lunes, 4 de julio de 2011

Capítulo 1º de la Copa América. Argentina 1- Bolivia 1. Me dormí, mal.

No está mal intentar imitar al Barcelona: el tema es que no hay con qué. Yo me declaré partidario –lo reconozco ahora, cosa que no se me acuse de panqueque- de que se trate de armar lo más parecido a lo que hace que Messi –que es el mejor jugador del mundo- explote todos los días del año. Pero visto está que no hay con qué. La Selección argentina no cuenta con intérpretes capaces de instrumentar la propuesta barcelonista.

Haber apostado todo a rodear a Messi es una apuesta de altísimo riesgo. Porque, si sale todo bien, a Batista le va a pagar bien la apuesta de haberse jugado todo a ser el primero que logra que Messi copie en la Selección el descollante rendimiento que muestra todos los domingos en España. Pero si sale mal, deberá, por el contrario, abonar el costo de haber quemado las naves in totum a, no ya un solo esquema, sino a un solo jugador.

Banega (no tanto, le abro crédito a él, todavía) y Cambiasso no están, no digo ni pido a la altura de Xavi e Iniesta porque sería imposible pedirles que copien particularidades con las que “se nace”, pero ya ni siquiera de intentar un papel en un juego de toque, rotación y movilidad como ‘8’ y ‘10’. Pero, ojo, tampoco Pastore podría ingresar por ninguno de ellos si pensamos en la contratara de dichas posiciones: la faz defensiva, el retroceso. Suena, así las cosas, inentendible que haya quedado afuera del plantel Diego Valeri.

La dupla central no es confiable, son dos jugadores que encaran la recta final de sus respectivas carreras, que nunca se asentaron más que como “reparto” en la Selección, de cara a Brasil 2014 (meta en base a la cual debería pensarse el trabajo encarado en esta Copa América) da que llegarán con demasiada edad. Ídem para Zanetti, de quien ya hemos dicho aquí que su permanencia como lateral derecho (puesto que no ocupa en su club, donde hace rato juega de mediocampista) que hace 17 años no se ve interpelado seriamente en su titularidad (como no sea porque Pekerman y Maradona decidieron poner centrales en su puesto), representa una vergüenza para el fútbol argentino, a más de que sigue teniendo problemas para finalizar las jugadas. Los laterales, deberían ser claves en este esquema, que carece de carrileros y tiene en ellos la primera y necesaria descarga que pueden hacer los laderos de Mascherano para apoyar juego; pero no lo fueron (lo de Marcos Rojo dio pena). Mascherano luce limitado para ser el inicio de las jugadas, gusta de retrasarse en demasía y, aún cuando es claro que no es un limitado, sí que carece de variantes: cuando ocupó ese puesto con Bielsa o Pekerman, siempre lo hacía en compañía de jugadores –D’Alessando, con el primero; Riquelme, con el segundo- que le iban a pedir la pelota, porque son conductores de alma, en mitad de cancha. Ni este equipo está pensado para jugar así –exige un ‘5’ más comprometido más arriba-, ni cuenta con auxiliares que le disimulen esa carencia.

El ideal de Batista es saludable. Partir de la posesión, tocar mucho e intentar llegar “seguro” a la valla rival. No está pasando, diría Sebastián De Caro en el debate de Gran Hermano. Xavi e Iniesta le sirven juego a Messi, primero, mucho más cerca del área rival –donde más y mejor lastima- de lo que se vio el viernes del debut en La Plata; y segundo, con mil variantes de asistencia que son, todas ellas, fruto de la movilidad del ‘8’ y el ‘10’. Frente a Bolivia, Argentina lució excesivamente esquemático. Todos muy en su lugar, carentes del tocar y pasar a buscar, en especial Banega y Cambiasso, lo que devino en que Messi recibiera muchas veces detrás de la mitad de la cancha. Y entonces, encima, se careció de peso en el área.

Pero, además, leyéndolo, coincido con JPV y lo que plantea en su columna: Batista lo armó, parece, más para Tevez que para Messi -que, también lo hemos dicho, se duplican, también en este armado-, tanto el equipo titular como los cambios para el complemento. Y si no soportó la presión que le siguió a la comunicación que hizo, primeramente, de que lo dejaría afuera de la lista definitiva, es preocupante, a más de que carece –la retractación- de consecuencia con su declamado plan inicial. Agüero entendió mejor lo que es el mensaje que baja del banco –reitero que, por ahora, sólo declamativamente-, y habrá que ver si se le encuentra lugar para paliar el déficit de llegadas, alarmante (y si se llega a tiempo de probar alguna alternativa de juego, global): Lavezzi, en cambio, fue excesivo individualismo y estuvo muy estacionado en su wing. Di María fue individualismo excesivo, y sus características parecen dar más con ideas de juego más rígidas, posicionales de lo que pediría ser esta.

La crisis de riqueza individual, en un fútbol argentino que sufre alarmantes carencias en algunos puestos y sobreabundancia en otros, se patentiza claramente en los pésimos rendimientos que exhiben sus no equipos hace ya largo tiempo: desde la retirada de Bielsa, casi, por citar alguna fecha. Tema que excede el propósito de este post, debería quedar para más adelante.

Puntajes: 18- Sergio Romero (7); 8- Zanetti (6,5), 4- Burdisso (6,5), 6- Gabriel Milito (5,5), 17- Rojo (4); 19- Banega (5), 14- Mascherano (5), 5- Cambiasso (4,5); 21- Lavezzi (4,5), 10- Messi (6), 11- Tevez (4,5). Ingresaron: 7- Ángel Di María (5), 16- SERGIO AGÜERO (7,5).

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