martes, 8 de marzo de 2011

Un par de respuestas a Lanata y otra, más cortita pero no menos importante, a Castro

Dijo Lanata (http://www.perfil.com/contenidos/2011/03/06/noticia_0008.html):

- “De alguna manera, producís eso. Yo leía el otro día en perfil.com a una chica que trabajó conmigo, María Julia Oliván, que me insulta. Yo no me puedo poner a insultar con María Julia Oliván, que tiene que terminar el colegio. Es como que todo se desniveló y enloqueció. Tipos que no tienen ninguna trayectoria, que no existen, que no tienen formación salen e insultan a otros. Y todo da igual.” (…) “Los periodistas de ahí no existen.” –lo dice por los de 6, 7, 8- (…)

- Exactamente, Jorge. Esto se llama libertad. ¿Qué está queriendo decir Lanata? ¿Que si no se tiene rating, si no se vende, no se puede hablar? Él está en todo su derecho de decir lo que quiere de quien quiera, de hecho lo hace, y “los que no existen”, yo por ejemplo entre ellos, también. Por lo demás, si hay un tipo que en estos menesteres hace uso y abuso del insulto, ese es Lanata. Así como hace uso y abuso del “a ver”, o el “¿me entendés?”, así que, en lo que a mí respecta, no me parece un genio de la argumentación como él mismo cree ser.

Si se trata de un genio -o no- en materia de innovación en el campo del periodismo, no lo sé, no me incumbe, y no me interesa, tampoco, en lo más mínimo saberlo. Pero lo real acá es que cuando se pone a discutir de un tema cualquiera de la agenda del día está, él, a la altura de cualquiera. De cualquiera. Sobran en AP tipos capaces de pasarle el trapo sin el menor esfuerzo a la hora de discutir de política, leyes o economía (no yo, por supuesto, que apenas soy un agitador). También Cristina lo golearía en un debate. Por caso, Lanata, el año pasado, en diálogo con Tenembaum, a partir de los 5:43 minutos de este video (http://www.youtube.com/watch?v=H4UqIjpuXkw) dice, sobre la caducidad de la licencia de Fibertel, que el ministro no debería haberla dictado por sí, sino “ir hasta un juzgado ¡penal!, y ¡hacer la denuncia!”. ¿Sabes qué, Lanata? Eso que dijiste vos ahí con Tenembaum es una burrada impresionante: por cierto que sí puede el ministro hacer lo que hizo, así como Clarín ir y defenderse de lo que el ministro, amparado absolutamente en derecho. Acá (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-133206-2009-10-09.html), Jorge, te lo explica, mucho mejor que yo, el ex juez Bernardo Licht, con abundantes citas a un libro de Rafael Bielsa de ¡1938!, libro que nada te costaba a vos, que sos un periodista muy visto, y con, por lo tanto, un deber de responsabilidad para con los muchísimos seguidores que decís tener respecto de las cosas que les decís, consultar. Así que no alcanzo, yo, que soy nadie, a advertir desde dónde te permitís enviar a los demás a culturizarse, siendo que, además, no te caracterizaste, nunca, por ser alguien que demuestre en sus participaciones estar dotado de mayor cultura que la de fotocopias de declaraciones juradas de funcionarios sospechosos (lo cual está muy bien que lo hayas hecho, obviamente).

Este último domingo, en Tiempo Argentino, Hernán Brienza (que no sé si tendrá, según Lanata, derecho a opinar o no, http://tiempo.elargentino.com/notas/pareto-y-miedo-de-los-anticuarios) dice que hay cierto temor, en los exponentes de la vieja guardia del periodismo, de que las cosas lleven a que se discuta su copamiento de la “elite del periodismo”. Esta es, para mí, la verdad de la milanesa. Y está bárbaro que se discuta, que haya otros que se expresan distinto y de otra forma. Si el periodismo se trata de ‘criticar’ –como dice más abajo en el reportaje-, es un contrasentido que los mismos periodistas no acepten ser ellos, alguna vez, objeto de crítica. Y ahí no hay trayectoria, ni rating, ni cantidad de seguidores en Twitter capaces de hacer inmune. Estás obligado a bancartela.
Dice, en otro pasaje, que solamente él (más Fontevecchia y Julio Ramos) hablaron siempre de Clarín, y ahora todos se quieren hacer los héroes contra el gorilopolio. ¿Y? ¿Desde cuando es mejor la pelea que se empieza antes? ¿Acaso es mejor pasar a defender a aquel del que siempre uno hablo pestes? ¿Puede sentirse uno tranquilo consigo mismo de defender a alguien de quien supo hablar barbaridades?

Por allí también dijo que “no tiene más ganas” de esforzarse. Ahí está, para mi forma de verlo, el meollo del asunto. No quiere seguir peleando en un escenario que, ahora, le es desfavorable. En su momento fue capo, re capo y re contra capo, porque se demandaba investigación, señalamiento del corrupto, desprestigiar “al corrupto”. E hizo, en eso, independientemente de que a uno le haya gustado más o menos, capote. Hoy el escenario es otro, se debate mucho más profundamente, se exige que conozca y maneje cuestiones y saberes más específicos porque se pormenorizado y particularizado muchísimo más la cosa, y, como arriba vimos, ahí Lanata hace agua. Es en el no pensar en donde él ha hecho punta, porque resulta que no hace falta mucho esfuerzo intelectual para concluir en lo trucho de una declaración jurada dibujada. Sí, en cambio, para entender que las implicancias de disputar con Clarín van más allá de simplemente “la libertad de expresión”, sino que va al hueso de mucho de las decisiones que se tomaron durante la destrucción de nuestra sociedad, porque resulta que Clarín es quizás la expresión más palmaria de cómo el poder económico condicionó las decisiones políticas en su favor, al tiempo que generaba, también, una falsa conciencia respecto de que lo que se hacía era lo correcto, cubriendo todos los flancos de la batalla. Una vez que se corrió el velo de la verdadera dimensión y significado de grupos periodísticos como parte de estructuras mucho más complejas que fueron parte de las decisiones institucionales en los últimos más de treinta años. Y si, en todo caso, alguien no coincide con esto que yo estoy diciendo acá, tampoco es que yo, ni ninguno de los que piensan esto mismo, lo ofendemos al decirlo. Es una verdad relativa, y nada más. Mejor que se diga y no que sea callada.

- “Lo hace -Gvirtz- por plata”. (…) Son más manipulables –hablaba, acá, de los jóvenes-. Pero no es real. ¿Nuestra obligación social cuál es? Tenemos que decírselos. Olvidate que soy periodista… Tengo 50 años, algo tengo que hacer.”.

- Claro, gracias, menos mal que está él para esclarecernos. Nadie, Lanata, te pidió nada. Por allí también dice que quiere evitar que “vuelvan a matar pibes”. Eso habla de un total desconocimiento de la realidad, o bien, de que deforma la misma, tal como lo hizo Leuco el año pasado cuando denunció estar amenazado de muerte por Lucas Carrasco por un post escrito, a todas luces, en tono de broma. No hay ninguna posibilidad de que a alguien maten. No hay acá cercanías con enfrentamientos ni nada por el estilo. Poner 'exilio', como tituló Perfil, es, lisa y llanamente, mala leche. No hay un solo periodista amenazado ni perseguido ni que haya sufrido ataques. ¿Podríamos hablar de ataques a la independencia de Reynaldo Sietecase, sobre cuya exclusión del canal América nada se le oyó decir a Lanata? ¿O a la de los que laburaban en Crítica? ¿Cuándo Lanata explicará algo, no a nosotros, sino a los que quedaron en la calle? Se fue porque quiso, porque no se la bancó, él mismo lo reconoce, independientemente de que se discrepe en las razones por las cuáles lo haya hecho. Pero que no quieran, de eso, sacar provecho. Acá se han despenalizado las calumnias e injurias, a fin de que nadie vaya en cana por el delito de opinión bajo ningún concepto. Allá cada uno con su conciencia en no saber valorar el geto, que allí sigue para quien desee tomarlo.

Por otro lado, esto de que “son manipulables, hay que hacerles ver la realidad” es la más perfecta demostración de cuan superior se cree Lanata, de su soberbia. Él se supone portador de una capacidad superior de discernimiento, que sería bueno saber en qué la sustenta, sobre la base de qué él se tiene por capaz de quitarnos las vendas de los ojos e inmune a ser él el engañado. Yo, a riesgo de ser reiterativo en esto, agradezco a Gordo sus servicios prestados. No los quiero.

- “Lo que planteo es que no se cumple no porque no quieran, sino porque no se puede. No da el mercado. La Ley de Medios es una ley hecha en la facultad, no en la vida. No es automática la cosa, no es que vos decís: “Voy a hacer una radio para los polacos”, y vienen todos los polacos a escuchar la radio.”.

- Dejando de lado el hecho de que ahora Lanata dice esto después de ser durante todo 2009 uno de los periodistas ‘no del palo’ (junto con Vítor Hugo y Juan Pablo Varsky) que más y mejor pelearon por la sanción de la nueva Ley de Medios (mostró el mapa de medios, llevó a su programa a Mariotto y Lázaro, deploró el spot ‘TN puede desaparecer’ hablando de la complicidad de Clarín con la dictadura, habló de que “los monopolios manejan gran parte de tu vida” y “este es un país en el que hay monopolios, hay que arreglar eso aunque lo quiera hacer Kirchner” y varias cosas más que no las recuerdo todas ahora), debate en medio del cual Lanata no dijo ninguna de todas estas cosas despectivas que dice ahora, su postura habla de un profundo desprecio por las voces nuevas a las que llama la ley –independientemente de que sea o no rentable ese llamado-. Reflejo patente de la incomodidad que le genera su pérdida de exclusividad.

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Luego dice algo muy curioso: “se ha llegado al punto en el que no se contestan las denuncias del periodismo”. Exactamente, han perdido, los periodistas, merced a la recuperación de la política y la revalorización de los dirigentes a partir de la decisión de Néstor y Cristina de, como bien dijo la Presidenta en la última apertura de sesiones ordinarias del Legislativo, dejar de tener a la Rosada por nave insignia de las corporaciones económicas. Este reposicionamiento de la política, retiró del pedestal a quienes allí supieron estar durante los noventa, los periodistas. Lanata sobre todo, que, como pocos, encarnó la pérdida de fe en la política, el desparramo de la sensación de derrotismo, de cosa juzgada, de derrotismo e imposibilidad de cambiar nada. Conviene no olvidar que Lanata fue exponente de un periodismo que se encargó, y muy bien por cierto, de indagar en la corrupción personal de los dirigentes, pero que nunca, jamás, encaró un debate –no uno serio, al menos- respecto del modelo económico neoliberal que gobernaba al país durante aquellos años en los que Lanata fue Dios. Yo, por caso, no fue gracias a Lanata que me enteré de cosas tales como el Consenso de Washington, el fin de la historia de Fukuyama, la teoría de la muerte de las ideologías que Bobbio destrozó en un librito corto pero riquísimo allá por 1995, y demás.

Por esto mismo Lanata se la pasa todo el reportaje denostando el concepto de militancia (habría, de paso, que recordarle que él fue de los que más militó en pos de la llegada de la Alianza al poder en 1999; pero vaya y pase eso, cualquiera puede, si quiere, cambiar de opinión –lo malo es criticar cuando otro también lo hace-): la militancia representa todo lo contrario a aquello que Lanata defendió durante el tiempo en que se hizo quien es hoy. Los tiempos han cambiado, y por cierto que, bien que no perfectos, al menos, y de esto sí estoy seguro, no son peores.

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Dijo Nelson Castro (http://www.perfil.com/contenidos/2011/03/05/noticia_0040.html):

- “El tercer punto tuvo que ver con la aplicación del veto. La Presidenta se ufanó de ser la mandataria que utilizó menos veces esa herramienta. Aquí, algunas aclaraciones: en primer lugar hay que señalar que la existencia de una mayoría parlamentaria disciplinada hizo posible que hasta el año pasado no debiera apelar al veto. Las cosas cambiaron cuando el oficialismo perdió esa mayoría, hecho que le permitió a la oposición aprobar algunas pocas leyes que respondieron a sus iniciativas. De esas pocas leyes, las de mayor importancia fueron la Ley de Glaciares y la del 82% móvil para las jubilaciones; a las dos, la Presidenta las vetó. ¿Es correcto, entonces, hablar de que ha mostrado escasa voluntad por aplicar esta medida?”.

- Sí, doctor Castro, es correcto. Le explico por qué. Porque el promedio de nueve y pico que, en materia de vetos, tiene Macri, del que también habló Cristina, se computa, igual que los del actual Gobierno nacional y de todos sus predecesores, respecto del total de los mandatos de todos ellos. Y en todos los casos, hubo períodos en los que esos jefes de ejecutivos nacionales o locales contaron con mayorías parlamentarias, y otros en los que no. Macri, al igual que CFK, pasó sus dos primeros años gozando de mayoría en la legislatura. Hoy ya no la tiene, pero aún su minoría es mucho menos “dramática” que la del FPV en Diputados. Está a sólo cuatro votos de la posibilidad de aprobar leyes, y sus opositores, además, son mucho menos duros que los que tiene que enfrentar la Presidenta. Con todo ese panorama, favorable, igualmente Macri tiene récord de vetos, entre los cuales hasta cuenta con una observación a una ley promovida por él mismo. Por otro lado, la Ley de Glaciares que vetó CFK, es la que se sancionó previo a la pérdida de mayoría del oficialismo en el Congreso. Grueso error del doctor Castro.

Lo importante, acá, es que tanto Cristina como Macri están dotados de la potestad del veto, por imperio constitucional. No tiene, esa facultad, limitación escrita ninguna, se pondera, en todo caso, en relación con otro tipo de limitaciones, pero, todos ellos, total y absolutamente discrecionales, pero no porque así se le ocurre a CFK o a Maurizio: la Presidenta ha vetado, sí, el 82% móvil, y los costos políticos por tal decisión han sido nulos (más aún, su imagen e intención de veto crecieron en el mismo período). Es un debate ridículo, que solamente forma parte de las intenciones afiebradas de tipos que, como Castro, pretenden, de facto, tergiversar el modelo institucional argentino.

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