domingo, 26 de diciembre de 2010

2011

La dinámica de los últimos acontecimientos está atravesada, sino determinada, por el impresionante rendimiento que, en todas las encuestas, serias y no serias, oficialistas y opositoras, viene demostrando CFK (para muestra, un botón: todo lo que viene escribiendo Mariano Grondona desde que murió Néstor, parte del reconocimiento de que, si las elecciones fuesen hoy, las ganaría, tranquila, y sin despeinarse, Cristina).

Problemas que, indiscutiblemente, necesitan abordaje de la gestión (y que nadie mejor que el kirchnerismo podrá resolver), se han convertido en material de construcción política por parte de las corporaciones empresariales, que necesitan la extinción del FPV y su manera de conducir el Estado, que no se subordina a los requerimientos de ninguno de los integrantes del establishment –como sí ocurrió entre 1976 y 2003, y como ocurre hoy con el Grupo A-.

Aquellos que fogonean las últimamente muy violentas reacciones a dichas problemáticas (se repite que ciertas), y que, a la vez, son fogoneados por las vocerías corporativas, en indisoluble vínculo de acción, como solución, son, a la vez y paradójicamente, portadores de la ideología que fue causa principal de los males que aún aquejan a gran parte de la sociedad, y de propuestas que no harían sino recrudecer los mismos. Profecías autocumplidas y el perro se muerde la cola.

La búsqueda es, aunque poco sutil, muy bicha: quiere golpear en uno de los ítems más sensibles a partir de los cuales el kirchnerismo construyó el enorme vínculo de afecto que lo une con gran parte de la sociedad, que se patentizó durante las exequias de Kirchner, y que talló más allá de lo meramente material: el tratamiento no violento de las protestas sociales, en lo que el Gobierno apostó mucho capital político, en especial con la clase media, desde 2003.

La Ley de Medios es el eje ineludible de toda discusión de acá a 2011. La mismísima CSJN decidió que la constitucionalidad, o no, de la misma (esto es, el despliegue pleno del 161), será determinada por el vencedor de las próximas presidenciales: Cristina o Clarín. Clarín necesita la derrota oficialista a los fines de poder triturar la Ley de Medios. O más bien cree necesitarlo, porque, en realidad, ella ha implicado, más que nada, su pérdida del papel de factor objetivo, neutral, portador de verdad única e indiscutible.

Es grave, para Clarín, no entender que su derrota no (sólo) se cuantifica en billetes, y trascenderá más allá de 2011. Ya no son un dato ineludible a la hora de discutir poder, y ese es, seguramente, el dato más saliente del post 125, y que, como dice Hernán Brienza, se consolidará si, como todo indica, Cristina se convierte en la primera persona que gana una presidencial sin el concurso del establishment, el poder real y perpetuo de Argentina.

En base a la pérdida de ascendencia de Clarín, vocero y cabeza decisoria y estratégica máxima del poder fáctico, sobre la opinión pública; y del ascenso, allí mismo y en contraposición, de CFK, las señales de la mayoría de la dirigencia con algún poder (esto es, ninguno de los empleados de Clarín, que creen suplir, con su genuflexión, sus defectos de armado) van en contra de las lecturas que pretenden los editorialistas patronales, que están sacados y quieren vender la imagen de un oficialismo que perdió gobernabilidad y se divide internamente, todo esto a partir de la amplificación de situaciones que ellos mismo crean. Nada más lejos de la realidad.

El Congreso del PJ y Scioli absolutamente alineados con la conducción cristinista. Sabbatella que pide ser opción del FPV. Verna en La Pampa, Reutemann en Santa Fe: todos corren detrás de las faldas de la Presidenta. Y eso es un datazo siendo que el peronismo huele poder como nadie. El PJ antiperonista, excepto Duhalde (y sólo para conspirar, liderar algo propio no puede, mide menos que el P”O”), no tiene más peso que un zócalo alarmista en TN.

Las disputas, para el cristinismo, pasan por otro lado: gestionar, primero; luego, por cómo manejará su armado electoral en un marco de adhesiones bastante heterogéneo, pero sin poder prescindir de nadie, porque las necesidades son diferentes según el territorio, y para ganar elecciones se requiere de todo lo que se pueda sumar, sin hacer asco a nada; y lograr, por último, que la base fuerte de apoyos, el “pejotismo”, se comprometa con el “estilo K”, de ir siempre para adelante sin que le importe la conveniencia, sabiendo que no habrá Cristina más allá de 2015.

En eso se está mientras acabamos de despedir a Papá Noel, pidiéndole Cristina 2011.

2 comentarios:

  1. Muy buen análisis Pablo. Pero no termino de compartir el "se requiere de todo lo que puede sumar, sin hacer asco a nada". Y no estoy poniéndome en purista ni en alma bella...
    Te mando un Abrazo

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  2. Puede que me haya excedido un poco, Sujeto, lo reconozco. Me refiero a que no salga del corral nadie de los que hoy están, a derecha e izquierda. Me parece que los que vienen bancando desde el post 28J09 conforman el óptimo de conformación dirigencial al cual podemos aspirar, y que no sería bueno que se vaya ninguno de todos ellos.

    Felíz navidad y año nuevo, amigo, abrazos.

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