lunes, 31 de enero de 2011

Trascendencia K, volumen III

1) En base a los términos institucionales sobre los cuales se asienta la política argentina, la discusión “kirchnerismo como peronismo o progresismo”, no tiene sentido. Hoy la conductora es Cristina Fernández de Kirchner, política y partidariamente: ella conduce la gestión y el partido, y es, entonces, al mismo tiempo, la candidata y armadora (decisora) táctica y estratégica del espacio de cara a 2011.

2) El kirchnerismo es, sí, lo que dice Artemio López que es: una modalidad concreta del peronismo. Y entonces, retomando, el diseño presidencialista de nuestra constitución, y la forma en que, muy en sintonía con esa constitución, históricamente se ha manejado el poder dentro del peronismo, hacen que hoy la discusión resulte medio estéril, dado que está Cristina, y estando Cristina, elemento aglutinador del acompañamiento heterogéneo que la sustenta (que no importa si nació antes o después de la toma del poder en 2003), no hay discusión posible.

3) Scioli no va a intentar desplazarla: si a futuro es discutible que pueda asumir la herencia de lo que inexorablemente (en los términos de la actual constitución) se acabará en 2015, en el presente es, lisa y llanamente, utópico.

4) Scioli no rajó ni durante la protesta patronal sojera/esclavista, ni tras la derrota de 2009 (como si lo hicieron Cobos y el extinto radicalismo K, pero, ojo, también las Liebres del Sur, por ejemplo Victoria Donda, o Humberto Tumini, que la noche de la 125 en el Senado andaba puteando a Cobos, nervioso y a los cuatro vientos, haciéndose el ofendido, como si él fuese diferente a Cleto: abandónicos hay por todos lados), momentos mucho peores que el actual. Nada racional habilita pensar que lo vaya a hacer ahora que Cristina está por las nubes en la consideración pública, y su gestión híper valorizada por cualquier analista serio (o sea, cualquiera que no pertenezca a Clarín, LN, Perfil).

5) Scioli es, para mí, un excelente aliado táctico, pero, a la vez, me plantea, igual que a los compañeros progresistas, dudas sobre cómo sería como conductor máximo. Ok. El peronismo tiene características movimientistas, así que pretender ordenarlo internamente como no sea en torno a la reivindicación del conductor, en este caso conductora, es no entender el peronismo. Ahora bien, ojo, ojito, ojazo, que, muerto Perón (que hubo, de esos, uno sólo), con el peronismo solamente no alcanza. Y allí comienza el péndulo, hacia dónde orientar la proyección de alianzas. Kirchner dio vuelta lo que fue la opción neoliberal menemista, y reposicionó al partido de cara a los sectores populares.

6) Hay, sí, dentro del apoyo al actual gobierno, peronistas ortodoxos que acompañaron el giro menemista. Pero, aún cuando se acepte que Boudou sea un “ultraneoliberal, que se graduó en el CEMA y estuvo con la UCeDe (aún cuando nadie ha podido demostrar su pasado como militante en esa fuerza)”, ¿quién puede sostener que ello haya determinado un giro en el rumbo estratégico del kirchnerismo? Que se sepa, Boudou ha sido el precursor de la reestatización de la administración de los fondos previsionales. Y, también que se sepa, si de algo se acusa al kirchnerismo es de que Néstor fue ministro de economía y un tozudo que no cambió nunca de opinión hasta su muerte. Por algún lado no cierra. Y es que mientras estratégicamente la conducción se pueda abstraer de las particularidades de los distintos elementos tácticos que la sostienen en otros aspectos, no hay de qué temer.

6.1) Pero (porque siempre hay peros, todo es relativo y paradojal), hay que tener en cuenta algo: que Cristina, y antes Nestor, hayan tomado las decisiones que tomaron, conllevó el elemento, sí que no decisivo, de que Scioli, y la enorme mayoría del peronismo ortodoxo también, bancaron (le pusieron el cuerpo) al Gobierno.

