martes, 12 de julio de 2011

Apuntes porteños

Bueno, ya está. Macri superó todos los pronósticos, incluso los más favorables (a él), y tiene asegurado el trámite en segunda vuelta. No hay forma de darlo vuelta. Ninguna. Con la tranquilidad de ya haberlo dicho, insisto, la campaña fue paupérrima, enroscados en una estéril discusión sobre “el debate”, que respondía a una lógica en la que PRO se mueve muy cómodo: no le reportó, al Frente Para la Victoria, ningún beneficio haber subrayado en la ausencia de Macri en cualquier debate que no fuese el de TN o en que lo sponsorea Clarín. Ninguno.

Bien. A ver si se entiende de tanto repetirlo: Cristina puede tener altísima intención de voto en un distrito, pero eso no implica (no determinantemente, al menos) la replica de ello en su candidato en el distrito. La campaña en la Ciudad, encarada sobre la base de que se partía de la primacía de Cristina para la presidencial de octubre en el distrito -y por lo tanto en un entusiasmo que, ahora se revela, era desmedido-, en vez del 10% obtenido allí en 2009, eso articulado con el 23% de 2007 –tanto de Filmus en su primer intento, como CFK en el suyo- y el desgaste del “efecto ‘campo’” –que en Capital se sintió, mal-, impide capitalizar los avances, que los hay, sí que módicos por, reitero, la pésima campaña.

Me gusta, de lo muchísimo que leí, una línea argumental que creo advertir que existe entre lo que escribieron
Ezequiel Meler, ayer en su blog; y Mario Wainfeld y Julio Burdman, hoy, en P12 y Perfil, respectivamente. El distrito porteño es complejo y más que multidimensional (supongo que se dice así, el procesador no corrige): ergo, imposible de ser abordado por lógicas binarias del tipo “Estado vs. Mercado” o “Derecha vs. Izquierda” a las que somos, las más de las veces, tan afectos. Con matices, creo ver, en tramos de todos los escritos apuntados, una critica, por no atender ese aspecto, al kirchnerismo.

El PRO, con un laburo territorial en el sur tipo peronismo del conurbano que es bien maquillado (Ritondo); capitalizando cierta simplificación de su figura que hacemos, que impide abordar sus puntos débiles acabadamente; y abarcando bien la necesidad de catch all que demanda la disímil estructura geográfica porteña (cosa que no se entiende que no hayan intentado Filmus-Tomada, tan bien que se le sale al kirchnerismo eso en todo el resto del país). Se complejizó y diversificó a su propio interior, para atender a un lugar atravesado por múltiples y variadas –entre sí- dimensiones. Vale. Y recibió de brazos abiertos la extrema polarización que se dio con el FPV, rumbeando, lo más pancho, a su reelección, consolidando su voto duro y acrecentando su caudal de 2007, ayudado por el hecho de que, en la opción binaria, se le sumó, al pragmatismo que habla de continuidad en todos lados en que se ha votado hasta acá, el clásico “desenganche” que busca Capital de las grandes líneas nacionales, donde en la actual coyuntura prima el kirchnerismo (aparte, claro, del voto anti peronista y anti K natural porteño).

Nosotros, en cambio, hicimos poco, suave y mal en todos esos aspectos. Inclusive en el terreno mediático, en el que, insisto, aún no comprendo por qué entramos a disputar una estéril diatriba de despliegue de la propuesta allí donde nada se iba a lograr de los lugares en los que habría sido más factible lograrlo. Por decir algo: en la sureña comuna 8 (Lugano, Soldati, etc.), se perdió, sí, pero por apenas siete unidades. Eso, con pésima estrategia: ¿cuánto se habría obtenido si se hacía una, al menos, presentable? Justamente allí donde más hacía falta meter pata en barro. Y donde menos se lo hizo. ¿Cuántos habrán visto, allí, alguno de los “debates”? ¿Cuánto habría sido de distinto el 59-18 que clavó Macri en Recoleta si se lograba que fuese a la UBA?

Como River, que jamás tomó en serio que su lucha era contra el descenso, el FPV porteño debió haber bajado los humos triunfalistas, reconocer más la primacía de Macri y aspirar a algo así como asustar a Maurizio, o perder por menos de lo que se perdió en 2007. Un, pongamos, 55-45, habría sido para descorchar champagne. Y se perdió, al menos de entrada, por menos: da bronca porque, quizás, se podría haber aspirado a más. Faltó diagnóstico. Y, claro, si faltó eso, faltó praxis acorde, también.

