jueves, 24 de febrero de 2011

Desprecio

(Lo que sigue es nada más que un sentimiento)

A veces las cosas ocurren en forma aislada, y entonces cuesta más prestar atención al sentido de las mismas. Pero, últimamente, se me han venido prendiendo una catarata de luces amarillas: la indiferencia general frente al descubrimiento de empleo esclavo en el “campo”; los agravios que sufrió Milagro Sala porque fue al recital de Charly en el Conrad de Punta; Elisa Carrió acusando que a las exequias de Néstor Kirchner sólo concurrieron extras del grupo Fuerza Bruta haciendo como que lloraban; José Ricardo Eliaschev vomitando que “le da nauseas” el hecho de que exista un restaurant que evoca al folklore peronista.

Me costó, primero, determinar que pudiera existir un espíritu común que hermanase todo esto. Luego, me fue cayendo la ficha: el desprecio por el otro. Pero no por cualquier otro, claro.

¿De qué otra forma se explica que todos aquellos que, en su momento, y sin tener la más mínima noción de lo que había en juego en la disputa, salieron a bancar, cacerola en mano, el reclamo de los mismos que hoy miran para otro lado frente a la evidencia de personas a las que las somete a situación de esclavitud en distintos enclaves agropecuarios, no se calienten con similar nivel de exasperación que el demostrado aquella vez frente a esto?

Porque de La Nación se sabe qué intereses defiende. Y, de última, negando lo indiscutible o intentando justificar o racionalizar lo injustificable, hace su juego, el mismo que ha hecho desde que fue fundado para disfrazar lo que fue una de las mayores vergüenzas de nuestra historia, sino la mayor: la participación argentina, junto a Brasil y Uruguay, en el genocidio del pueblo paraguayo en la Guerra de la Triple Infamia, digitada y financiada por Inglaterra para: destruir a la que, por entonces, era la mayor potencia sudamericana, a modo de demostrar lo que le podía ocurrir a los que intentasen un proyecto de desarrollo autónomo y soberano; a más de promover la división entre las naciones sudamericanas en función de facilitar los proyectos de coloniaje que los ingleses extendieron en el subcontinente hasta bien entrado el siglo XX.

Digo, ya alguna vez fueron capaces, en LN, de sostener que no tenía sentido que Perón le mejorase la vida a los pobres, pues ellos no sabrían apreciarla, para luego, a renglón seguido, elaborar fábulas del tipo del asado al parquet, que hoy día son graciosamente evocadas por el restaurant “Perón-Perón”, situación que provoca asco en Eliaschev, pues, dice el periodista, huele mal. Debería tener en cuenta, el columnista, que lo que huele mal del pasado son las acciones de muchos en cuyo mismo ideario él abreva (como los que participaron de la arriba mencionada Triple Infamia), lo que habilita sospechar que prefiere olvidar porque no tiene cómo hacer frente a ese pasado.

Pero el pasado invade solito cuando una Carrió que, Ok, quizás furiosa por saberse una fracasada tiempo completo, desciende a lo subterráneo y se mofa de lo que fue auténtico dolor cuando el velorio de Néstor. Y es la falta de voluntad en la comprensión del pasado la que impide explicarse que la Plaza de Mayo de vio desbordada ya desde la noche anterior a la llegada del cuerpo a la Rosada (cuestión que también fue –miserable, vil, asquerosamente- puesta en duda), antes de que hubiese tiempo de “armar” nada (y ojo que la espontaneidad, el “a esta gente no la lleva nadie, va sola”, no son, precisamente, mis fetiches favoritos, ni por asomo, siempre he dicho que veo con muy buenos ojos lo, digamos, aparatoso). Y el pasado, que, como no se quiere comprender, genera rencor, tiñe de odio el razonamiento del hoy, bloquea, nubla a la hora de enfrentarse a fenómenos complejos, y de ahí que te lleven a discutir pelotudeses tales como si estaba o no el cuerpo de Kirchner en el féretro.

Sentencias, eslóganes. La profundización, en cambio, o el “darle largas”, los irrita e incomoda. Y es que nada es fácil. Queda evidenciado lo complejo una vez que se advierte que la “Mesa de Enlace”, parece (sólo eso) cometer un grueso error político cuando no se pone al frente, siquiera por mera conveniencia, de la lucha frente a un flagelo que, a primera vista (de nuevo, solo eso) no los tiene como máximos responsables. Hay que rascar para develar una trama complejísima de intereses, que llega hasta el Grupo Clarín, que por eso mismo no dedica al tema más que media carilla (encima hueca, que dice la nada), perdida en el fondo de un diario que es inmenso en razón del papel barato que se sirve del Estado bobo desde que la dictadura genocida, en cuya confección, impulso y sostenimiento operó fuertemente el sujeto agrario (entre otros, cierto). Miren las idas y vueltas.