6.2) Yo oía, hace poco, el debate entre Gerardo Fernández, Hal y Fede Vázquez: se preguntaban si Scioli hubiese tomado las medidas que tomó el kirchnerismo desde 2003 si en lugar de Néstor y CFK hubiera sido él el presidente. Y es buena la pregunta. Pero, también, uno puede inquirir si muchas de las más profundas medidas de las cuales hoy nos enorgullecemos hubiesen sido posibles si Scioli y el resto de los acusados, hubiesen mezquinado o retaceado el lomo.

7) Todos queremos que Cristina siga, y que tenga el plafond que varias de las cosas que queremos que haga requiere. Pero, para eso, no se puede, hoy al menos, repugnar de Scioli, de los barones del Conurbanos, de los gobernadores. Digamos, mientras sea Cristina la cabeza del movimiento, no hay por qué temer del rumbo, pero, a la vez, tampoco se puede prescindir de la construcción táctica que tiene por detrás.

8) Que el movimiento trascienda, es que, aún sin Cristina en el poder formal, perdure la esencia de la obra del proceso iniciado en 2003 en lo real. En ese sentido, lo importante a mi entender, no pasa por si apoyar o no a Scioli en octubre, sino por tener la capacidad de construir una línea interna capaz de condicionarlo, si es que se considera que, una vez en el gobierno (en 2015), puede llegar a poner luz de giro a la derecha: que le resulte atractiva como elemento táctico, pero que ese apoyo se otorgue, y se mantenga, si, y solo si, Scioli hace kirchnerismo del más puro, o sea, que negocie en condiciones desfavorables.

8.1) De lo anterior depende, no solamente que el período 2015-2019 no implique una regresión al pre kirchnerismo, sino también, y yo diría que fundamentalmente, la posibilidad de que para 2019 vuelva a ser candidata Cristina si aún a esa altura (tendría 66 años) le queda hilo en el carretel.

8.2) Además, y en el caso de que lo último que haga Cristina sea su segundo mandato, que terminará el 10 de diciembre de 2015, potenciar una línea interna implicaría construir un candidato propio (Chivo Rossi, ojala; Urribarri, mismo Sabbatella), y, en todo caso, pelearle la preponderancia a Scioli también desde allí.

9) La versión que del peronismo ha vendido el liberalismo trucho (ese que cuando de ajustar se trató jamás cuestionó los DNU y vetos que para esos menesteres se dictaron indiscriminadamente), es que los dirigentes peronistas se venden al mejor postor (esto, no sin, hay que reconocerlo, buena ayuda de muchos que hicieron todo lo posible para volver potable esa visión). Esto, hoy, pasa por alto que el kirchnerismo ha dado una vuelta de tuerca: un compromiso que no tiene nada qué ver con la conveniencia: de allí que no se haya producido una huida en forma de estampida tras la derrota de 2009, sino, todo lo contrario, una radicalización del movimiento; no tanto, tal vez, por la convicción de los que no se fueron – no de todos, al menos-, sino porque hubo, por parte de ellos, comprensión de que el poder de base necesario para emprender cualquier cosa en política, no estaba, en realidad del lado de los peronistas de derecha, vencedores en aquella ocasión, sino que persistían con Kirchner.

10) Esto ha tomado organicidad en la Corriente Nacional de la Militancia, de la que ya hablamos acá en Segundas Lecturas, que nuclear a buena cantidad de organizaciones menores que apoyan la conducción cristinista, y que es la pata más pura del kirchnerismo hoy en día. Las palabras de uno de sus referentes, Marcelo Koenig, del Movimiento Peronista Revolucionario –y profesor mío de historia el cuatrimestre pasado, un cuadrazo e intelectual del palo-, lo dicen todo: “el kirchnerismo es un proyecto que es como una bicicleta: sólo se sostiene si pedalea para adelante”.

10.1) El desarrollo de este grupo como herramienta de construcción política, en función de ganar espacios de poder al interior del peronismo que le permitan hegemonizarlo para impedir que lo vuelva a capturar el neoliberalismo y tergiverse su sentido histórico (y no caer en mera declamación retórica), implica generar acción política, negociar, pelear, y todo eso no solamente se hace en zapatitos blancos: ¡atención! Desde ahí se le pelea a Scioli, pero el sentido de pelear, no es pegarle una patada en el traste y echarlo, sino domesticarlo, estructurarlo, siempre partiendo de la base de que no lo esté de por sí.

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