martes, 28 de junio de 2011

CFK-Boudou y más

Me pareció necesario esperar unos días. Alejarse de la espuma. Observar con cierta distancia y recoger repercusiones. Leer de todo. Interpretar los sentidos de las acciones. Nada, o muy poco de todo eso puede hacerse si se está encima de los hechos. Obligaciones universitarias, además. Todo confluyó para que recién ahora se diga algo acerca de CFK-Boudou.

Las cosas son más simples o más complejas de lo que parecen, según el caso. Pero siempre, o casi siempre, las bajadas de línea de los –por así mentarlos- grandes medios (las vocerías de de las corporaciones económicas nucleadas en AEA), conspiran contra el buen entendimiento de la dinámica rosquera que, se diga lo que se diga, es profundamente democrática. La existencia de malestares habla a las claras de una dinámica participativa fuertemente instalada, como todo contexto de discusión. Los quietismos tipo Pacto de la Moncloa, esquemas pensados para preservar intereses particulares de interpelaciones populares, metaforizan exclusión de mayorías de la institucionalidad, como se ve en España por estos días.

Qué lástima que se pierda de vista la riqueza de las negociaciones que hubo, por caso, entre Cristina y Scioli por la candidatura a la vicegobernación bonaerense. Es una cita, no textual, de
algo que le leí a Gerardo Fernández después de la designación de Mariotto y antes de la de Boudou, y que me pareció de lo más interesante por esas horas. El arco que sustenta el liderazgo de CFK es amplísimo y más aún las chances de que entren muchos diputados, vista la enorme intención de voto que por estas horas ostenta la compañera Jefa. ¿A quién podría ocurrírsele, entonces, que resulte fácil contentar a todos en un armado apetecible y, más, que luego de ello no queden descontentos? La política es esto, y no otra cosa. Acá y en China.

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Scioli-Mariotto. ¿Qué demonios ocurre de raro, a ver? Mariotto es peronista, profundamente, por si hace falta aclararlo. ¿Scioli prefería otro? Seguramente. Pero Scioli, primero, no tiene la capacidad (y seguramente tampoco las ganas) de condicionar a Cristina que tiene Cristina de condicionarlo a él. Pero hay capacidad de daño mutua si ambos se decidieran a hacer “locuras”, mayor a los beneficios que le depara, a ambos, permanecer unidos. Ni a Cristina ni a Scioli les conviene desencontrarse, se trata de racionalidad instrumental.

Sigo creyendo que a Scioli, en aras de hacerlo romper con la Presidenta, se lo subestima. Insisto: el Gobernador no es un idiota. Acá hubo un acuerdo político, donde Scioli midió costos y beneficios de cara a su propio futuro, que tiene como meta, quién lo duda, la Rosada en ’15.

Lo escucho, mientras escribo,
al Ingeniero, en el programa de Gerardo Fernández, decir dos cosas muy interesantes. Una, que el mismo Scioli admite no saber qué es el sciolismo. La otra, que, con sus particularidades y lo que se quiera, Scioli es hombre del proyecto de Cristina. Detrás de esas definiciones hay varias de las cosas que en este blog ya dije en enero, cuando el enésimo operativo que se hizo sobre el Gobernador para hacerlo saltar el charco. La serie titulada Trascendencia K (I, II, III, IV y V), porque en Scioli se juega buena parte de ella. A ver…

Se acusa a Scioli de derechismo. Lo concreto es que ha resultado un elemento táctico fundamental del kirchnerismo, da para pensar si hubieran sido posibles, sin su apoyo, la mayoría de las políticas en las cuales uno funda su pertenencia kirchnerista. Asimismo, tiene peso –Scioli- a partir de su pertenencia a este espacio. Sabe que necesitara de casi todo lo que hoy acompaña a CFK si quiere heredar el poder en 2015, pero que ese apoyo no será gratis.

Cristina y Scioli tienen que articular las necesidades de gestión que tendrán dos personas que, de cara a 2015, no tendrán reelección; con el horizonte de otros que sí y que legítimamente aspirarán a permanecer más allá de ese período, de los que condicionan su apoyo a la profundización de la agenda clásica de CFK. Todo eso dio como resultado las listas que hubo.

Cristina quiere gente propia, cosa absolutamente lógica, en orden a consolidar al kirchnerismo como línea mayoritaria al interior del PJ. Miren qué cosa tan loca. Lo reclama por conductora y taquillera. Y salvo casos muy aislados, que sin duda los habrá, la ratio ventajas/desventajas de romper con Ella, les dará, a todos aquellos a quienes les de vuelta en la cabeza hacerlo, que el arrastre propio de CFK sobre la capacidad de movilización territorial dará como resultado que conviene la unidad del espacio y la aceptación de que Cristina reclama con derecho y merecimiento como cualquier líder político que se precie de tal.

