viernes, 24 de diciembre de 2010

La izquierda de la derecha, en sintonía con su pasado

"¿Sabes quién banca esta huelga, compañero socialista? El diario La Prensa. ¿Qué pasó? ¿Se volvieron socialistas los Gaínza Paz que se llevan la vaca en el barco cuando van a Europa? ¿O será que ciertos obreros, los obtusos como vos, le están haciendo el juego a los enemigos del Pueblo? Una huelga obrera apoyada por el diario de la Oligarquía, pero ¿dónde se ha visto? ¡Hay que ser tarado para no darse cuenta, compañero!". Así, según la película de De Sanzo, le contestaba Evita a un obrero ferroviario que se reconocía militante del "socialismo de Juan B. Justo y de Palacios", esos que, como le retrucó inmediatamente Evita -siempre según dicho film-, fueron a las elecciones de 1946 junto con "los lameculos de la Oligarquía y del yanqui Braden (...) los canallas de la Unión Democrática". Un revolucionario de verdad como lo fue Raúl Scalabrini Ortiz solía preguntarse por qué razón ellos, los militantes de FORJA, que le habían sacado impresionantes radiografías a las estructuras de dominación del imperialismo británico, no tenían lugares de expresión en los diarios de la Oligarquía, como La Prensa, fiel vocero de los monopolios ingleses en Argentina; pero sí, en cambio, había espacio para los dirigentes del PSA y PCA, quienes vociferaban, por esos días, contra el "imperialismo yanqui" (el mismo junto al que, a los pocos meses irían a elecciones en una coalición inmensa que reunió agua y aceite en contra del "Coronel nazifascista", que se la bancó solito y los vapuleó sin despeinarse), que no tenía, como sí los ingleses, intereses creados en Argentina.

Los procesos de subversión de las jerarquías sociales deben, necesariamente, ser nacionales, porque de lo contrario se corre el riesgo de hablar de cosas que no existen en el medio donde deben actuar, a personas que no les entienden una palabra de lo que les dicen. Las contradicciones sociales son, siempre, distintas según el país. Así fue siempre en Argentina. El peronismo fue, a lo largo de la historia -salvo durante la era Menem-, el que mejor interpretó esto: Identificó a los verdaderos enemigos de clase del Pueblo, los combatió y así mejoró 180° las condiciones de vida de las clases sufridas. Enfrente tenía un PSA que despreciaba a la que debió haber sido su masa (recordemos que NorteAmérico Ghioldi aplaudió los fusilamientos de la dupla genocida Aramburu-Rojas en 1956); y un PCA que seguía los lineamientos dictados por Stalin en las internacionales a una vida de distancia de acá, lo que los llevó a absurdos tales como, primero, aliarse con los nazis por vía del pacto Molotov-Von Ribbentrop, para luego terminar por combatirlos en la Segunda Guerra Interimperialista aliados a los norteamericanos que, finalizada la misma, se convertirían en sus enemigos mortales durante décadas; y en Argentina, mientras tanto, actuaban bajo las órdenes del antecesor de Magnetto, Spruille Braden, porque había que “combatir al delegado de Hitler en Argentina”, tal la calificación que recibía (injustamente, porque de nazi no tenía, ni tuvo su gobierno, nada, y de fascista menos, era de formación bien liberal) Perón (y que muchos, hoy, igual de imbéciles que los de aquel entonces, siguen repitiendo), en función del monumental equívoco histórico que siempre fue contar que en la mal llamada Segunda Guerra Mundial hubo buenos y malos, y no, como la realidad se encargó de mostrarnos luego (y a riesgo de utilizar el mismo lenguaje básico de los macristas, el único que pueden entender), todos malos.

Algo parecido pasa hoy, fíjense lo bien tratados que son Altamira y Pitrola en los distintos medios del Poder. Ultraneoliberales de la talla de Ernesto Tenembaum y Alfredo Leuco nos quieren hacer creer que fueron alguna vez militantes socialistas, que se reconvirtieron, porque “comprendieron el valor de la democracia de partidos”, en ese oxímoron llamado “liberalismo de izquierda”, y que a la corporación empresarial manejada por sus patrones de AEA sí les interesan, al revés del “falsamente popular gobierno K”, las clases necesitadas, y por eso los tienen en el plantel a ellos, que llevan a sus programas a los dirigentes del Partido SIN Obreros para que nos pongan en vereda sobre las necesidades de hacer la revolución proletaria (elegantemente vestidos, cómodamente sentados en sillones de lujo y en estudios bien refrigerados con aire acondicionado, muy distintas escenas de las que tuvo que soportar el Che en Sierra Maestra), esa para la cual piden la protección de miles de los efectivos policiales que paga el Estado al cual, dicen, quieren aniquilar. Ríos de coherencia, casi tantos como los que corren por la alianza de Margarita Barrientos y Macri.

