domingo, 1 de mayo de 2011

Un análisis frío ahora que hace un frío de cagarse

La UCR terminó en El Hijo de Alfonsín, ante las deserciones de Sanz y Cobos: junto con el multitudinario acompañamiento popular de la muerte de Néstor, otra enorme prueba de lo poco que en términos de construcción pueden las corporaciones, ambos desertores eran apuestas únicamente del establishment. La tan agitada "revalorización de la política" tiene su correlato en la caída -como no sea para apretar y condicionar- de los poderes fácticos. Mueren, por ahora, los candidatos de laboratorio, de mesas empresariales prolijas y lejanas del barro y el calor popular. Alfonsín terminó subordinado a una estrategia no propia.

En ese entendimiento, la bajada de Macri. ¿Cómo, en estos tiempos, iba a poder ser candidato a presidente un tipo que no es capaz de poner un candidato a gobernador en cada elección provincial que se sucede? Otro elemento que recobró vitalidad gracias al kirchnerismo, es la capacidad de incidencia de "los armados/aparatos" (unidades básicas, centros cívicos o cómo se les quiera llamar). Macri llegó a la política basado en una lógica que es la antítesis misma de la que hoy predomina: el desdén por los instrumentos clásicos de construcción territorial. Se pasó su época, llegó tarde.

Pino Solanas baja a la Ciudad de Buenos Aires haciendo una pésima lectura del pasado reciente y del presente, supone que parte de su 24% de 2009, cuando su masa de adhesiones respondía, en ese entonces, y responde en la actualidad, a la ola antikirchnerista que ha pasado a ser marea baja. Hoy, como entonces, Pino divide votos con la derecha (por eso fatiga TN, por eso denuesta a los salteños, por eso señala el "clientelismo político"), sólo que una derecha con capacidad de fuego reducida y, por ende, lógicamente -como toda expresión política en declive- más ideologizada: malas noticias para Pino, la derecha más convencida, para hacer derecha, difícil que opte por él teniendo uno de la casa como lo es Maurizio.

A partir del instante mismo en que se instaló en el Congreso el Grupo A, se terminó la era de predominio del antikirchnerismo como dato determinante de construcción electoral. La imposibilidad de asumir el programa de las corporaciones que los dirigen en forma explícita (sí que se lo descubre en todas y cada una de las reacciones que tienen ante todas y cada una de las propuestas del Gobierno), provocó una disfuncionalidad operativa al interior del variopinto conglomerado (así les fue con el quórum, que mayoritariamente fracasó por culpa de ellos y no del bloque oficialista: incapaces de sostener al interior de sus espacios, muchos de ellos, las demandas empresariales) y, además, permitió correr el velo del "odio a los Kirchner" que en realidad era un subproducto del verdadero odio, que es al sentido de lo que Kirchner lideran y representan: un modelo de país inclusivo y diametral, sustancialmente distinto del que imperó en el país entre 1976 y 2003 y que es el eje rector del pensamiento de cualquier oposición actual.

Como dijimos acá varias veces, los distintos integrantes del Grupo A estuvieron y están en un callejón sin salida. La crisis de 2001 arrasó, cultural y concretamente, con los dispositivos de armado político territorial. Frente a eso, solamente queda, para las dirigencias opositoras a los Kirchner (quienes, contraculturalmente, optaron por dar la batalla por la recuperación de un sentido que posibilitase nuevamente sustentarse en los aparatos tradicionales injustamente denostados), buscar refugio corporativo -principalmente mediático, ante la conformación de conglomerados oligopólicos cuyo nacimiento estuvo dado en paralelo al ocaso de los partidos- para alcanzar el despliegue nacional necesario. Hoy se ve como sólo CFK tiene candidatos propios (y a veces más de uno) en las distintas elecciones provinciales que dieron inicio al año electoral.

En la UCR, no es exactamente eso lo que ocurre, sino que desde la huida de De La Rúa en helicóptero por sobre los más de 30 cadáveres cuya ejecución ordenó, las conducciones provinciales del partido de desentienden de las estrategias seguidas a nivel nacional, siguiendo un camino similar al que siguieron los Kirchner: por eso en 2003 obtuvieron seis victorias locales mientras Moreau sacaba un 2% de los votos en las presidenciales; por eso 5 de esos 6 gobernadores ataron, en 2007, su suerte a la del kirchnerismo, mientras a nivel nacional Morales y Sanz se refugiaban en un extrapartidario; por eso hoy se ve como en las distintas internas provinciales del radicalismo los candidatos de las internas nacionales ni asoman (en Neuquén arman con Parrilli, en Río Negro gana uno que dice que va a votar por CFK). Por eso, como ya dijimos, Alfonsín cuenta, para su candidatura con la adhesión de… cero cantidad de gobernadores.

