sábado, 9 de julio de 2011

Capítulo 2º de la Copa América. Argentina 0 - Colombia 0. Lógico, cantado, previsible

En economía se utiliza el Índice Big Mac como forma de comparar el poder adquisitivo de distintos países en donde se vende dicha hamburguesa. Yo creo que en fútbol debería utilizarse el Índice Marcadores de Punta como forma de determinar si un país está o no en crisis futbolística. Javier Zanetti es titular en la Selección argentina desde 1994, lo que es decir hace 17 años: yo estaba en segundo grado de primaria, con la señorita Myriam; ahora estoy a un año de recibirme de abogado.

Que Zanetti cuente ya con casi dos décadas de carrera consecutiva en el seleccionado, no sería malo per se, si fuera producto de que le ganó el puesto a todos y cada uno de los que durante dicho período fueron surgiendo y discutiéndole "su" lugar: el tema es que, en 17 años, Argentina, el sistema futbolístico argentino mirado como un todo, no ha sido capaz de generar un jugador a la altura de alguien cuyas producciones futbolísticas, por otro lado, no es que tampoco hayan usualmente descollado, ni mucho menos.

El ejemplo de los marcadores de punta es una metáfora de la crisis por la que transita el fútbol argentino. Gente de mi núcleo cercano suele criticarme porque yo he defendido a Heinze, o racionalizado (intentado racionalizar, al menos) las ideas de colocar marcadores centrales en función de laterales. Criticar a Heinze es quedarse en lo chiquito, en pegarle a un tipo al que es fácil pegarle. Más complicado es entrar en las carencias generales que tiene la Selección. Problemón, complejo y profundísimo: Argentina, démonos cuenta, no tiene, ya, materia prima como para seguir siendo considerada potencia futbolística. Si no se tiene en todos los puestos, no se es potencia, así de sencillo. Y Argentina tiene mucho en pocos puestos; y, viceversa, poco –o más bien, nada- en otros: no tiene defensores (ni laterales ni centrales), ni volantes de juego (los benditos Xavi e Iniesta que tanto necesita Messi), por caso. No-tie-ne.

Hablar del partido ante Colombia en específico, huelga, basta repetir que pasó de todo lo malo que contra Bolivia, pero peor aún. Por lo demás, cabe remitirse, para el desmenuzamiento del no juego del no equipo, a dos muy buenas notas que aparecen en La Nación deportiva del día de la fecha (
1 y 2, una de ellas, como no podía ser de otra manera, firmada por Juan Pablo Varsky; y la otra, un análisis cuasi quirúrgico –no sé si la figura cabe, pero me surgió- de Cristian Leblebidjian).

Parecería que la tengo contra Pupi, pero no es con él personalmente, el tema, para nada. Hoy le decía a varios amigos: uno que “está” en esto del fútbol (qué pedante suena esto, pero el que también “esté” va a entender el sentido de lo que pretendo significar), tendría problemas para, por ejemplo, explicarle, a alguien que no sepa cómo es que pasan los laterales al ataque. En palabras. ¿Y cómo se explica algo que a los que nos desvive el fútbol nos resulta tan natural como el hecho de que pasen el ‘4’ y/o el ‘3’ por el costado y vaya la pelota a ellos, que pasan “vacíos” -¿cómo se explica qué quiere decir “vacío”?- a oxigenar el armado del juego a una zona libre? Lleno de tecnicismos. Y es que es una jugada tan que uno da por sentada que sale o sale, a cualquier equipo (al más pedorro, digamos), que, cuando se ve que a esta selección no le sale natural ni siquiera eso, entonces se toma conciencia de la gravedad del asunto.

Cuando Bielsa estuvo en su peor momento, se le criticaba la excesiva automatización de movimientos de su conjunto. Que lo volvía, decíase, muy previsible. Y algo de cierto había en la crítica, se observó en el Mundial 2002. Ahora tenemos la contra cara, y peor. No sale fácil ni la subida de los marcadores de punta, que por otro lado no los hay. Y estas dos pequeñas cosas re envían a muchos otros temas. Arriba decía que tenemos mucho de poco: me refiero a que en este plantel existen tres tipos que, para mí, sí que con variantes particulares (bien que muy puntuales), juegan de y a lo mismo. Me refiero a Messi, Tevez (cuando juega, no cuando choca) y Agüero. Eso en una posición.