Ya agitaron el fantasma del comisariato político con la candidatura de Balestrini en 2007. No les salió. Entre otras cosas, los análisis les salen ridículos porque venden un diagnóstico inverosímil: en el kirchnerismo la racionalidad es regla, siempre, más a la hora del tacticismo electoral, que poco y nada –y más nada que poco- ha dañado la acción estratégica ’07-’11. Por fin, ¿alguien dará alguna vez algún argumento respetable acerca de por qué demonios debe dudarse de Scioli cuando no abandonó ni teniendo todo a su favor como, decían, lo tenía post 28J09?

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El concepto berreta de institucionalidad y republicanismo que se vende desde los discursos dominantes mueve a la risa. Y está bastante alejado de lo que es la realidad. Viene de aquello de que “Cobos tiene derecho a hacer lo que quiere” –a pesar de que sus votos en contra del gobierno al que pertenece sean inéditos en la historia del mundo-. Misma ridiculez se utiliza para sostener que los legisladores deberían votar en base a “lo que les dicte su conciencia”, y no a los mandatos partidarios. Ni Raúl Alfonsín, al que recién a su muerte ensalzaron como “estadista y gran demócrata”, les da la razón. Se pide hasta ministros indóciles. Se clama, en verdad, por tipos permeables a las demandas corporativas, que es la famosa “conciencia” cuyo dictado siguieron los muchos que traicionaron a CFK durante estos cuatro años.

Cristina da, con las listas, la pauta de en busca de qué irá el mandato que se viene. Con Boudou quiere asegurarse la mano alzada en su favor –como corresponde- en caso de empate senatorial. Un tipo que no le esté armando alternativas de gobierno opositor al tiempo que es su eventual reemplazo. La fidelidad al programa, la impronta, el sentido que ha galvanizado el vínculo que se expresa en la enorme popularidad de Cristina. Buena comunicación, también, porque allí Boudou se desenvuelve con soltura. Y varias veces hemos dicho, acá, que la afectación de intereses, necesaria a los efectos de radicalizar la profundización de todos los valores que produce una sociedad, debe venir de la mano de la renovación de esquemas de análisis, categorías, perspectivas que den sentido a lo actuado en lo material.

Boudou y Mariotto sintetizan, en buena medida, Ley de Medios, reestatización de las jubilaciones y AUH, tres medidas base del ciclo de profundización kirchnerista, guiado por CFK.

Boudou empezó a ser quién es el día que le pegó un baile argumentativo infernal a Gerardo Morales, cuando se discutía el sostenimiento de una política de gasto no regresiva vía uso de reservas para cancelación de deuda externa. Dijo, ese día, además, “soy funcionario de la Presidenta. Firmé ese DNU y lo volvería a firmar”. Y repitió lo último.

He allí sintetizado todo el perfil de Boudou, que le suena idea a Cristina en estas horas. Lealtad, dijo CFK, al compromiso asumido, y no a ella en persona, que “sólo” conduce.

Van a tirar con el pasado de Boudou. Poco importa: ¿cuántos pueden mostrar más “progresismo” que la reestatización de las AFJP y la AUH, que tuvieron, ambas a Boudou como protagonista excluyente? Y con eso, los “malos modos” necesarios para efectuar algo parecido a una redistribución, que háganme reír que se puede llevar a cabo sin “crispación”, y que entonces Binner, De Gennaro, Stolbizer y toda la comparsa del frentesito que se rompió antes de gatear llevará mejoras a la vida de alguien. Nadie, excepto CFK, garantiza las contradicciones con el capital. Y sin contradicciones, no habrá cháchara progre que valga.

Menos mal que la centralidad de conducción de CFK no está en duda, da miedo imaginar lo que serían los otros “líderes partidarios” gobernando, viendo como manejan cotos propios.

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Las críticas al modo en que el FPV-PJ llevó a cabo la confección de sus listas, “todos esperando a ver qué determinaba la reina Cristina”, ya ni molestan.
Apuntan a lo que dice –y muy bien- Julio Burdman: frente a una oposición que “no puede competir en organización política ni mostrar fórmulas económicas superadoras, y carece de relatos ideológicos alternativos. Su apuesta lógica, por ende, es al desgaste personal”, determinadas empresas periodísticas (haceme reír, Lanata, que ustedes “sólo dan información: ni de derecha ni de izquierda”), asumen lo que sus peones dirigenciales no pueden ni saben (y ya da para creer que tampoco quieren) hacer.