Así las cosas, suena complicada la amalgama electoral que intentan con De Narcováez en provincia de Buenos Aires y con el intendente de Ciudad de Buenos Aires. Tributarios, y hasta se diría que fieles o máximos exponentes de la modalidad de armado que venimos apuntando que ha llegado a su fin, y siendo nula la capacidad de las conducciones nacionales radicales de bajar línea en el interior, parece difícil que vaya a tener suerte que se consolide una opción que aplique una lógica de construcción y acumulación que cabalgan sobre elementos caducos. Porque, aclaremos: acá no se trata de hacer un reproche ético o moral a Alfonsín y la UCR por buscar al colombiano. Desde ese costado la cosa es total y absolutamente irreprochable. Acá se trata de apuntar los defectos de una amalgama que en una primera mirada luce insustentable desde todo punto de vista. Y eso sin entrar a inquirir en el recuerdo que pueda quedar en el llano de lo que fue la experiencia de la Alianza, cuya similitud con esto buen esfuerzo tendrán que hacer desde ambas partes para desterrar.

Se trata de la incapacidad (diría que histórica) del no peronismo en confundir táctica y estrategia: porque, vamos, Morales dice que Cristina acordó con Saadi, y eso no sólo que forma parte de su incapacidad para comprender las dinámicas locales como dije arriba: además, que Morales le vaya a contar a otro que Saadi va a tener alguna relevancia, mínima siquiera, en las decisiones que vaya a tomar CFK en su segundo mandato (si lo obtiene).

La construcción del Grupo A supuso que un elemento transitorio como el antikirchnerismo furioso que hubo en , y que se sustentaba en bases débiles –la promoción mediática- sería eterno y que podría pasar por alto que (salvo cuando la amañada pelea por el reparto de la renta agraria extraordinaria) no encarna en ningún votante en concreto, sino en los mitos liberales que la militancia kirchnerista destrozó a través de las nuevas formas de comunicación y del debate por la sanción de la nueva Ley de Medios.

El kirchnerismo, muy por el contrario, se propone como espacio de vehiculización de cuanta demanda social de larga data quiera tener a bien interpelarlo (pero a la vez como garante de gobernabilidad y orden como partido capaz de manejar la configuración del Estado que dejó el catapum de 2001 a la vez que batalla por ampliar sus capacidades en orden a torcer la historia), en paralelo que suma esos segmentos a su construcción -que, por personal, es enfervorizada, difícil que una persona se entusiasme con pelear por la seguridad jurídica para las inversiones extranjeras, el copamiento corporativo del Consejo de la Magistratura o el pacto Duhalde-Terragno-: por eso, una de las mas feroces críticas que le hacen sus detractores -correcta lectura de ellos, por cierto- es la de que se roba tal o cual bandera (sea Ley de Medios, matrimonio igualitario o AUH). La realidad es otra, el buen líder político no es el que idea mejores inventos de gestión, sino el que mejor conduce las demandas del llano, que es lo que, además de tender puentes de representación, le permite discursear mejor su gestión, atento que encuentra eco en todos aquellos que pueden dar fe de que un gobierno efectivamente los acompañó en tal o cual pelea. Y encima, exhibe capacidad de conciliación entre los bandos: demasiado como para que un arco bastante variopinto no reclame por igual su candidatura (o confiese más o menos públicamente que no hay otra cosa que no sea ella).

(Disgresión: además, bueno sería que Carrió deje de decir que ella inventó la AUH, so pena de comerse un juicio por derechos de autor de parte de Carlos Salinas de Gortari, el presidente mexicano en cuyo gobierno nacieron los planes de transferencia de renta condicionada -otros, menos, dicen que fue el Brasil de Cardoso-).

Los distintos exponentes del antikirchnerismo, así las cosas, poco tienen de propio para mostrar, y de lo que tienen nada les aporta en suma de votos más de lo que ya culturalmente nunca acompañaría a Cristina. Sentadas las bases para sentarse a la mesa de una discusión programática, resulta que en ella el único que parece dispuesto a participar de la misma es el kirchnerismo, que así las cosas termina hasta captando los votos de los que no soportan la anomia y se refugian en quien al menos garantiza gobernabilidad por coherencia frente a la nada misma que se le opone (yo una vez leí que cierta clase media que es estructuralmente antiperonista es más que eso anti ingobernabilidad, y que, ante eso, en algún momento terminarían razonando que tan mal no les fue en estos ocho años).

Para terminar, aparte, tengan en cuenta que este es año de CRIS's: CRIStian U, en Gran Hermano 2011; CRIStina, en las presidenciales. Así que ni lo intenten, el futuro es nuestro.

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