jueves, 17 de marzo de 2011

Les habíamos advertido, les advertimos y les seguiremos advirtiendo; pero... no nos dan pelota, viejo

A un post del día 11 de agosto de 2010 lo titulamos Artemio, “el 40+10”, el Teorema de Baglini y las embestidas de una derecha desesperada (http://segundaslecturas.blogspot.com/2010/08/artemio-el-40-10-el-teorema-de-baglini.html). En el mismo nos preguntábamos, respecto de la hipótesis de Artemio López de que el kirchnerismo estaba a nada de su triunfo en 2011 en la variante constitucional de obtención de cuarenta puntos porcentuales con diez de ventaja sobre el segundo, por aquellos días recién nacida, y sus posibilidades de verse concretada.

Se discutía, por entonces, la Ley de Quiebra del Estado, promovida por el Grupo A corporativo en el Congreso bajo el seudónimo de ‘Ley del 82% móvil’ –esa que fue destrozada, punto por punto, por el investigador del Conicet, Demian Panigo-.

Sobre la base de lo curioso que nos resultaba tanta preocupación por la sanidad fiscal de la nación por parte de un Gobierno que, decían, ya se estaba yendo, y de ahí su insistencia por negarse a que se aprobara semejante cosa –tan mal hecha-; y recordando aquel viejo postulado de Baglini, que reza que “cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; y, cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven”, concluíamos que ese episodio era claramente demostrativo de que las chances del FPV eran altísimas, y que lo del Grupo A no era más que una estrategia desesperada recuperar consideración social.

Lógico: si el Gobierno supiera que está perdido, pues le convendría aceptar una medida, así fuese impracticable, que le supusiera ganar apoyos –que, según el relato, imperiosamente necesita-. Como no está tan necesitado, opta por la prudencia, sabiéndose más que posible ganador, elige cuidar la caja porque sabe que será él quien tenga que responder por ella: se vuelve racional. ‘La’ oposición, en cambio, conoce que está por perder, entonces opta, desesperadamente, por quemar las naves con una locura por la cual no tendrá que responder –y de última, si sale, podrá, luego, echar culpas a la “pesada herencia recibida”-, conocido que es potable que acapare seguimientos por haberla impulsado: deviene demente.

Todo este repaso, ¿a cuenta de qué? A que el gobernador catamarqueño, Brizuela Del Moral, perdió las elecciones para revalidar su cargo el domingo último frente a la candidata kirchnerista Lucía Corpacci. Semanas antes, había, Brizuela, impulsado el ‘82% móvil’ para el salario mínimo de todos aquellos que se hayan jubilado desde 1995 (http://www.elargentino.com/nota-128939-Brizuela-del-Moral-decreto-el-82-movil-a-dias-de-las-elecciones-catamarquenas.html).

Y, sí: ya lo veníamos anticipando.

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Bueno, el tema es fácil (para nosotros, de entender; para ellos, es difícil, pero de resolver).

‘La’ oposición no tiene desarrollados dispositivos de armado orgánico territorial con despliegue nacional. Para conseguir trascendencia e instalación, requieren, entonces, del favor que les puedan hacer los distintos actores de los distintos conglomerados oligopólicos de medios.

Para hacerles el favor, los medios, partícipes y en la mayoría de los casos decisores máximos, de articulaciones empresariales complejas y mucho más grandes que el propio entramado de la industria infocomunicacional, les reclaman, como condición sine qua non, pugnar por posicionarse, todos y cada uno de ellos, como expresiones profunda, tajante e indubitablemente kirchneristas. Antikirchnerismo puro y duro o acusación de complicidad con el régimen.

Eso funcionó, desde el así llamado ‘Conflicto del campo’, hasta las elecciones legislativas de medio término de 2009, en las cuales lo candidatos opositores al kirchnerismo se valieron de la fortísima amplificación mediática con que fueron beneficiados (y que no está mal que así haya sido, salvo por el pequeño defecto de que tal apoyo no fue sincero). Pero, las cosas cambian, queridos. Resulta que eso, que sirvió y sirve y servirá siempre para ganar una elección –más una de medio término como la de 2009-, pero nunca para gobernar.

Y resulta que el kirchnerismo, gobernando, re politizando, yendo a por más, recuperó su imagen a partir de romper la hegemonía del relato mediático antikirchnerista. Hoy, el antikirchnerismo como expresión política, filosófica y cultural, ya no existe, no vende, no tiene la menor consistencia.

Y entonces la oposición se enfrenta a un callejón sin salida: si no hace antikirchnerismo, se pierde de hacerse de la capacidad de instalación que le ofrecen las unidades básicas infocomunicacionales, principalmente las del Grupo Clarín, que es el más enfrentado al Gobierno. Pero, por otro lado, si hacen antikirchnerismo, se entregan a un relato que no tiene, hoy día, ninguna cabida en el electorado –no al menos mayoritariamente-.

Veremos, ahora, cómo le hacen para salir. La primera idea que se les ha oído, esto de la reedición de la Alianza, ya lo hemos dicho, es una paparruchada. Sigan intentando.

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