De otro modo, no se explica que se critique que Cristina haga lo mismo que han hecho todos los demás para diagramar sus armados. El Frente Amplio Progresista (amontonaron nombres que den lindo y quedó horrible) se partió porque Pino veía que no metía nada con lo que Binner (que es, en buen criollo, el poronga del grupo) disponía que le tocaba.

Ó si no, ¿alguien sería tan amable de pasarme links con análisis de las pujas democráticas electorales internas que desembocaron en todas y cada una de las candidaturas que presentarán los partidos “republicanos”? Y eso de que “el kirchnerismo sí debería haberlo hecho, está obligado, es el que gobierna”, váyanselo a contar a otro: parte del cambio cultural, ese criterio, ahora, a mejor vida. Si estuvieron todos “en vilo esperando las decisiones de CFK” es porque reconocen su primacía electoral: yo no estuve en vilo por las de Altamira.

La última es de lujo. Después de incontables marchas y contramarchas, de apostar a cualquier cosa para tratar de hacerle frente, de intentar dividirle el campo propio y apostar a una retirada, la que salió ahora es que “si hay segunda vuelta, el aparato y la CGT la van a abandonar”. Qué feo, después de tantas cosas que dijeron, tener que terminar colgados de Curto, Otacehé, Viviani y Hugo Moyano, hasta hace cinco minutos los cánceres terminales de la patria (aunque, si bien se mira, Binner se les parece mucho a todos esos, sólo Tenembaum se masturba con el supuesto izquierdismo del santafesino). Nosotros, en cambio, tenemos lo que siempre quisimos. Por lo demás,
ni Poliarquía ve ni cerca una segunda vuelta, no se hagan los rulos.

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El que firma esto, quería: CFK-Randazzo, para la presidencial; Scioli-Domínguez, para la gobernación de la provincia de Buenos Aires; la fórmula de la Ciudad exactamente al revés de lo que terminó siendo, a Juan Carlos Schmidt, Julio Piumato y Omar Plaini adentro de las listas. O sea, salió todo bastante al revés de lo que yo quería. Casi por completo, diría. Pero eso no quita que uno no pierde de vista lo central, que no está en tal o cual compañero, sino en todos como colectivo. Y en bancar las decisiones de la conducción, cuya impronta trasladada al sentido de la construcción y proyecto que lidera son los que hacen que uno se entusiasme y acompañe, al margen de desacuerdos menores que en poco empañan lo principal (y general).

La tarea de acá, en más, está en galvanizar lo obtenido. Un aspecto a explorar es ir a por la naturalización conceptual de que todo esto que ocurrió es bien normal, y muy bueno que ocurra. Cristina ejerce un liderazgo, en ese sentido, bastante completo, pero en todo normal.

¿O acaso alguien puede creer que el preferido de la Presidenta para encabezar la lista en Santa Fe era Perotti? ¿En todos lados menos en ese primaron sus “caprichos”? No son así las cosas. Y hay que salir a gritar que la verdad de la vida no la tiene Carlos Pagni, que pertenece a las tropas que lloran por “la desvalorización que hacen los K del Congreso” para terminar diciendo que la candidatura de Aníbal al Senado significa una defenestración. Y habrá enojos, no se puede que no los haya, pero que deben quedar al margen, porque al margen hay lo peor.

Y, sobre todo, cuidarse de no dispararse a las propias patas, algo que sabe hacer muy bien este espacio cada vez que tiene el panorama fácil. Dispararse a las patas puede ser, entre otras cosas, hablar mal de otros sectores internos del espacio. La trascendencia de eso redunda sólo en golpes a CFK. Hay que entender, tener muy en claro, que si el cuestionamiento viene a La Cámpora, viene a la juventud, a las herramientas de la militancia: viene al sentido del compromiso más profundo con la radicalización de los cambios. Sepamos, todos y cada uno, que de nadie podemos esperar algo: excepto de Cristina-Boudou 2011.

2 comentarios:

  1. Muy bueno, Pablo. Completísimo.

    Eso de hablar mal de otros sectores favorecidos lo están haciendo algunos que, obvio, perdieron la representación que otrora tenían. Por ejemplo, lo de D'Elía me duele porque lo estimo, pero termina siendo más deliísta que Clarín, que lo utiliza cada vez que lo necesita.

    Abrazo.

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  2. Soy Pablo, no se porque mierda no me loguea:

    Gracias, Richard. Hay que hacer como si no oyésemos en estos momentos, y dejar hacer, dejar pasar. Con el andar se va a clarificar todo. Esto es normal, más con CFK arrasando porque entonces hay más para repartir, sólo que Clarín amplifica más porque están verdaderamente desesperados. Colgarse, insistiré con esto a rabiar, de la posibilidad de que Otacehé y Moyano se retoben es plantar bandera blanca.

    Abrazo.

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