lunes, 31 de enero de 2011

Trascendencia K, volumen II

Retomo algo que comencé en el post anterior, acerca de la trascendencia, cuando di cuenta de la posibilidad de un Scioli acercado a la versión más pura del peronismo peronista, o sea el kirchnerismo.

El politólogo Joseph Nye, de la Universidad de Harvard, creó una distinción ya clásica entre el “poder duro”, aquel que se vale de la fuerza o la presión económica; y el “poder blando”, que descansa en la persuasión cultural o ideológica.

La trascendencia del kirchnerismo en el tiempo, entonces, dependerá de su capacidad en dos aspectos: por un lado, de sostener un relato, que, a su vez, tenga la habilidad de mantener vivo un clivaje sobre el cual pueda asentarse la oferta de continuidad del proyecto conducido por Cristina como lo más conveniente (esto sería lo blando). Sobre este aspecto, esencialmente, asentó sus veinte años (sí, ¡veinte!, así, con signos de exclamación, para que la coman los que se dicen adalides del republicanismo berreta y ensalzan el modelo chileno como ejemplo de tal cosa, aunque sin jamás hacer mención de las senadurías vitalicias que allá existen, o de una constitución nacional, que duró hasta hace poco, diseñada por militares genocidas): el “Sí – No” del plebiscito de 1988, que terminaría con el reinado del asesino Pinochet.

Y, por el otro, que perdure su habilidad de asegurar gobernabilidad, lo que vendría a ser su mayor capital político hoy en día: el kirchnerismo ha demostrado enorme habilidad para administrar las muchas tensiones del entramado político – institucional argentino (federalismo, presidencialismo, autonomías provinciales, intendencias, puerto, sindicalismo, piqueterismo, entramado productivo, etc…) con sobrado éxito: la paz social ha sido durante ocho años, y sigue siendo, a pesar de amplificaciones de conflictos mínimos, regla enormemente mayoritaria.

Enfrente, y siempre a partir del esquema de Nye, hay un conglomerado opositor que se para sobre un discurso de republicanismo liberal/consensual que, aparte de ser desmentido por la foja de servicios de absolutamente todos sus dirigentes, tiene dos problemas: uno coyuntural, por cuanto es incapaz de penetrar en el sistema político e institucional actual para encarar la resolución de los problemas de gestión que se plantean; y otro discursivo, pues no es capaz, ese discurso, de hallar un sujeto social capaz de sostener un gobierno, que se sienta involucrado en las disputas que propone como eje de sus relatos y programas. Tan sencillo como eso.

(Esta historia, continuará… O capaz no, veremos si se me ocurre algo mejor)

4 comentarios:

  1. Clarísimo.
    Algo así decía Felipe Solá cuando reconocía que no tenían intelectuales, juventud, militancia, etc.
    Y es una lástima, porque le haría bien al país contar con otro partido o partidos que expresaran ideas distintas por convencimiento y no sólo por actuar como gerentes políticos de las corporaciones.

    Un abrazo.

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  2. Es cierto, es una lástima, porque están perdiendo una oportunidad enorme de hacer política de la forma que hace política, que es así como dice Felipe que se hace. Allá ellos.

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  3. Hola Pablo
    Muy buenos ambos "volúmenes". Creo que el tema "Scioli" va a seguir en el tapete un tiempo, pero fundamentalmente va a quedar en estado más o menos latente hasta después de las elecciones, porque ya estaremos hablando de una nueva construcción de poder, distinta a la que construyó Néstor, y que es la aún vigente.
    Te mando un Abrazo, y a ganar esta noche !

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  4. Por el momento, "todos adentro" (entendiendo, por "todos", a cualquier dirigente que tenga algún poder, y Scioli lo tiene, no así cualquiera de los "peronistas" federales).

    Hoy ganamos, tranquilo. Abrazo, señor.

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