¿Habrá algún día algún trabajador que diga que tiene algo gracias a lo que hicieron los dirigentes del Partido SIN Obreros? Pregúntense eso antes de inquirir en las “sucias razones” que pueda explicar los masivos apoyos que concita la conducción de Moyano del Movimiento Obrero Organizado. Porque si los trabajadores formales hoy pueden discutir de nuevo sus salarios no es gracias a Altamira ni a Pitrola ni a Ramal. Cuando Moyano, a través de la brillantez de su gente (Recalde) en el Congreso, va al hueso con el proyecto de participación obrera en las ganancias, no se ve saltar a copar la parada por ese beneficio sustancial que recibirían los laburantes, a ninguno de los pendejos que pintan carteles con consginas pelotudas en la facultad de Sociales o Derecho (la única y escasa militancia del PO, de los cuales, claro está, ninguno es obrero, viven, todos, de los padres, putenado contra el sistema desde la comodidad de los Black Berry que utilizan para comunicarse con otras células revolucionarias), ni a ninguno de los que se dedicaron a violentar con piedras, palos y bombas molotov (que conveniente y espontáneamente, claro, llevaban en sus mochilas, ellos están siempre preparados, por si acaso, para tomar por asalto los medios de producción) en Constitución.

Y que quede claro el punto: Si en Clarín hay lugar para que estos tipos se explayen, es porque en esa vocería patronal hay la seguridad de que semejante carretillada de idiotas no van a poner, jamás, el sistema en riesgo, pero sí les permiten mostrarse amplios ante los, como decía Evita, obtusos. A Moyano, en cambio, se le da duro y parejo porque él y la CGT actual sí representan una amenaza de poder real para sus intereses de clase. Ídem para Pino y su lacra, siempre muy preocupados por la payasada de los recursos naturales desde sus diputaciones por uno de los pocos distritos sin ninguno de ellos, y sin mencionar nunca, claro, que habrá de pasar con la inmensa cantidad de obreros que ven en riesgo sus fuentes laborales porque a Proyecto Sur se le ocurre que la verdadera discusión hoy pasa por beber agua pura. Que nadie se extrañe, si Pino no menciona qué hacer con esos trabajadores, no es raro, es lógico, a ellos poco les importa y poco les ha importado siempre la clase obrera. No es su tema, ellos son la cara fresca de la derecha y a otra cosa. Ahí andan, a su vez, el caradura y sinvergüenza de De Gennaro, el sindicalista preferido de la derechosa Iglesia católica (es íntimo del cómplice de asesinos y violadores de niños, monseñor Casaretto), contrasentido si los hay decirse combatiente mientras se es mimado por la Iglesia, visto está que él tampoco jamás le dio nada a sus representados (en cambio la gestión de Yasky es exitosísima en comparación, por eso mismo también Yasky es vilipendiado) y Pablo Micheli, truchador de elecciones igual que lo fueron los conservadores en el siglo XIX. Y sin olvidar que han acompañado todas y cada una de las protestas de las cámaras patronales golpistas sojeras encabezadas por SRA.

Evita seguía su discurso en aquella película hablando de que, si bien es cierto que la lucha obrera empezó, formalmente, antes de Perón, la obra de Alfredo Palacios (un tipo que apoyó todas y cada una de las dictaduras y proscripciones que hubo en este país: A la UCR verdaderamente radical, primero; y al peronismo, más tarde; el único que nunca fue proscripto fue él, que hasta se dio el lujo de ocupar la embajada argentina en Montevideo en representación de los genocidas de la Fusiladora) se reducía a eso, meras formalidades, leyes que existían pero no se cumplían y que Palacios jamás se ocupó de hacer cumplir, porque nunca le interesó nada de eso. Algo similar a Proyecto Sur, que vota a favor de la Ley de Medios pero no moviliza cuando ve como con artimañas e ilegalidades los monopolios comunicacionales buscan complicidades judiciales que la frenen inconstitucionalmente.

Nada de todo esto implica negar que aún existen necesidades sociales muy atendibles, pero hay que tener bien en claro que nadie sino es este Gobierno se pondrá los pantalones en busca de ir a por esas deudas. La salida del kirchnerismo será por derecha, que es lo único que existe como alternativa real de poder al actual oficialismo hoy en Argentina, cualquier cosa está a la derecha de Cristina, y a los tiros. A nadie se le escapa este dato, por eso los últimos incidentes son acompañados por franjas muy minoritarias. Y que apuntan, armados fogoneados como están, a minar la gobernabilidad de CFK, con lo cual lo primero que hace es reconocer que la tiene, vaya paradoja, y a intentar erosionar su inmenso caudal electoral.

Que se acuerden el día de mañana si llega a ganar alguien de la derecha, los únicos en condiciones de hacerlo, la izquierda paleozoica nunca, por suerte, ganará nada en este país, cuando los estén corriendo a tiros de cualquier lado en el que se manifiesten estos revolucionarios de bar de facultad. Así les pasó después de que ayudaron a correr a Perón, y también cuando apoyaron el arribo de Videla. Porque pocos como ellos están operando para que eso ocurra. A bancársela después.

2 comentarios:

  1. Al que tenga dudas sobre lo que puede hacer el PO cuando llega a la conducción sindical, que averigüe por el SOIP aqui en Mar del Plata...

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  2. Son absolutamente lamentables, y tan patéticos que, siendo teóricamente los mayores enemigos del capitalismo, terminan siendo siempre los empleados del mes.
    Un Abrazo Pablo, y mis deseos de muy buenas fiestas para vos y los compañeros que te leen.

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