Bruta –luego la embarró en el programa de Gerardo Rozín, pidiendo unas disculpas raras, medio que pour la galerie, sin arrepentirse profundamente, que es como todo perdón debería correr, al menos si yo conozco algo de la fe católica que ella dice profesar, sí que muy particularmente por lo que se observa-, tildando a la Presidenta de farsante por llevar luto por la muerte del compañero de toda su vida y confesando que duerme “más tranquila desde que este hombre –por Kirchner lo dice- murió” / Pino Solanas desestimando como “de baja calidad” el voto de las provincias pobres del norte argentino / Ernesto Sanz hablando de una imaginaria canaleta del juego y la droga / Biolcatti y Mariano Grondona riendose acerca de la posibilidad de que la Presidenta de la República pudiera, por alguna razón, no finalizar su mandato en tiempo y formas constitucionales.

Y todo esto para no entrar a recordar que, acá, todos aquellos que ahora saltan escandalizados, aplaudieron hace nada, meses, a un tipo como Mario Vargas Llosa que dijo cosas -por lo menos- similares a las que dijo ahora Fito, en contra del pueblo peronista y kirchnerista, y también de sus propios compatriotas –asimilando a los candidatos Humala y Fujimori, al sida y el cáncer-. Y cuando se le hizo el mismo señalamiento que, con toda justicia, se le hace hoy a Fito Páez, de aquel lado se saltó con una ridícula hipótesis de intento de censura.

De todas maneras, no quiero caer en eso de “si ustedes lo hacen, yo puedo hacerlo también”. No, no es eso. Pero, así como yo el año pasado critiqué a Hebe cuando se fue de boca contra la Corte Suprema y los Tribunales –por las mismas razones que lo hago hoy y que están expresadas en el primer párrafo del presente-, vuelvo a hacerlo ahora con la tranquilidad de conciencia de no tener, a diferencia del 99% de los que sobreactúan su falsa indignación, ninguna desubicación del tipo de las que recorrí párrafos arriba en mi legajo. Pienso que no me da asco el voto de los porteños del otro día, sino tristeza el saber que mucho del voto del sur, por ejemplo, lo regalo –y pelotudamente- el sector por el que me siento representado políticamente. Pienso en que habrá muchos de entre el bendito 47,08% que obtuvo Maurizio que pueden –lo dicen los mismos chicos PRO- votar lo mismo que yo en octubre, y no puedo evitar concluir en que Páez incurre en un razonamiento irreflexivo. Con el voto, no, Fito. Justo con el voto, no. Esa manifestación “cruzada” nos habla de una particularidad social que nos obliga a pensar y ser mejores. A repensar –incluso, hasta de Durán Barba, si es necesario- en vez de hacer berrinche.

Por lo demás, no creo que merezca más que un fuerte tirón de orejas por lo que ha dicho. La operación existe y es evidente, y mucho tiene que ver en esto aquello de “darle pasto a las bestias”. Por eso hablé de no caer en jugar a la política. SI Fito quiere ayudar, y muy bienvenido que es que lo haga, y esto va para todos los que provengan de ese palo, deberán aprender. En esta, así, van mal. Y tiran en contra de lo que yo creo que sinceramente desean.

Así como hay que ser riguroso con lo equivocada de una participación desafortunada (no quiero usar la palabra repudio, me suena igual de fuerte que la palabra asco) de un artista en el debate político, hay que serlo con los que operan: esto no es una crítica del kirchnerismo a los porteños. Lo es de alguien que simpatiza con el kirchnerismo. Son dos cosas distintas. A mí no me hicieron falta las expresiones burlonas del asesor PRO Alejandro Rozitchner para con el pueblo chino o de Abel Posse contra medio mundo para marcar los rasgos xenófobos del casi –y en muy buena ley- re electo jefe de Gobierno porteño: me la sirvió en bandeja él mismo cuando se refirió despectivamente a los hermanos sudamericanos que vienen a trabajar a nuestra patria.

Bueno, de esos, en el kirchnerismo no ha habido ni uno. Miento. En realidad sí lo hubo: Alberto Fernández sí descalificó a los porteños por “votar como una isla”, según la definición del ahora sabio sabedor de todas de la política que huyó ante el primer viento en contra que le sopló al proyecto -que aparece siempre a “cantar la justa” en las patinadas, convocado hipócritamente por los mismos que supieron de repudiarlo duramente mientras fue jefe de Gabinete-, porque Cristina perdió, en 2007, las presidenciales en Capital –y él, como responsable del armado porteño que era por entonces, es culpable de esa derrota, así como de la anterior de Filmus, de la de Rafael Bielsa en 2005 y de, por caso, apostar increíblemente por Luis Juez en Córdoba para gobernador, en vez de por Juan Schiaretti, factura que todavía estamos pagando, como para que ahora venga, Alberto, a querer venir acá a posar de sensato y “yo les dije”: humildad, querido, un poquito, por favor.

Agitar el miedo, el fascismo, la atribución de los dichos de un admirador a los admirados, en fin, instrumentar en función de la obtención de un provecho político, confirma lo que sus fojas de servicios, desprolijamente repasadas con sobrados pero dispersos ejemplos de volcadas peores que las de Fito –porque vienen, no todas pero sí muchas de ellas, de parte de tipos que las vivieron mucho más lungas en política o que, directamente, son dirigentes-, tímidamente preanuncian: que les importan un bledo los valores democráticos cuando las expresiones de irrespeto van dirigidas a quienes consideran sus enemigos de clase.

Hay que criticar una expresión política no acorde, tanto como hay que marcar que las observaciones a esa metida de pata poco tienen de apropiadas: digo, acá poco importa dónde vive el cantautor y compositor rosarino, si son o no muy caras las entradas para sus recitales y cosas por el estilo. Si todas esas cosas fueran exactamente ciento ochenta grados al revés de lo que lo son, igual merecerían mis reproches las expresiones de Fito. No perdamos el punto.

Ahora, ya que estamos en la onda de firmar Moncloas, “con cuatro o cinco cositas en las que estemos todos de acuerdo”, les propongo yo una: no se habla nunca más de la calidad del voto. Pero de nadie: ni por asco y/o falta de swing, ni choris y/o vinos, ni legitimidades segmentadas. Las decisiones soberanas no se tocan, no serán objeto de descalificación. Ninguna: nunca más.

Yo firmo. No me quita el sueño porque, reitero, nunca lo he hecho. ¿Se bancan sumarse a mi propuesta? Espero respuestas.

PD: ¡Filmus! ¡Tomada! ¡Recorran las puebladas! (Y déjense de romper las pelotas de dar vueltas con los debates, por favor, que hoy el compañero Jaime revela que también los engrampó con esa. No me deben nada por reiterarles algo que ya desoyeron en primera vuelta, con los consabidos pésimos y tristes resultados)

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