martes, 19 de julio de 2011

Capítulo 4º (y último, de nuevo antes de tiempo) de la Copa América. Argentina 1 (4) - Uruguay 1 (5). Yo no quiero terminar como terminó Tano Pasman

Yo calculo –no estoy seguro, claro, pero me imagino que es muy probable que así sea- que en Ghana se recuerda como un acontecimiento histórico, heroico, la eliminación de su seleccionado en cuartos de final del Mundial 2010, tras caer frente a Uruguay por penales, luego de igualar 1 a 1 en los ‘120. Y está muy bien que así sea. Aquello fue verdaderamente heroico. Para lo que Ghana representa en el mundo del fútbol.

No corre, lo anterior, para Argentina, que también perdió por penales con Uruguay tras empatar 1 a 1 en los ‘120, también en cuartos… pero de la Copa América. Y, atención, ¡de locales, con las provincias reventando los climas a nuestro favor (Digresión: muy buena la de recorrer el interior del país, quizás lo más rescatable de todo esto)! No valen los eufemismos, la campaña de la Selección fue un fracaso. Rotundo. Injustificable.

Me encanta ver que la prensa hegemónica, luego de haber vendido todo lo que se pudo vender cuando campeaba la ola triunfalista, descubre, ahora, tras una derrota que es de todo menos sorpresiva, todos los males de las estructuras de AFA -que se reflejan en los desempeños del seleccionado-, para vender todo lo que se pueda vender para alimentar la nueva ola, derrotista. Allá ellos.

Son tan lamentables como el proceso de declive de AFA, ese que “descubrieron” en 2009, luego de que la televisación del fútbol pasó a manos estatales, momento hasta la llegada del cual Grondona era considerado algo así como una mezcla entre un piola bárbaro y un sabio.

A mí la cabeza me hizo click luego de la caída –también catastrófica, a mi criterio- en la final de la Copa anterior, ante un Brasil B, por 3 a 0. Aquella vez, al menos al resto de los rivales que se enfrentaron hasta llegar a la final se les ganó, sí que mostrando –a pesar de la historia que se quiere contar- poquito.

Comenzamos sufriendo para afrontar duelos con las potencias europeas. Luego nos empardaron los equipos de segundo orden del viejo continente. Ahora la cosa ha llegado a teñirse de gravedad ante los rivales que enfrentaremos en las Eliminatorias de cara a Brasil 2014: Argentina, excepción hecha de la victoria frente al Sub-22 de Costa Rica, no le pudo ganar a ninguno de sus rivales. Ojala que se pueda clasificar al Mundial: tampoco nadie creía que River pudiera llegar a descender.

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Frente a Uruguay se condensó, en punto a juego, todo lo que preanunciamos en los análisis de capítulos anteriores (a, b y c), a los que conviene remitirse a los fines de ser breves y no repetitivos, más allá del punteo que sí puede efectuarse a modo de resumen:

1) Un equipo que lastimó al rival exclusivamente a partir de lo que pudo hacer Messi, que esta vez estuvo poco ayudado por Gago que estaba demasiado ocupado en la batalla que, lógicamente, planteó Uruguay en el medio (ídem para Di María, que por otro lado estuvo bastante morfón). Higuaín se ganó un lugar, al menos que no se discuta su inclusión entre los 23: buen repertorio de piques al vacío, oferta de recepción, despliegue, fallas –también, sí, varias- con la pelota en los pies, gol de goleador de excelencia. Agüero esta vez apagado: puede pasar.

2) Una defensa patética, de rendimiento catastrófico. Los adjetivos no sobran, en este caso caben todos juntos. No hay forma de explicar que hayan cometido, entre los dos centrales, ¡treinta! foules de espaldas al arco –regla básica: no hacer eso-. Y mucho menos, de que Uruguay haya ganado en absolutamente todos los centros que hizo caer a nuestra área.

3) Mascherano se fue de la Copa como tenía que ser para los defectos que le marqué en el post anterior que venía teniendo. Desubicado, llegó tarde, pegó y afuera. Híper esperable. Luce desgastado en la Selección, incompleto para su función (que no es la que ocupa en su club, en Europa los mediocentro –así les llaman- son de recorrido mucho más largo y con mayor cantidad de responsabilidades a cargo).

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Tampoco es que Uruguay haya hecho cosas extraordinarias. Pero sí sabían el qué y el cómo, por ende todo les salía más natural que a los nuestros, que invariablemente quedaron a la espera de ver qué podían improvisar cuando se cruzaba la mitad de cancha. Así se complica todo mucho más. Las posibilidades de ataque son inagotables, pero, también, defender siempre será una tarea más sencilla, de ahí la necesidad de darle rodaje a las pautas a partir de las cuales se encara el abordaje del rival, según enseña Marcelo Bielsa. A Messi hay que ayudarlo, no puede ser que él sea el pasador pero que nadie lo habilite, ¡nunca en toda la Copa!, cara a cara con el arquero rival.