Si bien se mira, el cuadro no sería para tirarse debajo de un tren (si no fuera, claro, por la demencial expectativa triunfalista que rodeó a una campaña que nunca se esmeró en actuar en función de merecerla): se creció respecto de lo obtenido en 2007, aún después del dueto cuasi mortal ‘campo’/elecciones 2009; en aquella oportunidad, con menos de lo obtenido en este 2011 a Cristina le sobró igual para golear en la presidencial; la intención de voto de Cristina en CABA es más alta que el 28%, cosa que reconoce el propio Macri cuando le baja tonos a sus diatribas anti K, suponiéndose compartiendo otros cuatro años con la misma Presidenta –desapareció de su lenguaje aquello del “ciclo terminado”-.

Y también, ojo, cuando reconoce, Maurizio, que… podría llegar a votar a la Presidenta, bien que influenciado por el hecho de que nadie duda de que comparte clientela con ella en su terruño y en que, después de todo, a él no le convendría que gane alguien que le pudiera discutir mercado electoral en 2015 siendo que Cristina no tiene reelección (eso sería el “hasta podemos llegar a apoyar a Cristina llegado el caso si ‘les conviene a los porteños’”).

Antes de ganar en 2007, además de en Capital, CFK perdió en Córdoba (en realidad fue un triunfo muy pírrico, sospechado de chancho, que no aportó nada, cosa que se comprobó en la general, en la que Cristina perdió allí) y Santa Fe. Claro que aquella vez no tenía el sistema de medios concentrados articulado con el establishment de la oligarquía diversificada en contra viendo cómo hacía, de eso, capital de construcción política anti K, pero tampoco da para asustarse: no tanto, al menos.

Por otro lado, ayer se pierde en un distrito que representa alguito menos, en el padrón nacional, que la suma de todas las provincias que habían votado hasta acá. El FPV ganó en todas estas últimas, con un volumen de votos propios muy superior al obtenido por Macri en Ciudad, que debe dividirse entre una variada cantidad de opciones serias que enfrentarán a Cristina en octubre venidero, incluso ella misma (por serias tengo a El Hijo de Alfonsín, Duhalde –daban penita, ayer, con Carrió, queriendo colgarse de Macri: ¿saben cuánto les va a cobrar, no ya el total, sino uno de sus votos, el alcalde, después de tantos límites que le marcaron?-, Binner y algún vestigio de El Alberto, el resto son testimoniales; en 2007, sólo dos: Carrió-Lavagna). Todo esto, luego de ocho años de predominio nacional, allí donde ese más impacta, por tratarse de, seguramente, la caja de resonancia más importante de unas cuantas que existen –mediática, sobre todo, como en el caso del ‘conflicto con el campo’-.

De todas maneras, vale repetir, no habrá, al menos no ineludiblemente, replicas exactas: el tema está en que solamente Cristina lidera una opción que compite por, a lo menos, un tercio de electorado en todas partes, el despliegue de calidad y competitividad de su armado territorial es muy superior al de todos sus rivales directos, quienes, hasta acá, se han ido al descenso directo en todas las provincias, configurando opciones de corte meramente ejecutivas y nacionales, sin mínima articulación parlamentaria ni provincial con nadie: y de nuevo, pragmatismo del buen momento, conservadorismo, juegan a favor del que, en esos términos, luce, no sólo más competitivo electoralmente, sino más completo a nivel general.

Y a todo esto, hay, sí, una formación militante nueva, consolidada en su pertenencia kirchnerista al interior del peronismo, y muy movilizada. No hablo solamente de La Cámpora, también del Evita y la Corriente Peronista Nacional –cuyas banderas y laburo lucen en todos lados, menos en los flashes mediáticos, en los que sí luce la instrumentación de La Cámpora en elemento de susto para ciertos segmentos medios/altos, burda y roñosa estratagema-. El tema será, de acá en más, articular la consolidación de voto en el distrito –el peronismo de Capital, arriesgo solamente, es casi hegemónicamente kirchnerista- en una opción que piense la Capital. Pero que trabaje en cómo es verdaderamente, no en lo que se aspira a que sea o lo que da bronca porque no es. Sin hacer berrinche, diatriba ni refunfuñar.

La construcción viene marchando, no es que no. Es un tropezón, esto, claro, más vale. Que va a servir para atender que en Capital no hay otra que la doctrina de Mostaza Merlo (y eso que el que firma es fanático de Independiente, estilo Tano Pasman o peor). Va a doler en los que militen en el FPV en Capital, aún con todas las salvedades que ameritó subrayarse en el post, a los fines de dejar sentado que a nivel nacional nada de esto es dramático.

Copio, para el final, sabias, a mi criterio, palabras de Julio Piumato, cuyo sentido –no literal, claro- me gustaría que desparramara: “Lo que opino lo sostengo con mi militancia y la del espacio que represento. No me voy a casa ni me paso de bando, ni cambio de distrito. ¿Está claro?”. A seguir remando… Otra vez. Eso es lo que jode, no saber aprovechar los momentos.

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