miércoles, 13 de julio de 2011

Capítulo 3º de la Copa América. Argentina 3 - Costa Rica 0. Bien, pero hasta ahí nomás...

Sólo para cumplir, porque el rival –cuasi amateur, además de jerárquicamente inferior- no es medida, digo algo. Obstinado, claro, como siempre, en alejarse -al menos un tantito- de las espumas y la efervescencia. Bastó, para ganar y mejorar en juego (porque, es cierto, también se puede ganar dando asco y no fue este el caso) que:

a) Dos tipos –Gago y Di María- se decidieran a interpretar un libreto que, de tan básico que es, da hasta vergüenza citarlo en una nota sobre fútbol –esto sería, tocar e ir a buscar la devolución-, para que Messi pudiera tener, no solamente con quienes dialogar esa partitura –a la que habría que sumar a Agüero: una debilidad de Messi, por otro lado- y libertad para pararse allí dónde hace daño –a escasos metros del área, por todo el frente de ataque según el caso- porque los mentados Gago y Di María se encargaron de que no fuese necesaria su presencia más atrás: además, el juego le llegó más “sano”.

Y no es un decir y nada más, eso: "La cadena de pases sigue siempre una lógica racional, nunca se pasa por pasar sino que cada transmisión del balón, de un compañero a otro, lleva intrínseca la posibilidad de desarticular el engranaje defensivo, o de forma inminente o en futuras maniobras". Esa frase se la robo
-de una columna que escribió para Cancha Llena- a JPVarsky, quien a su vez la tomó prestada de Oscar Cano Moreno, autor del libro El modelo de juego del FC Barcelona.

Cuando se invoque, de acá en más, aquello de que “ningún crack juega ni gana sólo”, habrá que volver, siempre, a la frase de Moreno para nutrir a la sentencia de fundamento. Messi, receptando juego “sano”, lo que recibe es un llamado a participar de un circuito que no depende en su totalidad de su inventiva para tritura a los adversarios, que a menudo encontrará de los cerraditos atrás. Es el juego de pases, más que la apelación única a la gambeta del crack, el que lo permite, además de desarticular los cerrojos rivales, que la magia sea efectiva, productiva.

Su inventiva es infinita, pero siempre dentro de los límites de un juego de equipo, que requiere de su talento individual, no siempre, sino en una situación concreta, para superar un obstáculo particular en el momento específico que lo demande; y en el que “siempre será más fácil destruir que construir”, según diagnostica Marcelo Alberto Bielsa (todos de pie, ¡Amen! Pueden volver a tomar asiento).

b) ¡Vamos las bandas! Zabaleta estuvo siempre, pero siempre, a la altura de Gago-Mascherano para apoyar la salida y oxigenar la escalada en campo adversario. Del otro lado, hubo el ya citado ingreso de Di María al once inicial. El juego, este, es como un acordeón: necesita abrirse y cerrarse para ser armónico. Continuamente. No se debe encerrarse en ir excesivamente por el centro, pero tampoco solamente por los costados. Zanetti apareció más sorpresa, por atrás, cuando al que cargaba el juego estaba atorado cerca del vértice zurdo del área, pero el perfil no lo ayuda.

Lo fundamental, fue, por esto de la magia de la movilidad en un juego de patrón de acción indefinido, tener mediocampistas perforando los costados, cuando –si uno se atenía a lo que marcaba la canchita en la que la TV muestra como va a formar cada equipo- en realidad no los había.

c) Con Agüero e Higuaín hubo más peso ofensivo. Sencillo. Con esto también se liberó a Messi de cargas. Pero Lío aportó lo suyo asumiendo que quizás le toca participar de un mecanismo en un momento en el que todavía restará un paso más antes del último, y que no dará –más que a menudo- la puntada final. Tanto Kun como Pipita ofrecieron un juego de despliegue –veloz- en ataque, piques a la espalda de los defensores para ofrecer alternativas de descarga, cruces entre sí y apoyo –de espaldas- al circuito de pases. Patearon más al arco, aparte.

Por último, hay luces amarillas. Milito no se asienta, está desconocido, lejos del central veloz y capo del anticipo que se conoce; Mascherano desubicado, mal, dejando siempre franjas por el centro desde las que el rival puede edificar; los desajustes defensivos –errores básicos como cierres a espaldas de los centrales, coordinación entre zagueros para definir cuál de los dos sale y cuál espera, coberturas a los del medio, anticipo, juego aéreo- son alarmantes y persisten.

Si aparecieron fallas aún contra un equipo de quinto orden como lo fue el rival del día lunes pasado –es una vergüenza haber tenido que esperar a la última fecha de un torneo que se organiza para clasificarse-, no hay lugar, todavía, para hacer a un lado a ninguna de las (preocupantes) cuestiones marcadas acerca de las dos primeras presentaciones. Aún cuando, es cierto, se mejoró.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: