sábado, 12 de marzo de 2011

“Dos 11 de marzo parecidos pero distintos a la vez” o “Más sobre la Trascendencia K”

Se cumplieron treinta y ocho (38) años del triunfo de Héctor J. Cámpora en las elecciones presidenciales de 1973, que pusieron fin a la dictadura más larga de nuestra historia: dieciocho (18) años en los que se sucedieron varios gobiernos, todos igualmente ilegales, ilegítimos, inconstitucionales; entre dictadores militares (Lonardi, Aramburu, Onganía, Levingston, Lanusse) y civiles (Frondizi, Guido, Illia).

El peronismo había sido derrocado en 1955 por una alianza social compuesta por la casi totalidad de los sectores reaccionarios de nuestro país ('Iglesia, Campo y Ejército, los que hicieron la patria', por decirlo de algún modo), por un lado, porque había logrado empardar la participación que en el reparto de la renta nacional tenían capital y trabajo; y por el otro, porque el impacto cultural que su accionar político había generado en las masas galvanizaba el sustento político del que se valía el peronismo para sostener la gobernabilidad, imprescindible siempre, más cuando se intenta subvertir esquemas de dominación social de larga data.

Si Perón pudo volver al país en 1973 fue, no sólo, pero sí en gran medida, gracias al accionar de los sectores juveniles que se involucraron en el movimiento: gran parte del Movimiento Obrero Organizado había renunciado a la puja efectiva por la consecución de tal empresa y lo mismo para la mayoría de los dirigentes partidarios que habían acompañado a Perón en sus primeras presidencias. El resto, en uno y otro caso, estaban, simplificando, tras las rejas, o bien exiliados.

Pero, porque siempre hay un pero en la vida, después, en algún momento, en algún punto, todos equivocaron el camino. No supo (o no quiso, o no pudo) Perón articular su nueva base social; no supieron (o no quisieron, o no entendieron) los sectores juveniles administrar su capacidad de determinación política, desdeñando en todo la táctica por obsesionarse con las estrategias; y se fueron al carajo, lisa y llanamente, los sectores más ortodoxos del movimiento, que no hicieron el más mínimo esfuerzo en buscar entender los nuevos tiempos, que demandaban adaptarse a otro esquema, uno en el que debían, no resignar, sino compartir espacios de poder.

Esto requiere un análisis mucho más sustancial y profundo. No es el objetivo de este texto hacerlo, sino referenciar siquiera una aproximación, un resumen de aquel contexto. Porque lo que es interesante, acá, es marcar que si hay una similitud en el presente con aquellos tiempos, es que el volumen de participación juvenil, no importa si mayor o menor que el de esas épocas, ha vuelto a ser importante. Sin juzgar a nadie, sería oportuno ejercer sabiamente este protagonismo que Cristina está concediéndonos. Nosotros, los jóvenes; y todos los que no lo son pero que igualmente abrevan en este espacio, también.

Hay señales más que alentadoras. Cristina otorga espacio. Y la convivencia entre los sectores orgánicos del PJ, el Movimiento Obrero Organizado, y la Corriente Nacional de la Militancia, más allá de lógicas –pero, también, muy menores- fricciones, es más que satisfactoria. Se aprende a compartir espacios de poder, porque primero hay la conciencia de cuánto más se pierde si se rompe, si se saca los pies del plato. Ahí andan Felipe Solá y Pablo Bruera haciendo todo tipo de señales para que se les permita retornar, negociando en clara desventaja.

La alianza social opositora, liderada por las cabezas máximas de AEA entre las cuales se encuentra el Grupo Clarín con sus más de 250 empresas hace tiempo viene operando en pos de que se haga trizas el equilibrio que sostiene la alianza de poder que encabeza la Presidenta CFK: con Scioli, con las mal llamadas colectoras, con el supuesto desdén para con el PJ (Julio Blanck dice en Clarín del viernes que no habría representantes de los gobernadores e intendentes en el acto de la Corriente: mal se habrá sentido al ver a Gioja y Otacehé en Huracán).

Carlos Pagni exploró, en LN, denostar la figura de Cámpora, porque representa, la figura de ‘El Tío’, simbólicamente, a la participación juvenil actual. Habla de que hoy se reproduce la pelea de aquellos años, donde Duhalde representaría la ortodoxia (y además -y esto es lo más gracioso, a Perón-); y Cristina, a los Montoneros, en un esquema, por supuesto, como todos los que se leen en la prensa dominante de hoy, híper simplificado, pero, además, total y absolutamente demencial y alejado de la realidad.

Pagni no sabe –o más bien, se hace el que no sabe- nada de peronismo. Duhalde es, hoy, en el peronismo, nadie. No tiene, lo dijo Felipe Solá, organizaciones sociales, militantes, intelectuales, sindicatos, en fin, orgánicas que lo respalden y lo sustenten, sólo las empresas del Grupo Clarín. Y así no se puede hacer peronismo. Por eso hasta Macri, que es líder de un partido ¡vecinal!, se da el lujo de cachetearlo con que “va a ver si le conviene” aliarse con él y Estanislao López, Pancho Ramírez, Bautista Bustos y Felipe Ibarra (perdon, quise decir Adolfo, Alberto, Das Neves y Romero, pasa que como se hacen llamar “Federales”, uno a veces se confunde). Pero además, se le escurre el agua entre las manos cuando la Juventud Sindical de Facundo Moyano articula con La Cámpora.

Volviendo. No sólo hay la certeza, en los enemigos del kirchnerismo, de que numéricamente es más (el hecho de que cuanto dirigente pejotista con poder orgánico haya se subordine a la conducción de Cristina, las disputas –como la de UIA- al interior de las facciones del capital, y/o de que varios opositores –como Juez, por ejemplo- vengan morigerando sus criticas, no son porque sí, nomás). Saben, además, que no tienen juego para hacer allí dentro, pero, sobre todo, que el espacio viene siendo liderado por la impronta de los sectores juveniles. Y saben que si lideran los que lo vienen haciendo, tenderán a recrudecerse todas las variables que deploran del kirchnerismo. Por eso sufre los ataques que sufre esta fracción, por la imposibilidad de acordar un freno al ‘Nunca menos’ que simboliza el sentido de la gestión que encabeza Cristina. No habrá, pues, morigeración del avance de las capacidades estatales, la intervención de la economía, el privilegio a los que más frío tienen en el dilema de la frazada corta, la política exterior autónoma y sudamericanista, el enfrentamiento con las fracciones más simbólicas del establishment corporativo.

Cristina apunta bien en tres variables: primero, en hacer conciliar a todos los sectores, para frenar las disputas internas, que ya no existen, está definido que todos los que hoy están, competirán en octubre debajo de sus faldas; segundo, porque, dentro de esa precaria y delicada unidad -únicamente sostenida en base a su liderazgo y candidatura-, van adquiriendo cada vez mayor preponderancia las distintas fracciones de la Corriente, lo que constituye la mejor garantía de lo que suele denominarse “profundización del modelo”.

Por último, pero por sobre todas las cosas, señaló bien, en Huracán, en sentido de garantir la trascendencia del kirchnerismo, cuando llamó a buscar sumar a partir de los logros de la gestión (AUH, Cumbre de las Américas, protección al trabajo y la industria nacional, integración latinoamericana, reivindicación de los DDHH). Eso, más la banca que se le está dando al proceso de engorde de la construcción de orgánicas de la militancia (juvenil en especial, repetiremos hasta el hartazgo), son la mejor (y, acaso, única) respuesta a la pregunta acerca del futuro del kirchnerismo post 2015 –esa que pronto y mal encaró Diana Conti, más allá de la deformación que hicieron de la diputada los medios-. En Segundas Lecturas he roto ya varias veces las pelotas con esto durante el verano.

Si los logros (o lo que se consideran logros, para dejar tranquila a la muchachada opositora) son el punto de partida para los futuros armados, que, a su vez, en un saludable ida y vuelta, operan en función de sostenerlos, se galvaniza el proceso. Ahí, y no en discusiones acerca de individualidades, que CFK pidió dejar de lado: para empezar a desarmar el concepto de que todo es, solamente, el liderazgo de ella y Néstor –hoy lo es, pero tiene que dejar de serlo, hay que necesariamente pensar en la renovación-; pero también por la absurda diputa sobre la candidatura a gobernador de Buenos Aires.

La alianza opositora no tiene, a todo esto, quien le haga, conducción de la misma mediante, levantar cabeza. Los candidatos no miden, en gran medida porque los roles están alterados: los dirigentes comentan los distintos escenarios, cosa que deberían hacer las vocerías corporativas, que deberían ser las encargadas, solamente, de la batalla cultural, y no, como viene ocurriendo, las decisoras de la estrategia de la derecha. La tergiversación les impide redondear una construcción capaz de encarar una disputa audaz y sincera con el kirchnerismo, que entonces ve como con facilidad se le abren surcos por todos lados para robar banderas a diestra y siniestra, haciendo de la gestión, a la vez que la mejor campaña, una insuperable herramienta de construcción política.

Escenario, al día de hoy, soñado. Sólo al día de hoy. Faltan seis meses, una era geológica en política argentina. Varias patinadas de los propios han debido ser desarmadas por la capacidad conductora de Cristina, que va, de a poco, apuntando también a la captación de sectores medios. Y a eso, sumarle la relativa capacidad de daño con que todavía cuentan los sectores corporativos (como bien comentó días pasados Lucas Carrasco, el episodio Vargas Llosa apunta en esa dirección; también el tratamiento de las nuevas tomas de edificios en CABA y las siempre presentes fricciones para que Clarín se allane a ley y reduzca sus extensiones empresariales excesivas y que las demás expresiones del capital acepten de una vez por todas que este Gobierno interviene en el mercado).

Mucho hay por verse, pero, por lo hecho hasta el momento, no ha visto, quien esto firma, campaña electoral mejor llevada (y más sana tampoco, atento lo que yo creo que es y debe ser la política) en muchísimo tiempo.

1 comentario:

  1. La trascendencia del kirchnerismo como colectivo o ideario fue uno de los pilares. La construcción desde las coincidencias, el principal.
    Fue un mensaje de unidad, también. Estuvieron todos. Poco espacio queda para las especulaciones.

    Con respecto al arco opositor, yo creo que vamos a asistir a una campaña complicada ya que si las condiciones del escenario actual no los favorecen, la única posibilidad es dinamitar esas condiciones.
    Esperemos que no.

    Abrazo, Pablo.

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