jueves, 30 de junio de 2011

Debate en TN: así, no, Filmus. ¡Así, no!

(Me sumo tarde a esto. Antes que yo –y, por supuesto, que mejor que yo, con su claridad y sencillez acostumbrada para quienes somos sus habituales seguidores- ya algo había dicho al respecto el amigo Mariano en su excelente Yendo a Menos)

Ahora la vedette resulta ser el debate de candidatos porteños. Una necesidad. Imperiosa. Que haya debate. No importa cuál, ni cómo se hace. Pero que no me falte, jamás. Y si es en TN, mejor. Escribe Alfredo Leuco "esgrima de pensamiento absolutamente enriquecedora para mejorar la calidad de la democracia y de las instituciones republicanas (...) dinámica de la diversidad, arco iris que nos permite articular el pensamiento de cada uno de nosotros, para convertirlo en un producto colectivo de la cultura política (...)". ¡A la flauta que te lo venden! No se fijan en gastos a la hora de los adjetivos, los muchachos. Salud, seguridad, educación, transporte. ¿Qué tienen para decir? Vamos a escucharlos, a ver cómo proponen solucionar los problemas que aquejan a los porteños. Tienen dos minutos cada uno. Y en base a cómo respondan, se determinará quién de ustedes es el mejor candidato.

El relativismo cognitivo sostiene que el conocimiento humano es incapaz de establecer verdades universalmente válidas. Pero, además, que existen distintas formas de conocer, de acceder al saber. El resultado de una investigación equis está determinado por el modo a partir del cual se indaga una "verdad". El deconstructivismo de Jacques Derrida postula que solamente puede desafiarse la idea de resultados únicos e incambiables si primero se parte de la reformulación de los términos sobre los cuales se encara el proceso de conocimiento. Las teorías críticas del Derecho –escuelas opuestas a los absolutismos cognitivos tanto del Iusnaturalismo como del Positivismo jurídicos-, elaboran sus cuerpos de ideas tomando elementos tanto del relativismo cognitivo como del deconstructivismo: hacen fuerte hincapié en que las formas de conocer están históricamente determinadas, son el resultado de disputas de poder, de resultas de las cuales se establecen los esquemas que desembocarán -y que aseguran, además- en el establecimiento de las "verdades" –en su caso, la Ley- triunfantes de la puja anterior y que subyace a los términos en base a los que se las plantea, que se encargan de ocultar los elementos conflictivos que la componen (por decir algo: el derecho de huelga se establece en una fórmula lingüística que no da cuenta de las luchas obreras que precedieron a la conquista, a los efectos de presentarse como elemento no conflictuado -Enrique Marí solía insistir en este concepto-). Carlos María Cárcova -otro de los referentes de las teorías críticas del Derecho- habla de “racionalización de la contingencia”, en cuanto contingente es, por naturaleza, el resultado de una puja por poder, siempre susceptible de sufrir mutaciones –Michel Foucault hablaba del Poder como situación estratégica de posicionamientos en una sociedad dada, en un momento determinado; y no de una cosa que ineluctablemente unos posean y otros no-. Pensemos, en base a todo esto, el "debate".

¿Así que responder las preguntas que Bonelli y Alfano (pero no lo digo sólo por ellos, en este caso) harían sobre temas ¡previamente consensuados por los partícipes del debate! significan en un mejoramiento de la democracia? ¿En serio hay alguien que se cree eso?

Resulta que se debate sobre lo que los candidatos quieren debatir, en la forma en que desean que se les pregunte, y con una cantidad de tiempo para responder que háganme reír que alcanza para explicar algo en política. Lo que se dice, un verdadero acuerdo de cúpulas. ¿Qué tiene eso de democrático? Un intercambio livianito, dispuesto de forma tal que ninguna de las respuestas pase siquiera cerca de una interpelación popular verdadera a las estructuras dominantes de poder (bien que al pie de ellas es que se va a "debatir"): casualidad o no, si Cristina fuese a "debatir" no tendría -teniendo en cuenta cómo está armado todo esto-, espacio para hablar de la re estatización de los fondos previsionales, ni de la Ley de Medios o la AUH, los capítulos emblemáticos de su gestión, a la sazón los que peor le cayeron a los factores corporativos del establishment. Una matriz concebida a los efectos que de ella surja un razonamiento (o una gama de ellos) “tolerable(s)” -para el establishment, mediático en este caso-.

¿Alguien se pregunta con certeza si a todos nos interesa por igual los temas y las formas en las cuales plantean el debate? ¿Y por qué sólo se arma entre los tres que "llevan la ventaja en las encuestas"? Si yo tuviera que pensar en una forma de inducir el voto que, a hoy, no es está identificando con ninguna de las tres opciones presuntamente mayoritarias (Macri, Filmus, Solanas), sin dudas que apostaría a un debate como el de TN. Pero no por TN ni por Macri. Tampoco me termina de cerrar que Filmus se enrosque tanto en esta discusión, que me parece ridícula. Yo creo que Filmus debería haber ido, de todas formas a "debatir" en TN. Pero lo pienso en cuanto a correlación de fuerzas y de la funcionalidad instrumental que se puede otorgar al "debate". Limitada, por cierto. Eso, y gracias. No mucho más.

"Que vaya Macri a otros lados". ¿Y para qué? ¿Para devolverle a Macri con la misma moneda? Pongamos que Filmus iba a TN y Macri a 6, 7, 8. Ok. Un juego de suma cero. A Filmus lo iban a dejar en off side Bonelli y Alfano; y a Macri, Sandra Russo y Orlando Barone. ¿Y? ¿Quién sumará, así, algo de lo que carece en términos electorales? ¿Un cambio cultural "porque se le saca a TN el monopolio de los debates"? No, porque se hace en otro lado pero se le copian los métodos si lo que se tiene pensado es repetir algo parecido a ese debate de 2003 realizado en Canal 7 entre Macri e Ibarra. ¿Era en verdad necesario todo esto para que quede expuesta la trama de intereses que une entre Macri con Clarín? Se perdió tiempo de campaña.

La difusión de nuevas "verdades" -"las nuestras", por llamarlas de algún modo-, necesitan de que, al mismo tiempo, se piense en esquemas alternativos de pensamiento, que pugnen por instalar que lo relevante en una gestión de gobierno tiene que pasar por lo que a nuestra representatividad le importa. Y que, del mismo modo, son irrelevantes, o de menor orden, las cuestiones hoy jerarquizadas en el debate público. Es decir, una nueva forma de "preguntarse por los problemas de la gente". Y sobre todo, de indagar en otras problemáticas, y en el valor de poner esas cuestiones en el centro de la escena.

Julia Mengolini (¿será que alguien puede lograr que baje un par de cambios y tonos, hasta las elecciones, al menos?) dijo que esto era algo así como un capítulo más en lo que fue la puja por una nueva Ley de Medios. No le bajen el precio, por favor, a esa pelea, que fue radical, a fondo, transformadora de estructuras de veras. Eso es lo que más me molestó. Busquen otras formas de dar a conocer los beneficios de que la Ciudad se ponga a tono con el proyecto nacional, de darse a conocer como candidatos. No sirve entrar en la lógica de difusión dominante si se quiere evitar el famoso cerco mediático.

Yo no se cómo se hace, pero seguro que no va a servir para nada el debate que se viene en la UBA. Para nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: