jueves, 24 de marzo de 2011

Esto tiene que ir mucho más allá de simplemente ‘no olvidar’

Memoria, verdad y justicia es una fórmula que reactualiza. No habrá justicia verdadera hasta tanto no se logre que hasta el último de los casos de violación a los DDHH sea resuelto y sus responsables encarcelados. De manual.

Pero, además, hasta que se recupere, articulado en capacidad de construcción de accionar en el presente, el recto sentido de época que reinaba en el tiempo político de aquella época cuya destrucción, y no sólo la de las personas –tomadas, estas, en forma aislada-, fue lo que se propusieron los que se encaramaron en el poder el 24 de marzo de 1976.

Hoy, recordar y buscar el sentido que subyace detrás de lo que fue el genocidio, implica tener en claro que todo aquello no se trato de "un grupo de locos que se pelearon contra otros más locos".

Fueron, los milicos, ejecutores de la “necesaria depuración” que se debía el proyecto oligárquico-conservador para establecerse como factor dominante del país, cosa que por cierto lograron, pues los impulsores, sostenedores, ideólogos, justificadores y beneficiarios de la orquesta macabra, le dictaron el compás a la patria hasta el 25 de mayo de 2003.

Recordar implica actuar, hoy, en repudio directo de aquel ideario y sus producidos, que todavía pugnan por recuperar sus momentos felices. Pero, además, reaccionar fuertemente frente a la idea de saldar el debate con el solo encarcelamiento de los instrumentales militares. Derribar hasta el último ladrillo que de la trama multifacética de procesismo quede en pie es tarea ineludible para que la justicia sea plenamente satisfecha.

El asesinato de 30.000 compañeros y compañeras fue, no fin, sino herramienta. El fin todavía está dando la pelea por no extinguirse, aunque cada día pierde un poquito más. Entonces es cuestión, más que de no olvidarlo, de tenerlo presente.

En 1955 los sectores del poder económico emprendieron la tarea de aniquilar un modelo de país que ya no los tenía como únicos privilegiados. Dieciocho años de intentar montar una farsa democrática que nunca lo fue fueron el primer intento. No les resultó, sólo consiguieron reforzar el sustento humano de aquel ideario de país justo, libre y soberano. En 1976 decretaron la solución final: ya que no se los podía aniquilar, era necesario, a algunos, exterminarlos; y a otros, para que aprendan, dejarlos bien asustaditos. Esto, y no la ridícula idea de que hubo dos bandos de enajenados que se enfrentaron en defensa de ellos mismos, es lo que ocurrió.

Si somos capaces de comprender cabalmente y en su totalidad el espíritu de lo que empezó el 24 de marzo de 1976, seremos capaces de dar la pelea por el establecimiento de verdadera de Memoria, verdad y justicia.

Esos inmensos titanes de la democracia que son las madres y las abuelas de Plaza de Mayo, con sus agendas provocativas y progresivas, son el mejor ejemplo. No quedarse en el recuerdo y el lamento, sino valerse de ellos como estimulantes. Ellas saben que los asesinos de sus hijos y apropiadores de sus nietos todavía no están derrotados, y que la derrota no implica solamente ponerlos, como merecen, detrás de las rejas.

No es una batalla de la justicia penal. Es mucho más profunda. Nos obliga a todos. Y, ¿la verdad?, no cuesta nada. Mucho más hicieron aquellos a los que hoy recordamos. Mucho más, también, sufrieron por eso. Honrar sus memorias nos llama a involucrarnos. Manos a la obra.

1 comentario:

  1. Hola Pablo
    Excelente tu post. Y particularmente el final: no se limita a una cuestión judicial. Brillante que lo hayas dicho, porque las cuestiones judiciales implican solamente al poder judicial, no nos involucrarían. Acá, cuando hablamos de justicia, estamos yendo por muchísimo más que las condenas penales: hablamos de la restitución de la verdad, hablamos de la recuperación de hijos y nietos robados, hablamos de situar la historia en el punto justo donde cada uno tenga que asumir lo suyo, sus motivaciones, sus amos invisibilizados, y, fundamentalmente, terminar de destruir al huevo de la serpiente.
    Un Gran Abrazo

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