¿Qué tanto tiene Uruguay? Un chasis que rodea bien a los dos tanques de arriba. Les tiran la pelota a ellos que aguantan de espaldas al arco. Generan faltas y son fuertes para el juego aéreo. Eso, más lo que después pueda surgir en combinaciones cuando el bloque, compacto, de ocho jugadores que hay por detrás de la dupla Suárez-Forlán se suman, acompañan para combinar. Bueno, eso, mínimo y simplón como parece, es mucho más de lo que puede ofrecer Argentina, hoy por hoy. Y se notó. Argentina llegó más, Uruguay llegó mejor. Para no abundar en cómo defienden los del Maestro. Por piedad (¡pobre Messi, frente al escalonamiento!).

Valga Uruguay como ejemplo de las cosas que faltan: acá muchos se han sorprendido por la exclusión de Santiago Silva del plantel charrúa por parte de Tabarez. El delantero suplente es Abreu. En Argentina, durante mucho tiempo, compartieron plantel Batistuta y Crespo. Abreu, aparte de lo que –según reconocen los propios integrantes del cuerpo técnico oriental- aporta en términos de convivencia al plantel, tiene un valor agregado: entrará en caso de emergencia o de mucha comodidad. Suárez y Forlán son titulares con mayúsculas. Saben que no salen. Distinta sería la presión de tener a un tipo de la talla y la actualidad de Silva en el banco. Cuando Batistuta y Crespo convivieron, cuando uno de los dos fue titular con el otro esperando en el banco, sus rendimientos decrecieron. Cuando por alguna razón, la que fuese, uno de ellos no era convocado, era cuando lograban sus mejores performances.

Cualquier similitud con el manejo del affaire Tevez por parte de Batista no es mera coincidencia. Nada como la fidelidad a la propia idea, cualquiera esa sea, garantiza el éxito. No hay recetas únicas. Brasil llevó en 2002 al olvidado Luizao como relevo de Ronaldo. Francia a Henry, Trezeguet, Dugarry y al titular, Guivarc’h (todos de primera línea) para el título del ’98. Pero para el manejo de un plantel es mala señal lo que ocurrió con las idas y vuelta respecto a Tevez.

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Resulta trillado, a esta altura, insistir en que debe delinearse un plan, una estrategia de largo plazo. Lo acertado de esta sugerencia está confirmado por el camino evolutivo de Uruguay, en todas sus categorías, tras largos períodos de fracasos; o de Venezuela, que arrancó en 1999 con Pato Pastoriza a cambiar la cabeza de su fútbol. Otra no queda. Definir un estilo, cualquiera que sea, y arrancar con esa guía a armar todo ya desde el baby fútbol. Que las juveniles jueguen con el mismo esquema que la mayor, por ejemplo, es algo que no se entiende que no ocurra ya. Que Bilardo y Batista convivan en una misma estructura a pesar de las inmensas distancias ideológicas que los separan, es un despropósito, ya desde que resulta incomprensible la presencia de un director de selecciones… que no elige los DT de las selecciones. Pekerman sí fue el que eligió a Bielsa en la primera experiencia de esta estructura.

No me quiero repetir, ya mucho dije sobre esto, que, reitero, no me sorprende, muchas veces, antes y después de cada una de las últimas frustraciones. Creo, por caso, que los ciclos de Burdisso, Milito, Zanetti, Tevez, quizás Mascherano, están agotados. Pero también creo, como dije cuando despidieron a D10s, que los cambios de figuritas no mejoran, per se, nada.

Brasil estuvo 24 años sin ganar mundiales, desde que en México ’70 dijo “adiós” Pelé. Argentina ya superó esa marca. Pero Diego no se retiró tras ese último título, sino ocho años más tarde, en el tristemente célebre partido ante Nigeria en EEUU ’94. Ergo, la meta será, no Brasil 2014, sino Rusia 2018. Manos a la obra, tiro yo una: empiecen por probar pibes atrás.

2 comentarios:

  1. No sólo necesitamos defensores de mayor jerarquía sino trabajar una defensa. Ninguno confía en el otro y eso se da porque los resultados tampoco se dan. Los triunfos generan confianza. Pero esa confianza tiene que generarse en un grupo, cosa que ahora no hay.

    Es muy lindo probar miles de jugadores pero me parece que antes hay que generar una estructura que permita incorporar algunos nuevos y observarlos.

    Coincido, aunque me duela, respecto a Mascherano. Le hizo mucho mal pasar al Barcelona.

    Ah, y nos faltan mediocampistas también. Evidenciado en Sudáfrica y acá con los cinco cincos que convocó Batista.

    Abrazos.

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  2. Soy Pablo: coincido, aclaro: a lo que me refiero es a que claramente en inferiores no hay buen trabajo porque, lisa y llanamente, hay posiciones en las cuaes no están surgiendo jugadores. Es preocupante, mal.

    Abrazo, papá.

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