Ahora bien: ¿con qué se come que nieguen o justifiquen lo probado (hay fotos y videos de lo que denunció, primero, Página 12) quienes con esa actitud nada ganan? Mismo en Artepolítica han habido (hay) varios (demasiados) sosteniendo, sueltos de cuerpo, que todo se trata de “una nueva mentira de los K”. O que “y, bueno, es así allá”. Me resulta, de verdad, imposible de creer.

En la simplificación, la reducción del otro a una frase o concepto vago, quitándole profundidad, hay un trasfondo de desprecio. De que el otro no puede ser portador de todo lo que conlleva la complejidad (“los blogueros y las juventudes K hacen lo que hacen por guita o cargos en el Estado”, ponele). O, al menos, eso creo yo.

Milagro Sala, mucho mejor que yo lo dijo Sandra Russo, debería explicaciones por su decisión de acompañar la lista del aliado del ruralismo y la Iglesia católica, truchador de elecciones, Pablo Micheli, y no por haber ido ¡a ver un recital de Charly García!, por más que ese haya sido en Punta del Este. Nada aporta lo segundo, sí tal vez lo primero, acerca del volumen político de una inmensa dirigente social –claro que no exenta de contradicciones- como lo es Milagro. Por decir algo, a mí me gusta vestir con ropa y zapatillas de marca, detesto comer afuera, amo ver horas de fútbol y leer todo lo que pueda sobre política, sociología, economía y filosofía, y también ver, y, sobre todo, discutir de, Gran Hermano. Soy bielsista e hincha de Independiente. Me gustan Lola Ponce y Carla Conte. Escucho mucha música romántica y cumbia santafesina. Me gusta mi laburo y adoro estudiar. ¿Y? ¿Algo de todo eso dice algo sobre mis afinidades políticas? ¿Tan coherentes son los que vienen apuntando con el dedito índice al mínimo gesto de, digamos, excentricidad que encuentran en los que se atreven a decir que apoyan al Gobierno de Cristina? ¿Suponen que con eso la/nos pueden poner en aprieto? Pues van muertos, les aviso.

Esto, todo, es más viejo que la injusticia. Las oposiciones al peronismo se han valido siempre de la apelación a la supuesta incapacidad de raciocinio de que adolecen los adherentes al mismo. Pero a poco de indagar un poco uno advierte que son en realidad las banderas que esos detractores han levantado siempre las que portan una simplicidad tal que resulta imposible de creer que puedan ser sostenidas si no por personas que tienen graves defectos de comprensión de fenómenos complejos, de los que en política son regla y nunca, jamás, excepción.

Ya mencioné la del asado al parquet, otra mentira que rondó durante el primer peronismo fue la de la niñera que cocinaba al bebé de la parejita que se iba al cine y la dejaba cuidándolo. Yo he tenido que oír en persona, hace cosa de un mes, que a Néstor, en realidad, lo asesinó Cristina de un tiro en la sien, y por eso el cajón cerrado. Claro, esta salvajada fue dicha en el contexto de un asado de entrecasa: acá lo grave es que cosas similares se oyen a diario en mesas de análisis pretendidamente sesudo de la realidad (Mirtha Legrand decía hace poco que en los restaurantes la gente no hablaba mal de los Kirchner si no en voz baja).

Y la sensación que da es que todo se trata nada más que de tipos que, en realidad, se están mirando al espejo. Pero ¡cuanta paciencia que hay que tener para no reaccionar y que, por eso, te llamen autoritario!

3 comentarios:

  1. Hola Pablo
    Muy buen post, escrito con las tripas y el cerebro. Todos los que mencionaste, y los que no están pero merecerían, tienen muchas cosas en común: el desprecio a ese otro particular que describís, una buena dosis de cinismo mezclado con una profunda ignorancia y pocos, muy pocos valores morales, esos que les enseñaron en la escuela a repetir de memoria, pero que nunca se molestaron en intentar ejercer. El hambre de muchos compatriotas ha contado con la inestimable colaboración de esta triste comparsa, que hoy, ahogada en su impotencia, ya no sabe cómo tapar el sol con la mano.
    Te mando un Abrazo

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  2. Digamos que, si los repartidores públicos de rumores lo hicieran porque realmente creen en eso, podríamos hablar de que se trata de la paranoia de cada uno.
    Ahora, cuando es orquestado y tiene una finalidad política, se trata de una operación simple y llana.
    Carrió, hablando de los funerales organizados y, en la misma semana, la aparición de la ex secretaria -supuesta amante- de Kirchner, tenía como finalidad cortar ese clima de simpatía popular para con la viuda doliente.
    Son unos sátrapas (antiguo lo mío).

    Abrazos.

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  3. Y sus fracasos políticos, me parece, se nutren, principalmente, de la matriz que describo en este texto: el odio, el resentimiento, la ausencia total y absoluta de alegría. Nada bueno ni efectivo puede salir de lo que se hace con maldad. Ni nada provechoso, tampoco.

    Abrazos a ambos.

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