lunes, 4 de julio de 2011

Apuntes fueguinos

Es la provincia menos poblada del país, pero su resultado no quita el sueño al gobierno nacional: el resultado previsible indica que, gane quien gane, la gran ganadora será la presidenta Cristina Kirchner. (…) como el duelo sigue abierto, por ahora la única que festeja es Cristina Kirchner. No sólo porque Bertone es una kirchnerista pura, sino porque la actual mandataria también es aliada de la Casa Rosada. ¿Quién dijo estas dos cosas? Antes del espaciado, La Nación; después de él, Clarín. Así hablaron los mascarones de proa del armado opositor el día 26 de junio pasado, en ocasión del primer turno de la local fueguina (acá y aquí).

Difícil era, para cualquiera de los que revistamos en las tropas rentadas K, prever que la cobertura de una simple elección en la provincia menos poblada y más austral del país se convertiría en un síntoma de la desesperación -e instrumento de operetas- de las tropas opositoras. Después de catalogar –para desprestigiarla, claro- a Fabiana Ríos como kirchnerista cuando se preveía su derrota, ahora que, sorpresivamente, triunfó en el balotaje, se habla de que el resultado representa una derrota para Cristina. Si ganaba Bertone quizás habrían buscado en el voto de la diputada en contra del Matrimonio Igualitario en aras de "deskirchnerizarla", y con ella también al resultado.

Lo cierto es que hubo, en Tierra del Fuego, cuatro candidatos en apoyo de la Presidenta. Para tomar los datos que valen, si se quiere hablar de pertenencias sociales, que son los de la primera vuelta, lo cierto es que las opciones amigas de la Rosada recogieron, sumadas, cerca del 80% de los sufragios (43% de Bertone, que llegó primera; 32% de Ríos, la segunda; y algo más del 4% de Adrián Fernández –del PJ local, cuarto- y del 1% para José Martínez –aliado de Sabbatella, ex de Carrió, a nivel nacional; del FPV, en la cámara de senadores; que se separó de Ríos, a quien había acompañado en su ruptura con la dictadora de la Coalición Cívica Libertadora, para ir por la gobernación y llegó quinto-).


Sí, es cierto que (me voy a poner marianogrondoniano ahora) CFK le dio “más” apoyo a Bertone, tanto en primera como en segunda vuelta, porque es del palo; pero no “todo” su concurso, en vistas de que jamás cortó relaciones con Ríos, que ayer aceptó muy gustosa posar con Randazzo mientras festejaba el triunfo y de elogiar a la Presidenta por teléfono.

A ver, a escala nacional, de una provincia como TdF se necesita un mandatario que no sea hostil y altisonante verbalmente a la Rosada, de mínima; y de máxima, apoyo parlamentario de sus representantes en el Congreso nacional. Ambas cosas ha habido con Ríos en este tiempo, que por otro lado, además, ya no cuenta con los legisladores nacionales como herramienta de “presión” –ya mencioné que se le fueron todos con Sabbatella-, de modo y manera que sólo a un iletrado político o a un operador se le puede ocurrir que lo de ayer se pueda leer como derrota de Cristina. ¿Reflejos que confirman los rumores encuestológicos a una semana vista del voto porteño, acaso? No quiero tener que pensar eso, ¿eh?

Así han sido, por otro lado, siempre, o casi siempre, las relaciones entre fuerzas provinciales y oficialismos nacionales (como el MPN, salvo Kirchner-Sobisch, que podría ser la excepción necesaria que confirme la regla): apoyo recíproco por mutua conveniencia. La gobernación de Ríos sorprendió -y es premiada por ello- por las mil complejidades, de gestión y de construcción política, que la acosaron en estos cuatro años: y las sobrellevó haciendo política de la más pedestre -pedestre según los estándares de las vocerías corporativas dominantes-: meta rosca y rosca con sindicatos, con la sociedad civil (permitió que el primer casamiento homosexual fuera en su territorio), con los opositores políticos y con la administración nacional. Se alejó del chamuyo pseudo institucionalista y pseudo republicano que le habría diagnosticado su pertenencia al ARI, y con ella al Grupo AEA -simplificando-.

A más de todo eso, en 2007, antes de ganar la general de octubre, el kirchnerismo había perdido en Capital, Santa Fe y Tierra del Fuego –allí si fue una derrota, aún cuando ahora Bertone está más identificada con Cristina de lo que entonces lo estaba Coccaro con Néstor-; y “ganado” (con más comillas que las que permite el procesador de texto) en Córdoba.

Así que poco de serias tienen, a mi criterio, las lecturas que se relamen suponiendo un vendaval anti K –aún por confirmarse-, en el mes que acaba de iniciarse: no sólo por estos antecedentes, también porque el mecanicismo no se aplica a estos casos (no va esto de que si perdió Eliceche en Chubut –ya se que no se sabrá nunca si perdió realmente en el escrutinio más vergonzoso de la recuperación democrática, el único malo que ha habido en la primera tanda de comicios locales que acaba de cerrarse, en una provincia cuyo gobernador se jacta de haberla “desarrollado” con un “modelo”, a diferencia de las vergonzosas provincias populistas K de las que él se separó prudentemente después de junio de 2009, pero que no tuvieron, ninguna de ellas, problemas para contar tan pobre cantidad de sufragios; pero, bueno, si no me quedo sin ejemplos para sustentar el punto, aparte no hay que pegarle a Buzzi, que ahora juega para acá-, quiere decir que perderá, allí, en octubre, Cristina las presidenciales; ni viceversa: no es que sea el triunfo de Corpacci en Catamarca el que da la pauta de la primacía de CFK para la presidencial allí; otra prueba es que en Capital la intención de voto a presidente la lidera… Cristina, con Maurizio primando en la local).

Los impactos hay que verlos por el lado de la capacidad de una fuerza de ganar en despliegue de organicidad territorial, porque en eso se jugará gran parte de sus chances en punto a gobernabilidad, negociación parlamentaria e interinstitucional y potencialidad de rosqueo de todo tipo a futuro. En ese entendimiento, el FPV ha pesado –además de, según yo entiendo, ganado, y bien- en todas (pero todas, ¿eh?) las elecciones que se han celebrado hasta la fecha. Y al resto de los anotados para octubre, en muchos casos, ni los dejaron jugar los distintos partidos que se sucedieron.

Así que, visto ello, no sé si el hecho de que Cristina gane en octubre no es, ya, aparte de deseable para nosotros, lo único decente para todos.

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