En otra, la de ‘5’, hay, justamente, nada menos que ¡cinco! variantes, de las cuales ninguna (nin-gu-na) encanta, hoy por hoy, y eso que se quedó afuera Bolatti, que perfectamente podría entrar en esa puja. Cuando digo ninguno encanta quiero decir que, hoy en día, dejar sentado a Mascherano en el banco no ameritaría la cuasi revolución social con cacerolazo que provocaba aquel capricho passarelliano de dejar fuera de las convocatorias nada menos que al goleador máximo de la historia del seleccionado, Gabriel Batistuta, para que jugase su pollo Crespo, y tranquilo, sin competidor -o sin uno de peso- en el banco. Otro lugar, el del ‘9 de área’ donde no ha surgido, desde el retiro de Crespo de la Selección, nada: Higuaín es un muy buen jugador, pero no tiene el estilo de cañonero potente que tenían Bati y Crespo.

En defensa, para cerrar, hoy es titular una dupla central de más de 30 años de promedio, ninguno de los cuales ofrece seguridad (ante Colombia regalaron una clara de gol al rival cada uno con salidas inseguras): por demás, Burdisso hace rato no juega de central en Italia –nunca ha sido último hombre, por otro lado, siempre central de choque contra el ‘9’- y Milito no entra en Barcelona ni cuando se lesionan los centrales titulares (está detrás de Piqué-Puyol, los titulares; pero también de Mascherano y hasta de Abidal, al que Guardiola corre de ‘3’ a ‘6’ en caso de necesidad antes que recurrir a Gaby).

Y todo esto sin entrar a hablar de la falta de caudillo(s) del tipo que alguna vez fueran Passarella, Ruggeri o Simeone.

La decadencia arrancó con que “todavía no hemos podido superar el retiro de Maradona”. Hoy hay que decir que, tampoco, se ha superado la ida de Batistuta y Crespo. Ni la de Ruggeri. O las de Ayala y Simeone. Y tampoco hay jugadores de la talla del primer Sorín o de ¡Kily González! O deberíamos decir que pasamos de sufrir para pelearle a los europeos, a que nuestros jugadores prefirieron, en los últimos minutos del duelo con Colombia... asegurar el empate.

La mayoría de los seleccionados que pelearon la última Copa del Mundo tienen volantes de lo que se llaman “de 100 metros”. Están para morder, jugar y definir por igual, los noventa minutos del partido, no se cansan jamás, y asombran por sus portentos físicos, a más de que no les falta ni una pizca de ductilidad atrevimiento en el manejo: Sneijder, Schweinsteiger, Xavi/Iniesta/Xabi Alonso, Muller, Felipe Melo. ¿Cuántos de esos hay en nuestro fútbol?

Y acá, también, se trata del -mal- laburo –o el no laburo- de los clubes en inferiores (qué jugadores se sacan), las pésimas estrategias comerciales de los clubes -más definidas por necesidad y estrangulamiento financiero que otra cosa, motivación que habla de la calidad de las decisiones que se toman en ese ítem-, las apuestas filosóficas de las elites de DT (esto de la falsa dicotomía fulbito y Tiki-Tiki; o pizarrón y pierna fuerte y templada –si no caminan, ambas, de la mano, te quedaste cortísimo como equipo-).

Este post pretende, simplemente, que florezcan mil disparadores, porque abarcar todo ya requeriría una enciclopedia de espacio.

En este marco, sólo a un desprevenido lo puede estar sorprendiendo que Argentina esté esperando a la última fecha del grupo, ¡y de local!, para clasificarse.

1 comentario:

  1. Ya que el tema es el futbol, y aunque haya veda política, me gustaría hacer algunas reflexiones sobre la Copa América.Según informó TN, Cristina no asistió a la inauguración del certamen porque, junto a algunos barrabravas que se sospecha también pertenecen a "la Cámpora", todavía se está agarrando a las piñas con el gobernador Gioja ... ya que el equipo sanjuanino mandó a la B a su amado Gimnasia.
    Siguiendo la misma fuente, parece que tampoco fue Macri porque "los bolitas" lo consideran persona no grata desde que se mandó aquellos comentarios xenófobos en ocasión de la toma del Iberoamericano. Al respecto, Bonelli agregó que nuestros vecinos son muy desconsiderados pues no tuvieron en cuenta que Mauri, cuando hacía la secundaria en el colegio cardenal Newmann, eligió Bolivia para un retiro espiritual en búsqueda de "la paz" interior.

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